Vuelve el capital financiero a mandar en el país

YA SE SIENTEN LAS CONSECUENCIAS

Hemos “vuelto al mundo” de las finanzas internacionales entregando porciones importantes de nuestra soberanía y reiniciando un ciclo de endeudamiento.
JORGE MOLINERO*
En pocos meses el gobierno de Cambiemos ha desmontado gran parte de los avances logrados por los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina en doce años. La brutal devaluación, acompañada por la eliminación de las retenciones y una rebaja del 5 por ciento a la de la soja (en un plan plurianual para eliminarla totalmente) se tradujo en un salto inflacionario que erosiona los salarios reales. Por otro lado ha iniciado un plan de reducción de personal en el Estado con claros fines persecutorios y de disolución de organismos de control y promoción social, al tiempo que da una señal al sector privado para que haga lo propio. El veto a la doble indemnización es una luz verde para continuar con esa política. Ya hemos indicado en otras entregas que esto no es un error de cálculo de Cambiemos sino que es la esencia de su plan para lograr -con una recesión programada- que la desocupación baje la capacidad sindical para lograr aumentos compensadores de la inflación, produciéndose así la transferencia de ingresos de los sectores populares a los más concentrados, en especial a los sectores de las finanzas y las exportaciones tradicionales. Un país pastoril, con pocas industrias y un ejército de desocupados que mantenga deprimidos los salarios y subordinados a los trabajadores.

Manda el capital.
Esa parte del plan está en plena marcha y las consecuencias ya se hacen sentir plenamente, sobre todo a partir del tarifazo de servicios de gas, agua, electricidad y transporte público. Pero queremos destacar en este artículo la parte más retrógrada del plan del gobierno, y es la forma en que han vuelto al mercado de capitales. Aceptaron todas las demandas de los fondos buitre, superiores a lo que esos fondos demandaban al gobierno de Cristina. El infame acuerdo -que les permitió realizar ganancias de hasta el 1600 por ciento- hizo que el juez Thomas Griesa habilitara los mecanismos que permitieron volver a colocar deuda en los mercados de capitales. Así nos endeudamos por 16.500 millones de dólares, pagando al contado 9.500 millones a los buitres, 3.000 millones a pagos pendientes a acreedores reestructurados, y quedaron sólo 4.000 millones para aumentar las reservas del Banco Central.
Por un lado la tasa de interés que se cobra el capital financiero por esa colocación de 16.500 millones es muy elevado, el 7,2 por ciento anual. Por otro lado han pagado sin discutir a los fondos buitre, por el monto es la concesión más importante que un Estado ha hecho a esa pandilla de carroñeros. Con este antecedente ninguna reestructuración futura será posible ya que los acreedores no querrán un acuerdo menor al que sacan los buitres, esperando que ellos hagan su pedido para anotarse como “me too” (“yo también”), enganchando su demanda a la de éstos.

Reendeudamiento.
De esta forma hemos “vuelto al mundo” (de las finanzas internacionales) entregando porciones importantes de nuestra soberanía y reiniciando un ciclo de endeudamiento. Ello ocurre tras años de reducción de la deuda externa lograda por las renegociaciones de Néstor Kirchner en 2005 y Cristina en 2010 que fueron aceptadas por el 93 por ciento de los acreedores. Esa deuda externa pasó de significar el 80 por ciento del Producto Bruto en 2003 al 13 por ciento al momento del fin del mandato de Cristina en 2015. Las deudas reestructuradas fueron pagadas puntualmente hasta que el juez Griesa -en connivencia con los buitres- congeló los fondos que nuestro país remitió para su pago en 2014.
Si el reendeudamiento se hiciese para invertir en las necesarias infraestructuras que permitiesen aumentar la productividad general y alentar las exportaciones, el esfuerzo podría morigerar parcialmente el exorbitante pago a los buitres. Pero ni siquiera es así, ya que los escasos 4.000 millones que entraron al Banco Central sólo engrosaron momentáneamente las reservas, mientras la apertura indiscriminada de la cuenta de capital externa permite la fuga de divisas. Fuga que es favorecida por la autorización de compras hasta 5 millones de dólares por mes. Otra vez el endeudamiento como vehículo de la fuga, que desde 1976 a la fecha se estima supera los 400 mil millones de dólares, cercano al valor de nuestro Producto Bruto.
Los fondos externos, en vez de utilizarse para inversiones productivas, se utilizan para las colocaciones financieras en la compra de Lebac a tasas altísimas. Esas son las famosas “inversiones” que mencionaba el gobierno: las colocaciones a altas tasas de interés de la bicicleta financiera. Los bancos, los “inversores” externos y aquellos que tienen excedente de dinero compran las Lebac, a una tasa que ninguna inversión productiva puede competir. La emisión de Lebac ya supera la masa monetaria del país y genera un costo de intereses al Estado superior al tan meneado “dólar futuro” por el que Bonadío procesó a Cristina por la decisión de devaluar que
tomó Macri.

Especulación financiera.
Mercado interno deprimido por la inflación, el tarifazo y los despidos, más la alta tasa de interés para colocaciones productivas es la receta segura para que la inversión productiva caiga fuertemente, y eso es lo que está ocurriendo. De ello no nos enteraremos por el gobierno dado que el Indec ha decretado el apagón estadístico. No informa nada importante hasta al menos la segunda mitad del año, momento en que el gobierno promete que vendrán hasta los Reyes Magos.
La “inversión” financiera (pura especulación) es la única variable dinámica del país al momento actual, mientras se acumulan las obligaciones de la deuda externa sin dinamizarse las exportaciones y la apertura de importaciones presiona a la industria instalada. Ello hará que dentro de muy poco tiempo el gobierno apele a endeudamientos adicionales en el exterior, y allí es donde comenzará a operar nuevamente la presión internacional del capital financiero. Comenzará con el Fondo Monetario Internacional, representante de los intereses de las potencias centrales, que volverá a imponer sus recetas recesivas. Seguirá buscando firmar acuerdos de libre comercio sin salvaguardias con Estados Unidos, la Unión Europea y los países de Asia-Pacífico.

Claudicación.
El gobierno no sólo ha claudicado en toda la línea frente a la fracción más odiosa del capital financiero internacional, los fondos buitre, sino que quiere hacer pasar sus propios trapos sucios como contribuciones a las famosas inversiones prometidas. Luego de declarar 18 millones de pesos en el paraíso fiscal de Bahamas, antes que lo publiquen otras fuentes, el presidente Macri ha hecho anunciar que los traerá al país para “invertirlos” aquí. No ha explicado lo inexplicable, las razones para ser director en varias empresas creadas en Panamá, cuando ya se anota en el blanqueo de capitales por fondos de los que nunca explicó su origen, en un intento de lavar su cara y la de muchos de sus colaboradores. No creemos que sea casual que no haya jurado por la patria al asumir como presidente. El ministro Prat Gay, el mismo que como apoderado de Amalia Fortabat ayudó a fugar cerca de 80 millones de dólares a una sucursal Suiza del banco HCSB, dio vergüenza ajena al pedir perdón a los capitalistas españoles por “haber sido tratados mal” durante el kirchnerismo. Justamente él y justamente los capitalistas españoles, de los más rapaces y corruptos, que vaciaron Aerolíneas Argentinas y desfinanciaron YPF cuando la tenía Repsol, y podríamos llenar un rosario con historias semejantes.

Liberalización.
Ese es el mundo al que nos quiere volver a integrar el gobierno de la derecha. El mundo que desde los ochenta del siglo pasado ha vuelto a estar dominado por la fracción financiera del capital, capital ficticio y especulativo en unión y control sobre las otras formas, en especial el capital industrial. Una de las funciones clave del capital financiero es refinanciar las deudas de los Estados reproduciendo las condiciones de la dependencia. En el plano político la subordinación a los países centrales y alejamiento de potencias no alineadas. En el campo económico una total apertura al capital financiero, libre remisión de utilidades, permiso para invertir en cualquier actividad aunque el país la considere sensible, liberar totalmente las restricciones del comercio exterior poniendo en peligro a las industrias instaladas, y por supuesto la “flexibilidad laboral”, palabra en clave para la eliminación de todos los avances sociales que los trabajadores consiguieron durante setenta años.
Estas cadenas de la dependencia son más gravosas que cualquier otra medida económica, lo que no es poco decir dado el carácter fuertemente regresivo de todas ellas. El despliegue del nuevo endeudamiento hace retroceder la soberanía obtenida en el campo financiero. En el futuro a un gobierno popular le llevará muchos años de esfuerzo revertirlo. Es por ello importante que todas las fuerzas políticas que se oponen a Cambiemos y su plan de entrega y sumisión se unan en defensa del interés nacional, rechazando las condiciones del nuevo endeudamiento externo, ya que sólo será el vehículo que permitirá una nueva oleada de fuga de capitales con su corolario de estancamiento, desocupación, bajos salarios y más pobreza.

*Economía Política Para la Argentina (EPPA).

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