Vida conventual y a la vez premio a mujeres

Señor Director:
Cuando se piensa el desarrollo de la sociedad humana y el proceso cultural que lo acompaña, puede esperarse que haya sincronía en el desarrollo del acontecimiento. Ciertos hechos vienen a mostrar que si bien existe una tendencia dominante, no todo marcha con el mismo paso.
En estos días se ha comenzado a desarrollar en Entre Ríos un proceso judicial que afecta al convento de carmelitas descalzas de Nogoyá. La superiora, Luisa Toledo, de 63 años de edad, está imputada por “privación ilegítima de la libertad y reducción a la servidumbre”. Interviene en el caso la justicia federal, cuyo fiscal dispuso un allanamiento del convento. Allí secuestró látigos, cilicios y otros instrumentos utilizados para la flagelación y, en casos, la autoflagelación de las mujeres de esa congregación. El cilicio es “una faja de cerdas o de cadenillas de hierro con puntas, ceñidas al cuerpo, junto a la carne, que para mortificación usan algunas personas”, según la RAE. La información que procede de Entre Ríos dice que se usa para colocarlo entre las piernas y en partes íntimas a fin de que quien se somete o es sometido a esta acción no pueda eludir la mortificación. Por lo que se denuncia, en ese convento no siempre se trataba de acciones voluntarias, sino ordenadas e impuestas, lo que, por otra parte, confirmaría lo que decía María Moliner acerca del diccionario de la RAE: que esta institución condiciona ciertas acepciones a creencias ajenas al lenguaje. En este caso se limita a decir que lo “usan algunas personas”, como si siempre fuese voluntario. Pienso que en algún momento los latigazos que recibía el esclavo eran descriptos de tal manera: que algunos esclavos “usaban” esa llamativa práctica.
Por lo que trasciende del caso, dos de las monjas que vivieron esa experiencia y pudieron retirarse, fueron quienes avalaron la denuncia, que inicialmente fue formulada desde un órgano de prensa. Las dos antiguas internas confirmaron la denuncia ante la fiscalía. En sus declaraciones aportaron detalles sobre cómo es el vivir adentro de ese lugar. El allanamiento habría aportado elementos materiales de prueba de tal denuncia. La superiora intentó oponerse a la entrada de personal judicial y policial, pero finalmente la puerta fue forzada. Se dice que las mujeres que se hallan en dicho convento son todas mayores de edad y han llegado al lugar por su voluntad.
Lo que anticipa el título de esta nota se debe a que en los medios de prensa de estos días también se ha podido leer que la Fundación Konex, que premia anualmente actividades encaminadas a mejorar la convivencia en la sociedad argentina, ha terminado por instituir el Konex a la disciplina “estudios de género”. Cinco mujeres que desde hace años sobresalen en la lucha por la igualdad social femenina recibirán esta distinción el próximo martes. Son ellas Celia Coria, psicóloga; Dora Barrancos, socióloga; María Luisa Femenías, doctora en Filosofía; Eva Giberti, psicoanalista, y Diana Maffia, quien actualmente dirige el Observatorio de Género de la Justicia, en la CABA. Toda ellas se han distinguido al enlazar el ejercicio de su profesión con la denuncia de lo que ahora se llama delitos de género y también en el esfuerzo por fundamentar esta empresa y asistir a las víctimas de tal estado de cosas. Algunos medios no dejan de hacer notar que la Konex ha tardado muchos años para llegar al reconocimiento de una situación social que da lugar a hechos que ya se configuran como delitos. Que las víctimas de femicidio (caso extremo, pero frecuente) lo “usan” vaya a saber por qué necesidad de mortificación.
Otra mujer ha sido destacada en estos días. Le llamaban Teresa de Calcuta y ha sido reconocida por el papa en la condición de santidad. Teresa había sido beatificada en 2003. Murió en 1997 en Calcuta, cuando ya había recibido el reconocimiento laico con el premio Nobel de la Paz en 1979.
Atentamente:
Jotavé