Venezuela: muchos negocios tras el golpe

SERVICIOS DE INTELIGENCIA, GOBIERNOS DOCILES, CORTINAS DE HUMO

La derecha venezolana está a la búsqueda de un Pinochet que incline a las fuerzas armadas al golpismo. Trump quiere el petróleo y esconder su propia crisis.
ARAM AHARONIAN*
La autoproclamación de Juan Guaidó como “presidente encargado” de Venezuela y su inmediato reconocimiento por el gobierno de Donald Trump y otros países constituye el inicio de una injerencia mayor, orientada a provocar una confrontación de gran escala entre venezolanos. Al gobierno de Trump le sirve como cortina de humo para invisibilizar el cierre de la administración que ya cumplió un mes y dejó sin salarios a más de 800 mil funcionarios y también como excusa para apropiarse del petróleo venezolano. En este contexto el gobierno ruso reiteró su respaldo a Maduro y advirtió que una intervención militar extranjera sería “una vía directa hacia la anarquía y el baño de sangre”.
Con la autoproclamación, según algunos analistas, quedó declarado el golpe de Estado, pero la pregunta es cómo harán para materializarlo, es decir quitar por la fuerza a Nicolás Maduro, cuando no se vislumbra la construcción de una correlación de fuerzas suficiente, máxime cuando las Fuerzas Armadas respaldan al gobierno legal. Los hilos de un gobierno transicional están en manos de alguien que hasta el 5 de enero era desconocido, y asumió la presidencia de la Asamblea Nacional por la casualidad de rotación de partidos. ¿Desde dónde gobernará este presidente virtual? ¿Desde Washington?

Es el petróleo.
La aventura injerencista estadounidense fue coordinada con gobiernos totalmente alineados con Washington, como los de Colombia, Brasil y Argentina. “No queremos una América bolivariana. La izquierda no prevalecerá en esta región”, dijo Jair Bolsonaro en el Foro de Davos. A estas actitudes cómplice se suman otras cuerdas, como las de la Unión Europea y de México y Uruguay, y otro centenar de naciones. México y Uruguay exhortaron a reducir las tensiones, a evitar una escalada de violencia, a encontrar una solución pacífica y democrática y a emprender un nuevo proceso de negociación.
La decisión de Trump de reconocer a Juan Guaidó le puede quita los activos de Venezuela en ese país al gobierno legítimo de Maduro, y también que el pago por el petróleo no sea cobrado por Pdvsa, señalan economistas opositores. El control de Citgo, la empresa que Pdvsa tiene en EE.UU., podría pasar a manos de Juan Guaidó, por lo que Petróleos de Venezuela tendría que buscar dónde colocar el crudo que procesa en esas refinerías. Hoy, EE.UU., es el mejor cliente que tiene Pdvsa. Además Trump podría imponer nuevas sanciones como la restricción de las importaciones de petróleo venezolano o incluso una prohibición total.

Infaltables servicios.
Durante los últimos meses los servicios de inteligencia de EE.UU., Israel, Brasil y Argentina, coordinaron las formas de fracturar el gobierno venezolano, a través de un movimiento concertado con el Grupo Lima. La meta, forzar una transición que estaba paralizada por la ausencia de un líder opositor que pudiera enfrentar al gobierno y erosionar su frente militar.
Guaidó era el engranaje que faltaba: hijo de militares, educado en Washington y perteneciente a un partido (Voluntad Popular) que en 2014 y 2017 demostró tener capacidad para imponer terror callejero y conducir una ofensiva contra Maduro. Pero el plan estadounidense no se completó, por ahora. Macri reconoció a Guaidó como presidente interino, pero no rompió relaciones con Venezuela, y por ende sigue reconociendo a Maduro. La estrategia consiste en mantener el statu quo (dos presidentes) y lograr hacia adelante que el frente militar se rompa y que acepte respaldar una transición encabezada por Guaidó.
Trump tiene un enorme problema interno y busca una cortina de humo para ocultar su grave crisis doméstica. Una guerra de baja intensidad en Venezuela sería ideal para su estrategia. Lo que no ha logrado es que una facción castrense marche sobre el Palacio de Miraflores. Pero lo cierto es que difícilmente haya un solo presidente de América Latina que apoye un golpe contra Maduro liderado por marines norteamericanos con órdenes expresas o secretas de la Casa Blanca.
Después de un mes, el cierre del gobierno de EE.UU. ha significado el estancamiento de financiamiento más largo en la historia del país y ha dejado sin salarios a más de 800 mil funcionarios, y hay pocas posibilidades de que Trump y los demócratas del Congreso acuerden resolver la crisis en el corto plazo. El presidente reclama 5.700 millones de dólares para construir el muro en la frontera con México -su promesa de 2016- y para imponer sus deseos paralizó el país.

¿Lo que vendrá?
El chavismo se encuentra ante la pregunta de cómo enfrentar esa avanzada que busca quebrar las Fuerzas Armadas, promover zonas de conflicto para justificar acciones de fuerza -el factor Colombia resulta central-, colapsar la economía, y empujar a la población a enfrentamientos civiles. Junto a eso existe la necesidad de no caer en las provocaciones de la derecha que, a diferencia del año 2017, ha comenzado a llevar el conflicto a los barrios populares. Se espera un despliegue de violencia que irá tocando diferentes puntos del territorio, un asedio armado a pueblos, barriadas, presentado como pacífico, trabajado con gran poder de rumores a través de las redes sociales.
Otra cuestión es la Asamblea Nacional. Ha sido declarada ilegal por el Tribunal Supremo de Justicia, pero ¿cómo actuar ante la declaración del gobierno paralelo que es una declaración de guerra? Venezuela ha entrado en una fase que no parecería tener punto de retorno. El plan anunciado por Guaidó, dirigido desde EE.UU. solo puede materializarse a través de la violencia. ¿Podrá la derecha mantener un conflicto de estas características por un tiempo prolongado? El 2017 demostró que la violencia prolongada puede perder legitimidad y aislar al golpismo. Es el tercer asalto violento en cinco años y piensan poder imponerse con apoyo internacional. Es la búsqueda de un Pinochet que incline a las fuerzas armadas al golpismo y la represión.
No hay que olvidar el desgaste producido por la grave crisis económica y social que Maduro no ha podido solucionar. Pero tampoco se puede subestimar al pueblo chavista. (Extractado de Nodal).

*Periodista uruguayo. Fundador de Telesur. Preside la Fundación para la Integración Latinoamericana (FILA) y dirige el Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE).