Vivir a crédito es durar y engordar en la espera

El título y el tema de esta dominical resultan de haberse sabido que la humanidad ha entrado en déficit con respecto a la capacidad del planeta para proveerle recursos vitales y que la población parece estar repitiendo circunstancias del milenio en cuanto a su comportamiento.
Con respecto a lo que se conoce como el milenio, es decir, lo que se temía sucediese en vísperas o al comenzar el siglo XI d.C., hay relatos que dan idea de que la humanidad entró en estado de pánico y esperaba el final. Al parecer, se partía de lo que se atribuye al apóstol Juan. Dice éste que mil años después de Jesús, el diablo lograría escapar del abismo en que había sido encerrado por un ángel y se dedicaría a sembrar desolación en la tierra.
Las noticias de los sucesos de ese milenio han llegado fuertemente exageradas. Parece que, a lo más, pudo haber algunos suicidios relacionados con esa interpretación del Evangelio. Todavía en nuestro tiempo la gente que pierde el seso, que enloquece, suele hallar en esa creencia un motivo para suicidarse. Se cita al Evangelio según San Juan como causa de los desvaríos de entonces, pero esas creencias aparecen en todas las culturas con rasgos muy semejantes en su fondo. Puede pensarse que esa constancia estaría comunicando algo acerca de nuestra índole (la humana). El relato histórico da materia suficiente para entrar en la inquietante duda acerca de si no seremos el diablo, ya que en capacidad para generar destrucción, mediante guerras, homicidios, desigualdades e injusticias que son causa de hambre, da argumento suficiente para considerar esta inquietante sospecha. No sería que el Malo anda ideando nuestro mal sino que moraría en nuestros genes o que seríamos nosotros sus criaturas o su disfraz.

Déficit.
La primera de las noticias mencionadas arriba aparece en un informe dado en los últimos días de agosto en Ginebra por la Ong Global Foodprint y dice que desde el reciente día 22 de ese mes, la humanidad toda “vive a crédito”, según la frase que ideó un comunicador. Quiere decir que en los primeros ocho meses del año hemos consumido todo lo que el planeta puede producir en un año entero.
Este déficit se mide al comparar el total de producciones que se pueden obtener actualmente del planeta en un año, y el consumo de esos elementos, en todo el mundo. O sea, que consumimos más de lo que la Tierra (y nuestras técnicas e industrias) pueden proveer. La organización ya venía advirtiendo que la relación se estaba invirtiendo negativamente desde que inició esa medición (en 2003). Desde la década del ’70 (1970) vivimos por encima de los medios y lo peor es que ese déficit crece año a año. El pasado 22 de agosto se agotaron los recursos 36 días antes de cumplirse el año.
La citada ONG compara la biocapacidad del planeta con la suma del consumo de cada país. Pronto tendremos necesidad de medio planeta más.
¿Será ése el motor del empeño por localizar otros planetas habitables? ¿O será que el diablo que seríamos ha encontrado la vuelta para arruinarle la creación a su eterno rival?

Pesados.
La otra noticia la da el argentino Bernardo Kliksberg, alguien a quien conviene conocer y frecuentar. Es catedrático en la UBA, doctor en Economía. Creó la “gerencia social”, se lo reconoce como pionero de la ética del desarrollo, a partir de trabajos sobre la responsabilidad empresaria. Publica estudios sobre la pobreza.
En un artículo reciente (en P/12) se ocupa de la obesidad. Da los datos más o menos conocidos, para mostrar que es constante el aumento de la proporción de gordos y muy gordos. Los datos de los Estados Unidos son frecuentes en la prensa, pero Kliksberg revela un detalle: la obesidad crece más entre las personas de menos recursos y los niños. La comida más accesible es la que tiene mayor cantidad de elementos que influyen en el peso. En EE.UU. los mayores índices y el mayor crecimiento anual se dan entre los latinos y, en general, grupos de trabajadores de baja remuneración. Y dice más: allí han fracasado hasta ahora las campañas para reducir la comida “basura”, abundante en grasas sobresaturadas y favorecer el consumo de frutas y verduras. También se ha resistido, en nombre de la “libertad”, el intento del alcalde de Nueva York por reducir las bebidas dulces y gaseosas. Tampoco prosperan proyectos para limitar la publicidad. A veces se oponen los gobernantes pues, como en el caso de la minería a cielo abierto, ellos buscan el rédito inmediato. Y “el que venga atrás, que arree”.
Dice mucho más Kliksberg acerca de este engorde para el matadero. Recuerda que, en el caso del tabaco, costó, pero se han hecho avances. Es razonable pensar que este hombre ha extirpado (o controlado) su porción satánica.
Jotavé