Xenofobia ilustrada

Si algo le faltaba a la clase política argentina para acentuar el desprestigio que tiene buena parte de sus integrantes, ese algo se lo acaba de dar el senador Miguel Angel Pichetto a través de sus recientes manifestaciones insultantes contra dos comunidades latinoamericanas de gran presencia en el país: peruanos y bolivianos. Con relación a los primeros insistió en la gastada y prejuiciosa muletilla de que vienen a robar el trabajo de los argentinos y a los segundos los responsabilizó lisa y llanamente de manejar el narcotráfico en las villas del país. Para que no queden dudas de su postura los calificó de “resaca”.
Pero tan grave como ese vómito xenófobo fueron las muy tibias reacciones de repudio por parte de la clase política y del propio gobierno que, en la persona de un alto funcionario, salió a hablar de coincidencias con el senador. El secretario de Derechos Humanos no encontró mejor oportunidad para señalar que “está de acuerdo” con semejantes expresiones “sobre la inmigración” y la “falta de controles”.
Pichetto no solo es senador sino el presidente del bloque de Frente Para la Victoria y demostró un supino desconocimiento de nuestra Constitución nacional que ya en su conocido Preámbulo abre sus puertas a “todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino”. Es muy probable que los antepasados del legislador hayan arribado a nuestro país en calidad de inmigrantes desde la península itálica encontrando acá condiciones propicias para instalarse, trabajar, brindar bienestar a la familia y engendrar una prole de la cual desciende el nuevo abanderado anti-inmigración. Fueron millones los que llegaron a nuestro suelo en las mismas condiciones y formaron la matriz social argentina, mal que le pese al senador. Y muchos de ellos eran tan o más pobres, y necesitados de trabajo, que los bolivianos y peruanos que vinieron algunas décadas después.
El grado de necedad manifestado fue tal que un conocido dirigente nazi se permitió ironizar: “fui perseguido y proscripto durante años por opiniones similares, hoy me siento un moderado”.

Dolor de cabeza
El encarcelamiento de Milagro Sala está comenzando a costarle caro al gobierno. Al reto de las Naciones Unidas por su “arbitraria” detención se acaba de sumar un boicot deportivo internacional: la selección de rugby de Inglaterra decidió suspender un encuentro con su par argentino que se iba a disputar en la provincia de Jujuy. La razón de semejante desaire fue, justamente, la prisión injusta que está padeciendo desde hace diez meses la dirigente social. Tiempo atrás ya se había escuchado el reclamo Amnesty Internacional y del Parlasur, pues Sala es diputada electa a ese cuerpo latinoamericano.
Engolosinado por la invisibilización del caso debido al apoyo incondicional de los grandes medios de comunicación que han escondido el tema y prácticamente no hablan de él, los gobiernos jujeño y nacional persisten en mantener una medida a todas luces autoritaria e ilegal. No de otra forma se puede calificar la detención sin condena de una dirigente y la persecución de su organización social.
Pero contrastando con el silencio de los medios oficialistas locales se han escuchado fuertes voces en el plano internacional que no dejan bien parado al Estado argentino. Además se espera otro pronunciamiento, esta vez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que está preocupando a la Cancillería argentina.
El gobierno que presume de haber “reinsertado el país en el mundo” está recibiendo fuertes cuestionamientos de la comunidad internacional por demostrar escaso apego a los procedimientos legales en el caso de Milagro Sala. En su empecinamiento no advierte que en el plano de las relaciones diplomáticas la dirigente jujeña está siendo considerada una presa política. El blindaje mediático, tan eficaz a nivel doméstico, ya no le alcanza para disimular tantos atropellos.

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