¿Y el fraude?

COSAS QUE PASAN

Los mal pensados de siempre van creer que en nuestro país solo existe “fraude” cuando gana el oficialismo nacional. El domingo, en Córdoba, el radical Ramón Mestre ganó las elecciones y fue reelecto intendente sin que se elevara una sola voz de queja por la metodología ni por la falta de voto electrónico. Al contrario, Daniel Scioli saludó inmediatamente al ganador y lo felicitó por su triunfo en las urnas. En Tucumán la sobreactuación opositora que al principio causó asombro ya solo causa risa, mientras el escrutinio definitivo va confirmando el triunfo de Juan Manzur y que en solo dos urnas se encontraron irregularidades. Ahora las denuncias corren por cuenta de adivinos que hasta vaticinan un futuro “fraude”, como el que ya empezaron a denunciar en Chaco. Parece que en Argentina la palabra “fraude” se está convirtiendo, rápidamente, en sinónimo de “si no gano yo, que se pudra todo”.

¿Quién sopla?
Muchos de los robos que se suceden en nuestra ciudad tienen un denominador común: los asaltantes saben que los dueños de casa han cobrado, o recibido, o heredado sumas de dinero atractivas. ¿Quién les pasa “el dato”? ¿Adónde consiguen esa información preciosa? El trabajo previo de inteligencia, ¿lo realizan los mismos delincuentes o son filtraciones del “mundo de la legalidad”? Son muchos los que se hacen estas preguntas, y otras, sin que todavía haya respuestas tranquilizadoras de las autoridades. Con frecuencia los ladrones golpean salvajemente a sus víctimas para que confiesen, pues saben que el botín que buscan está en la casa. Algo así como aquella antigua frase de historieta: “la bolsa o la vida”. Aunque en estos casos es la triste realidad.

Selectivos.
Mientras las grandes cadenas televisivas y los diarios de mayor tiraje del continente se escandalizaban por la condena a un dirigente político opositor en Venezuela, apenas mencionaron, o ignoraron, la muerte a sangre fría de una periodista en Colombia. El ultraderechista Leopoldo López fue sentenciado a prisión por instigar un golpe de Estado y responsabilizado por las 43 muertes ocurridas durante las manifestaciones callejeras de febrero del año pasado con altísimos niveles de violencia. La periodista Flor Alba Núñez fue acribillada al ingresar al trabajo, pero la noticia ni se vio porque ocupó espacios diminutos o fue ignorada. Si en lugar de Colombia, hubieran matado a un periodista en Venezuela, Ecuador, Bolivia o Argentina muy distinta habría sido la cobertura de la noticia. Así de degradado está el arte de informar en estos tiempos y en estas tierras. (RAM).