¿Y los controles?

La fotografía que publicó este diario en su edición del lunes mostrando al chofer de un ómnibus conduciendo con un celular en cada mano, hablando por uno de ellos y con un cigarrillo entre los dedos es de una elocuencia contundente. No se requiere nada más para poner en evidencia el riesgo que corrieron los pasajeros y así lo entendió la fundación Estrellas Amarillas que presentó una denuncia.
El episodio se conoció en coincidencia con un fin de semana trágico en materia de accidentes de tránsito en las rutas de nuestro país: nada menos que doce muertes en el lapso de unas pocas horas.
El notable crecimiento en las ventas de automóviles, nuevos y usados, como producto de una recuperación económica que ha beneficiado a amplios sectores sociales, trajo como inevitable consecuencia la saturación de las rutas especialmente durante algunas temporadas propicias como los “fines de semana largos” y los períodos de vacaciones de verano e invierno. En consonancia con esta tendencia, las autoridades están promoviendo el uso del transporte público para descongestionar las carreteras de vehículos particulares y reducir las probabilidades de siniestros. Pero ejemplos como estos ponen de manifiesto que el celo y los controles que deberían implementarse para aumentar los niveles de seguridad en las rutas están muy lejos de cumplir su cometido. Las quejas de usuarios de ómnibus, muchas de las cuales recogen los medios de comunicación, deberían haber despertado más de una iniciativa de los responsables del área de transporte. Si bien se han conocido algunas medidas adoptadas, estos casos que son tan oportunamente documentados por los mismos pasajeros, hablan de la escasa conciencia y preparación de no pocos conductores que con tamaña negligencia ponen en peligro la integridad de tantas personas. Y de lo mucho que todavía queda por recorrer en materia de controles por parte de las propias empresas y del Estado.

Conservadores
Las ideas conservadoras que rigen al PRO se cuelan a cada paso de sus iniciativas o la de sus dirigentes. En ocasiones a través de las vías menos pensadas. Lo que se vio -y se denunció- en la provincia de Córdoba no es más que una muestra. En una campaña lanzada por esa agrupación política en coincidencia con la visita de su líder y fundador, Mauricio Macri, y como parte de una promoción para divulgar los cuidados personales contra las enfermedades de transmisión sexual las imágenes empleadas suscitaron el rechazo de no pocas organizaciones e instituciones.
Los afiches desplegados, y también difundidos por internet, sorprendieron con una gran fotografía que muestra la entrepierna de una mujer con su órgano sexual sellado por un cierre relámpago y la palabra “protegete”. La imagen divulgada en forma masiva provocó, como era de esperar, numerosas reacciones de repudio y no por su alarde de audacia estética precisamente sino por su carácter discriminatorio, como si únicamente la mujer fuera la que debiera “cuidarse”; como si el cuidado no fuera cosa de todos los sujetos, independientemente de su sexo y orientación.
También llovieron las críticas ante lo que se planteó como alternativa excluyente para el cuidado: la abstinencia. El cierre que sella la entrepierna femenina es un mensaje contundente que habla con claridad de la vocación conservadora de sus promotores, que defienden esa opción en lugar de apelar a las relaciones sexuales responsables con el uso de métodos hoy ampliamente difundidos y aceptados como el uso de preservativos, por ejemplo.
La ola de críticas que levantó el perfil retrógrado de la campaña motivó un pedido de disculpas de parte de sus autores que dijeron lamentar lo sucedido. Desde lo personal, fue un buen gesto de reconocimiento de sus autores, pero desde lo político no pudo ocultarse la matriz conservadora del pensamiento que organizó la campaña.