¿Y los controles?

Durante la semana se conoció que la ministra de Cultura y Educación tuvo que pedir al Tribunal de Cuentas una auditoría porque sospechaba que se estaban cometiendo irregularidades en el manejo de los dineros de su cartera con las compras directas. Este diario publicó las conclusiones a las que arribaron los técnicos que hicieron la pesquisa, además de ordenarse que fuera apartada la persona que manejaba las órdenes para adquirir bienes y servicios en comercios del medio.
Llamó la atención que la ministra pidiera una investigación sobre la documentación desde que asumió en el cargo. Es que desde entonces se venían registrando esos desvíos en las contrataciones. Se hallaron varias irregularidades como la de pagar facturas cuyas órdenes eran anuladas o hasta la adquisición de neumáticos o cambios de aceite para vehículos que no eran oficiales. Además los proveedores que fueron consultados sobre cómo se manejaban esas compras directas aportaron lo suyo: varios hablaron de la “confianza” a la hora de tratar con los representantes del Estado, haciendo más flexibles los trámites. El dueño de un supermercado declaró que un empleado de la cartera compraba y se anotaba la suma que había llevado.
La ministra ordenó la autoría seguramente cuando advirtió las maniobras y la osadía venal de quienes las cometían. ¿Qué falló en los controles? ¿Por qué tuvo que ordenarse una pesquisa cuando hay instrumentos administrativos para prever que no se cometan estos desvíos?
A pesar de los casos de corrupción que fueron juzgados en los últimos tiempos y que terminaron con varios ex funcionarios en la cárcel por quedarse con dineros del Estado, todavía queda mucha tarea por hacer en la materia en la administración pública. Pareciera que los controles que hoy se practican no parecen obrar como impedimentos, o disuasivos, para que se lleven a cabo estas intolerables trampas al tesoro.