Voto electrónico y los recelos a que da lugar

Señor Director:
La posibilidad de que se implemente el voto electrónico para las elecciones legislativas de 2017 se debate en el Congreso.
Estoy lejos de ser experto en electrónica y se puede decir que me muevo a ciegas en el uso de la computadora. En consecuencia para este debate sólo cuento con lo que dicen los expertos no comprometidos (con empresas proveedora) y lo que han estado haciendo algunas naciones con mucho saber y experiencia. La suma de todo esto me lleva a tener reservas acerca de la generalización del sistema, no obstante reconocer las ventajas más aparentes, sobre todo la celeridad con que se conocen los resultados.
La Fundación Vida Libre, nacional, cuenta con personas que se han especializado en el estudio de este tema. Una de esas personas es Beatriz Busaniche, quien se declara “total y absolutamente en contra”. Había leído un escrito suyo en el diario La Nación y en estos días he vuelto a encontrarla en un reportaje que le hacen para Página/12. Dice básicamente lo mismo en estos dos diarios de opinión muy diferente. Ambas publicaciones están en internet.
En La Nación, Busaniche titula su artículo “Los riesgos de una ilusión” y da algunas de sus razones para oponerse. Destaca que el supremo tribunal de Justicia de Alemania ha declarado inconstitucional el voto electrónico, prohibiéndolo. Demás está decir que Alemania es hoy una de las naciones líderes, sobre todo en tecnologías de avanzada. La razón de la corte para prohibir el sistema electrónico es que las elecciones son un acto público y todo el proceso debe ser comprendido por el ciudadano (todo ciudadano, cualquiera sea su nivel de instrucción). El voto electrónico saca ese control de las manos de los ciudadanos (de la democracia, dice) y lo pone en manos de una elite (expertos). En segundo lugar, pone en riesgo el secreto (que no se pueda saber por quién votó cada ciudadano: básico en la reforma Sáenz Peña). En Brasil el secreto fue finalmente vulnerado, y también se hizo notar que no hay recuento de votos y que esto obliga a confiar en la empresa que implementa el sistema electrónico. El voto electrónico es tercerizado en una empresa, que excluye el control ciudadano. En Estados Unidos dos de las tres empresas que ofrecen el servicio están ligadas al partido Republicano. La empresa proveedora tiene patente de su sistema y en USA se ha opuesto a la intervención de expertos, que violarían su derecho. Busaniche concluye diciendo que no hay sistema de voto electrónico capaz de asegurar la integridad del secreto y de la transparencia del acto electoral.
En Página/12, Busaniche repite estos conceptos básicos. Dice que está demostrado que es imposible construir un sistema de voto electrónico que respete los tres principios que dan fiabilidad a que el resultado traduzca fielmente la voluntad del ciudadano. Son ellos: secreto, integridad y auditabilidad. Y cita que en Holanda el voto electrónico se dejó de usar cuando se probó claramente que el secreto era vulnerable. En Brasil las máquinas fueron hackeadas y vulneradas. El sistema en uso en Salta y en Buenos Aires (CABA) fue auditado por técnicos universitarios, pero el informático Alfredo Ortega tardó nada más que veinte minutos para encontrar una vulnerabilidad no advertida por todos los auditores. Mostró que era posible incorporar más votos a un solo chip.
Busaniche agrega que también han prohibido el voto electrónico Austria y Dinamarca. Que Bélgica está en este camino y que el congreso de Australia declaró que el sistema no está en condiciones de garantizar el secreto. “El voto electrónico ya lleva cuarenta años y nunca pudo ser implantado masivamente”. Busaniche propone la boleta única en papel. Si se usan computadoras “basta tocar dos o tres líneas de código y le robás votos a todas las mesas del país”.
¿Acaso USA ha podido preservar el secreto de sus comunicaciones más reservadas?
Atentamente:
Jotavé

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