“Vamos por todo”, ¿la nueva tendencia en la política pampeana?

Norberto G. Asquini.
Desde que la mano de la presidenta Cristina Fernández se posó sobre la política pampeana, y sobre la vida interna del PJ provincial, hubo cambios profundos. Y que serán a largo plazo. Hubo una serie de hechos que marcaron toda una nueva etapa: la imposición de los candidatos a diputados nacionales por sobre la conducción del PJ, la renuncia del postulante a la gobernación y la ruptura de la Línea Plural entre el gobernador y su conductor. Todo esto ha dejado profundas huellas en el escenario provincial.
Una de las consecuencias de este proceso ha sido la profundización de la confrontación política interna en el partido gobernante. Se observa, por supuesto, más en la superestructura que en las bases, pero está instalada. La frase “Vamos por todo” que se le escucha decir a varios dirigentes, es parte de este escenario. Por supuesto, tiene el sello kirchnerista de avanzar sobre cualquier estructura o aparato que se interponga con el proyecto nacional de CFK, pero no son los únicos en utilizarla. Los vernistas velan sus armas o golpean desde la Cámara de Diputados al actual gobierno, pero la consigna es la misma. En algún momento dado se dará el choque de dos mundos.

Dos brazos.
La frase se la puede escuchar entre los dirigentes de La Cámpora o en algún intendente “jorgista”. Dos sectores que promueven por un lado el proyecto nacional en La Pampa, pero por otro intentan posicionarse dentro del PJ provincial cada uno a su manera.
Unos, los jefes comunales, enrolados en Compromiso Peronista, son aliados a ese proyecto a través de una línea institucional -gobernador, intendentes, legisladores nacionales- y tienen un proyecto provincial propio bajo el paraguas de CFK. Los otros, La Cámpora y otras agrupaciones K, hacen hincapié en “la militancia” y la profundización del kirchnerismo con sus propuestas de avanzada y una mirada más nacional. También hacen hincapié en una agenda de vanguardia legislativa y en la acción, a diferencia del acompañamiento a la Casa Rosada y a la gestión diaria.

Colaboración, competencia.
Entre ambos sectores hay colaboración, en el marco de una estrategia que los une frente al vernismo y al marinismo, pero a la vez se da una competencia para posicionarse. La visita durante el lunes pasado del vicepresidente Amado Boudou y los tironeos entre dirigentes para “apropiárselo” o al menos tener una mínima charla hablan de esa tensión. Hasta dentro de las agrupaciones K se da esa tirantez, como ocurrió con un acto en General Pico, donde La Cámpora lo monopolizó por encima de otras organizaciones, lo que provocó malestar al resto. Por eso cada nuevo encuentro despierta suspicacias.

Desplazados.
El “Vamos por todo” es también casi una consigna epocal. En cierto sentido, marca una distancia entre la “nueva” política dentro del PJ y la “vieja” -esto visto desde el lado de los “jorgistas” y kirchneristas, por supuesto-. El límite que marcan, por ejemplo, el intendente santarroseño Luis Larrañaga o los diputados camporistas, es el avanzar contra las “viejas” estructuras: marinistas y vernistas, y sus aliados.
Que Larrañaga quiera pelear a los “aparatos” el Consejo de Unidades Básica de la capital o los camporistas desalojen a los marinistas de los organismos nacionales en la provincia para ocuparlos con su gente, entra dentro de esta lógica. Una estructura busca desplazar a la otra e imponerse.
En esa diferenciación también hablan de la construcción de una política más “horizontal” que “vertical”. Pero además parece marcarse en lo discursivo una diferencia respecto a sus rivales internos desde el punto de vista generacional y, si se quiere, ideológico.

Desde el otro lado.
Esta tendencia a un choque casi de “suma cero” también es observado por quienes están en la vereda de enfrente. Ya sean vernistas, marinistas, lezcanistas o robledistas, los que quedan fuera de la visión del “Vamos por todo” parecen ser empujados hacia el mismo rincón. Algunos afirman que ante la postura a ultranza de los “jorgistas” o camporistas, ellos tienen una lógica de acordar antes que de confrontar y del uso de otras metodologías a la hora de la construcción política. Hasta consideran las posturas de los K como facciosas por su falta de transigencia.
Por supuesto, el “Vamos por todo” no es nuevo entre estos sectores. Cuando la Línea Plural, y el gobernador Carlos Verna, disputaron a fondo el poder dentro del PJ con el marinismo, la lógica de la exclusión se privilegió por sobre la de cualquier acuerdo. La lucha fue feroz y llegó a las bases, aunque algunos prefieran no recordarla. Hasta que Verna no propuso sorpresivamente a Rubén Marín como presidente del PJ la lucha fue planteada casi a vida o muerte. Muy diferente a la lógica aplicada por Marín en los 90, cuando hegemonizaba el poder dentro del PJ y subordinaba a los más díscolos con un lugar dentro de su estructura. Con sus pro y sus contra en cuanto a la democracia interna del partido.

En lo institucional.
Pero el “Vamos por todo” también es aplicable a la forma más visible en que se da el conflicto institucional y discursivo: el del gobernador Oscar Jorge frente a los diputados provinciales del vernismo. En la puja de las diferentes agendas entre ambos, en la imposición de proyectos que disputan visiones diferentes de cómo gobernar, se está dando una pelea que se profundiza con cada palabra dicha. Tanto en los hechos como en lo discursivo. La personalización de la disputa mediática entre el mandatario -o alguno de sus funcionarios- con un diputado provincial no sólo tiene como blanco a un legislador en particular, sino también a todo un sector que observa representado en él.