¿Viajar en ómnibus será un lujo?

A pocas horas de tratarse el Presupuesto 2019 en el Congreso de la Nación saltó el problema del subsidio al transporte en Santa Rosa. Una solicitada de la empresa que presta el servicio de ómnibus urbanos alertó sobre la pinza que se cierne sobre la tarifa: por un lado el gran incremento de los costos producto de una escalada inflacionaria como hace décadas no se sufría en el país y por el otro el anuncio del gobierno nacional de quitarle a las provincias los subsidios, entre ellos el correspondiente al transporte. Voceros de la compañía estimaron que el valor del boleto debería ubicarse en alrededor de un dólar -más del doble del precio actual- para cubrir sus costos lo cual sembró mucha intranquilidad en los usuarios.
El gobierno pampeano ya advirtió que no está en condiciones de asumir el esfuerzo financiero de cubrir las espaldas a Nación si ésta deja de enviar los recursos para el subsidio. No es una excepción pues exactamente lo mismo advirtieron casi todos los gobernadores. En tanto desde la comuna santarroseña -aliada política del gobierno nacional- se intentó poner paños fríos y se habló de “evaluar alternativas”, aunque éstas puedan significar la modificación de frecuencias y recorridos.
El duro plan de ajuste que decidió implementar el gobierno nacional, bajo la férrea mirada del Fondo Monetario Internacional que en la práctica asumió la conducción económica del país, está generando estas situaciones de gran tensión social. Si hasta ahora Nación venía retirándose de muchas de sus obligaciones financieras para con las provincias, hoy esa tendencia se está profundizando. Los subsidios a las otras tarifas, los envíos para contener el crecimiento de la demanda social, el corte total a la obra pública sumarán sus efectos perniciosos ante un panorama de estados provinciales que ya vienen con severos problemas en sus cajas.
Por tal motivo la atención está puesta ahora en la discusión del Presupuesto para el año próximo que será el que determine la profundidad al que llegará el recorte del gasto público. Con dos metas inusualmente severas: déficit fiscal cero y emisión monetaria nula no son pocos los economistas -incluso muchos cercanos al gobierno- que anticipan un recrudecimento de la recesión. Todo sea para pagar la exorbitante deuda que contrajo el gobierno, la cual ni siquiera sirvió para alentar un incipiente desarrollo pues se consumió casi en su totalidad en la bicicleta financiera que promovió una fuga de divisas como nunca antes padeció el país.
Ese festival de derroche insensato, provocado por la obediencia ciega a un dogma económico que ya no se aplica ni en los países más liberales, será pagado por los que pagan siempre: las clases medias y los más humildes. Ahí vuelve a apuntar el macrismo, siguiendo la misma tradición que cultivara antes el menemismo y el delarruismo y, antes todavía, la primera experiencia neoliberal que sufriera nuestro país bajo las botas de la última dictadura. Tres momentos históricos diferentes aunque marcados con un mismo signo económico y, desde luego, con las mismas consecuencias para las mayorías populares.