Viajera de una antigua y muy transitada ruta

Señor Director:
El viaje de Haneen Nasser, desde Latakia a Parera, repite un recorrido de tránsito secular.
Los sirios y otros inmigrantes árabes desde Medio Oriente a nuestro país han estado llegando desde hace más de un siglo. Estas personas, de lengua árabe y religión islámica, se hallan distribuidas en todo el territorio argentino. Todavía hay quienes les dicen “turcos” porque su lugar en Medio Oriente era parte del imperio bizantino, que abarcaba tierras de Europa, Asia y Medio Oriente. Por eso llegaron con documentación turca, siendo que los turcos proceden de las profundidades de Asia y los árabes tienen origen en uno de los grupos semitas que poblaron Medio Oriente y que se hicieron más notorios desde la predicación de Mahoma y la formidable expansión de este pueblo y de su religión por sectores de Asia, Medio Oriente, norte de África y Europa. Se recordará que estuvieron asentados durante ocho siglos en territorios de la península hispánica y que a eso se debe que la sangre árabe ingresara en el caudal de herencias genéticas que vino a poblar esta parte del mundo.
La población de donde partió Haneen, Latakia, está sobre la costa del Mediterráneo Oriental, casi frente a la isla de Chipre. Ese territorio, montañoso, fue ocupado desde principios del tercer milenio antes de nuestra era (hace unos cinco mil años) por un grupo semita procedente de Canaán: los fenicios. El territorio fenicio fue la costa mediterránea desde el río Orontes, al norte, hasta la bahía de Haifa, de modo que ocupaba tierras que actualmente son partes de Israel, Siria y Líbano. Lo áspero del territorio volcó a los fenicios al mar. Cada lugar apropiado fue un puerto y una de sus ciudades, entre ellas Tiro, Sidón y Biblos. Estos fenicios navegaron todo el Mediterráneo, pasaron más allá de Gibraltar, hasta el Atlántico, llegaron a las islas británicas y estuvieron largamente asentados en un sector de la actual España. Más tarde crearían la ciudad estado de Cartago, que compitió con Roma y dio lugar a la epopeya de Aníbal, un genio militar cartaginés que avanzó hacia Roma desde España, pasó los Alpes y llevó la guerra a una parte del actual territorio de Italia. Más tarde Roma conquistaría Cartago y la destruiría para reconstruirla. En Cartago se había desarrollado el trágico amor de su reina y la de Eneas, el príncipe troyano que, a la caída de su patria (Troya o Ilion), partió hacia Occidente y fundó Roma, aparte de motivar la Eneida, de Virgilio (siglo I a C.). Los fenicios comunicaron los centros de civilización desarrollados en gran parte del mundo antiguo. Usaron para hacer sus naves los afamados cedros del Líbano. Cultivaron la poca tierra laborable hasta la ladera de las montañas y produjeron un vino estimado, cerámica, joyas, perfumes y cosméticos. Legaron también su alfabeto, muy práctico, base del nuestro actual.
Haneen viene desde esas tierras de mar y montañas que ahora son parte de Siria (su nacionalidad), una nación árabe, musulmana (mayoría de sunnitas), poblada desde muy antiguo y cuna de varias culturas, como todo Oriente Medio. Fue dominada por los egipcios, por Asiria, por Babilonia, por Persia, por Grecia (Alejandro Magno), por Roma, por los turcos, por ingleses, por Francia… hasta su independencia, reconocida por Naciones Unidas en 1946. Está en guerra desde prácticamente 2010, con intrusiones de fuerzas militares del mundo árabe, Europa y América. Es una contienda interminable que hasta ha destruido ruinas de muy antiguas civilizaciones.
Haneen es portadora sana de toda esa historia y llega a un pueblo, el nuestro, que también tiene esa procedencia del llamado viejo mundo, sumada a los aborígenes que no sabemos a ciencia cierta cuándo ni cómo llegaron, por cierto mucho antes que Colón, con sus aportes de culturas asiáticas y del inmenso Pacífico. Nos reencontramos con nuestra historia y le damos la bienvenida.
Atentamente:
Jotavé

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