Venezuela ya tenía problemas y ahora hay crisis institucional

MADURO SE APOYA EN TRABAJADORES Y FUERZA ARMADA BOLIVARIANA

Venezuela atraviesa una situación difícil, en buena medida aguijoneada por la labor destructiva de la oposición interna y Washington. Eso repercute en la economía y ahora también a nivel institucional. El Legislativo, en offside.
EMILIO MARÍN
En aquel estado crítico no puede faltar un análisis de los errores y carencias del oficialismo, que también han pesado en el derrape que lo llevó a la derrota en las legislativas del 6 de diciembre.
El Gran Polo Patriótico (GPP) que lidera el PSUV de Nicolás Maduro sufrió un traspié frente a la Mesa de Unidad Democrática por unos 2.2 millones de votos, más de 15 por ciento de diferencia.
Eso determinó que la composición de la Asamblea Nacional variara sustancialmente su composición. Antes el gobierno tenía una clara mayoría de 100 legisladores, que ahora bajó a 55, en tanto los socios de la MUD, que estaban en minoría, llegaron a 112 bancas, alcanzando dos tercios, sobre el total de 167 de dicha Asamblea.
Ese resultado tuvo mucho que ver con la explotación desenfrenada de la derecha de una situación económico social, donde la labor del gobierno parece aplazada, tales como inflación, desabastecimiento, caída del PBI, etc.
Esos renglones presentaron en 2015 resultados desalentadores, como una caída de la economía del 10 por ciento, una inflación del 200 por ciento que los especialistas opositores agrandaron hasta el 270 y un ocultamiento de productos que lleva al faltante, incluso medicamentos, o bien a conseguirlos tras unas colas y esperas exasperantes.
¿Dónde está el contrabando ideológico de la MUD y de la gran patronal y medios privados de comunicación que actúan como un mismo bando político?
En que todos esos desaguisados se los atribuyen cien por ciento al gobierno, cuando su responsabilidad es inferior. Por ejemplo, si el dueño de las cadenas alimenticias Polar, privado, desabastece y especula, la culpa no es gubernamental sino de ese empresario privado. Pero la MUD y los medios privados le achacan todo a Maduro…
Esa oposición oculta todo cuanto puede un factor objetivo: la baja del precio del petróleo, principal producto de la economía. Entre 2013 y 2014 el barril de crudo cotizaba a 98 dólares; ahora bajó a 34 y sigue en baja. Esto impactó duro en las finanzas del Estado, en su capacidad de financiación y de compra, lo que resulta más gravoso en una economía que no está diversificada como debería estarlo a 17 años de la revolución bolivariana de Hugo Chávez.
La operación derechista buscó silenciar los logros bolivarianos, con cierto éxito visto el voto mayoritario para la oposición. Es como si los electores no hubieran valorado que en estos años se bajó la pobreza del 70 al 24 por ciento, que se terminara el analfabetismo y se construyera, hasta fines de 2015, un millón de viviendas populares. Oportunista a más no poder, la oposición ahora reclama que a ese millón se le entregue la escritura, aunque todavía queden muchas cuotas por pagar…

Problemas políticos.
Aquella forma de negar los avances del gobierno no fue original porque en Argentina se vivió un proceso parecido, con el desconocimiento que impulsó Mauricio Macri y Clarín en la conciencia de muchos votantes, sobre los logros de los doce años de kirchnerismo.
En el caso de Venezuela, ya antes de asumir la nueva Asamblea Nacional dominada por la MUD, el 5 de enero pasado, se habían lanzado las primeras líneas de confrontación con el presidencial Palacio de Miraflores y la parte de la población que se mantuvo leal al chavismo. Henry Ramos Allup, de Acción Democrática, nuevo titular del cuerpo; Jesús Torrealba, coordinador de la MUD, e incluso, aunque en tono algo menos beligerante, Henrique Capriles, el ex candidato presidencial del sector y gobernador del estado de Miranda, le pusieron al gobierno de Maduro una daga al cuello.
Lo conminaron a aceptar la agenda opositora, comenzando por una ley de amnistía para los “presos políticos” (que Chávez siempre presentó como “políticos presos”) que la Asamblea estaba a punto de alumbrar. O caso contrario, en un plazo no mayor de seis meses, la oposición presentaría su plan para cambiar el gobierno mediante alternativas varias: convocatoria a elecciones constituyentes, llamamiento a un plebiscito revocatorio del mandato de Maduro, etc.
En el fondo no hay demasiada diferencia entre la táctica opositora virulenta de hoy y la que esgrimía la mayoría de la MUD (exceptuado Capriles) en 2014, con el sentido golpista del grupo de Leopoldo López, Corina Machado y Antonio Ledezma. Ese plan se llamaba “La Salida”, en obvia referencia a echar a Maduro de Miraflores y promovió “guarimbas” o violencia callejera que ese año dejaron 43 muertos y 80 heridos.
López fue condenado a casi 14 años de prisión y está alojado en el penal de Ramo Verde, Machado fue desaforada de su banca y Ledezma está con detención domiciliaria alegando cuestiones de salud. Otro ex alcalde está también arrestado en su casa.
La derecha venezolana, con apoyo de Macri a nivel del Mercosur, reclamó la libertad de esos “presos políticos” y amenazó con sanciones en ese ámbito para Venezuela en caso que López y los demás reos no sean liberados. Incluso sus propagandistas mediáticos, caso de Daniel Lozano, que escribe desde Caracas para “La Nación”, ha presentado las cosas como que Venezuela sería más dictadura que Cuba, pues tiene 76 presos (11 con detención domiciliaria) en tanto la isla tendría 60. De esos presos, con causas y condenas, se ocupan muchísimo, pero de los millones de presos que hay en cárceles estadounidenses, sobre todo afroamericanos, y del más del centenar que desde 2002 y hasta hoy habitan a la fuerza en la cárcel ilegal de Guantánamo, no dicen ni mu.

Lío institucional.
Según la votación del 6D, a la MUD le correspondían 112 bancas en la Asamblea Nacional y al GPP 55. Sin embargo el oficialismo denunció graves irregularidades en la votación de Amazonas, sur del país, por lo que la Sala Electoral del Tribunal Supremo de Justicia falló del 31 de diciembre que 4 legisladores de allí no fueran incorporados a la Asamblea. Eran 3 de la oposición, Julio Ygarza, Nirma Guarulla y Romel Guzamana, y uno del oficialismo, que aceptó la suspensión. Los otros tres, con el aval de Ramos Allup, juraron sus cargos el 6 de enero, al día siguiente que los demás legisladores.
En consecuencia la bancada bolivariana impugnó ese juramento y el Tribunal Supremo le dio la razón al oficialismo, conminando a las autoridades legislativas a desincorporar al terceto bajo cargo de nulidad de todas las leyes que aprobara el Legislativo desde el 6 de enero en adelante.
La oposición primero se negó a obedecer los fallos de la máxima instancia electoral y judicial de Venezuela. En parte porque creía estar en posición de fuerza como para pasar arriba de esas “nimiedades” legales (otro parecido con el macrismo) y en parte también porque si perdían esos tres votos quedarían privados de la mayoría calificada como para aprobar leyes importantes e intentar poner fin al mandato de Maduro, que recién fenece en 2019.
Ayer la Asamblea Nacional deliberaba sobre si acatar o no el fallo del Tribunal Supremo de Justicia. En principio parecía que iba a terminar aceptándolo, incluso los tres legisladores pidieron ser dados de baja por el momento para poder defenderse judicialmente. Ramos Allup y sus laderos parecían haber comprendido que estaban arrostrando un costo muy grande, en caso de nulidad de las leyes que votaran con una composición fulminada por la justicia.
Su cálculo oportunista fue: “como bajamos de 167 a 164, de todos modos con 109 seguimos teniendo dos tercios”. Esto es muy discutible, porque esa mayoría calificada se calcula sobre el total de bancas, o sea 167. Esto sumará más confusión política e institucional.
El presidente de la República tiene previsto rendir en la Asamblea el viernes 15 un informe anual de lo actuado en 2015. Y no estaba dispuesto a hacerlo en ese recinto con la composición impugnada por la justicia, por lo que pidió aclaración a ésta. Y el TSJ, como quedó dicho, ratificó su resolución de que los tres diputados opositores deben ser apartados.
La idea de la oposición es tenderle una emboscada a Maduro en su comparecencia de mañana, aunque ha hablado de “urbanidad cívica y política”. La forma como arrojó los cuadros de Simón Bolívar y Hugo Chávez fuera de ese recinto da una idea del revanchismo que la anima.
Maduro resiste y se apoya en tres factores positivos.
Uno, es la relación con la clase trabajadora y el pueblo. Acaba de aprobar el convenio laboral para 83.000 petroleros que laboran en Pdvsa, con un aumento salarial de 143 por ciento. Y, como quedó dicho, entregó la vivienda popular número un millón.
El otro sostén es la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, con cuyos mandos se reunió el presidente para luego declarar “cuento con la FANB para las grandes tareas de la paz, de la estabilidad y del desarrollo”.
El tercer apoyo son los países del ALBA, que anteayer desagraviaron a Bolívar y Chávez, ofendidos por la MUD. Así se expresaron los embajadores en Caracas de Cuba, Bolivia, Nicaragua, Dominica, Ecuador, San Vicente y las Granadinas, Antigua y Barbuda, Santa Lucía, San Cristóbal y Nieves y Granada.
¿Le alcanzará con eso a Maduro para sortear el momento más crítico de su gestión iniciada en 2013?