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Venta a precio vil

Para un accionar “bajo o despreciable, indigno, torpe o infame”, el diccionario del idioma español tiene una palabra terminante: vil. Tal es el calificativo que el Tribunal Oral Federal 2 aplicó al precio con el cual el expresidente Carlos Menem y su entonces ministro Domingo Cavallo vendieron una propiedad de la Nación a la Sociedad Rural Argentina. Además el procedimiento fue considerado como “de mecanismo dudoso”, expresión que, en buen romance, tiene un significado muy claro: negociado.
Las penas dictadas ambos parecen leves con relación a semejante daño contra el patrimonio nacional, estimado en unos cien millones de dólares, y la propia investidura que ostentaban al momento de concretarse el acto. Por otra parte son de dudosa concreción a causa de las seguras apelaciones y fueros que tienen los reos. Luce bien, en cambio, la inhabilitación de por vida aplicada a ambos para ejercer cargos públicos.
También levanta sospechas el tiempo -27 años- que se tomó la Justicia para resolver este acto delictivo que consistió en ceder esos terrenos -el predio ferial de Palermo- por la quinta parte de su valor real y con la sola firma de un decreto presidencial pues se obvió el paso que exige la ley: la intervención del Congreso de la Nación. Además, las tasaciones ruinosas que avalaron la operación fueron llevadas a cabo por dos bancos oficiales: Ciudad e Hipotecario.
¿Se aplicará el mecanismo de extinción de dominio que tanto defiende el macrismo, incluso sin esperar la condena firme de un tribunal? ¿El mismo afán persecutorio que muestran las huestes oficialistas cuando embisten contra exfuncionarios del gobierno anterior, se verá ahora contra los representantes de la Sociedad Rural? ¿Le exigirán la inmediata restitución de un bien adquirido en forma fraudulenta en perjuicio del Estado nacional?
Hasta ahora hay solo silencio, y se entiende perfectamente: para un gobierno de CEOs una cosa son los delitos de cuello blanco y otra muy distinta los que comete la “grasa militante”.