YPF en La Pampa muestra el camino

El debate político, con frecuencia, suele derivar hacia enfrentamientos sobredimensionados por las posiciones irreductibles que adoptan los adversarios. Así, las discusiones, en lugar de encaminarse a superar diferencias y buscar caminos de entendimiento exacerban los antagonismos, a pesar de que el interés de las partes coincida al final del camino.
Algo de esto ocurre cuando se debate sobre política petrolera. En nombre del “federalismo” y de los “intereses provinciales” se termina defendiendo el descuartizamiento de lo que debiera ser una política de Estado única para todo el país. Se le hace el juego así -sin intenciones aviesas, al menos en nuestro medio- a los poderosos intereses antinacionales que durante el menemato de los años noventa remataron y destrozaron, entre tantas otras cosas, a YPF como herramienta central del desarrollo hidrocarburífero del país.
Nadie discute el rol fundamental que les cabe a las provincias productoras de petróleo, pero sus exigencias deberían subordinarse al interés general y supremo de la Nación. No son -o no deberían ser- antagónicos los intereses de los Estados provinciales y los de la Nación. Así como se reconoce la necesidad de una política única en materia de comunicaciones o de ferrocarriles, sucede lo mismo con la política energética. Las provincias no deberían sentir que “pierden poder” si se recupera la saludable tradición pre-menemista. Al contrario, deberían sentirse más fortalecidas por coincidir en una instancia nacional en busca de aunar políticas y consolidarse desde una posición de mayor solidez frente a los poderosos intereses privados que juegan en las grandes ligas de la industria petrolífera.
La buena performance productiva que viene desarrollando YPF en suelo pampeano debería arrojar luz en este debate de tanta trascendencia. La petrolera cuya mayoría accionaria recuperó el Estado fue la única que creció en su producción frente a las mermas que mostraron las restantes empresas de capital privado que operan en nuestros yacimientos.
Cuando se puso en discusión la renovación de los contratos petroleros en La Pampa algunos diputados defendieron el involucramiento de Pampetrol directamente en tareas de exploración y explotación. Es una iniciativa saludable desde el punto de vista de la reivindicación del Estado como protagonista en la actividad petrolera. Pero ¿no sería mucho más factible, racional y lógico que esa tarea, la pudiera hacer una suerte de, por ejemplo, “delegación” provincial de la recuperada YPF, empresa que tiene sobrados antecedentes, conocimiento, personal capacitado y solvencia técnica?
No debería obnubilarnos ni confundirnos el beneficio de una buena regalía, por un único yacimiento que percibimos acá en La Pampa. El árbol no debería ocultar el bosque. En otras provincias se han aprobado concesiones ruinosas de enormes yacimientos que fueron descubiertos, detalle nada menor, por la antaño estatal YPF. Cerro Dragón, en Chubut, es el ejemplo paradigmático. Y ese grave problema nos debiera interesar a todos los argentinos, por encima de nuestras pertenencias provinciales, sobre todo porque se trata de jurisdicciones mucho más ricas que la nuestra y está en juego, como se dijo, el interés superior de todo el país. No debería prevalecer la actitud mezquina y provinciana en un tema de tanta importancia económica y estratégica.
Es cierto que la legislación vigente -especialmente la llamada “ley corta” sancionada en 2006- no ayuda en nada a recuperar la tradición que empezara con el general Mosconi, hace casi un siglo. Pero ese obstáculo puede ser removible si se impone finalmente el interés general por sobre el particular, las visiones generosas por sobre las mezquindades territorianas, para reivindicar y recuperar aquella experiencia argentina que, con YPF como bandera, fue ejemplo mundial de todos los países petroleros del tercer mundo, los árabes incluidos.