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¿Zancadilla?

Resulta muy difícil de entender este empecinamiento del intendente santarroseño y sus concejales por aprobar de urgencia un nuevo convenio colectivo de trabajo y, nada menos, un nuevo organismo municipal que deberá reemplazar a la actual Dirección de Agua y Saneamiento (Dagsa) a muy pocos días de terminar su gestión. Es una aspiración legítima de los trabajadores a quienes le birlaron el convenio en 1993 cuando el menemismo impuso en el país un modelo neoliberal muy similar al del macrismo de estos años, pero lo que preocupa, y con razón, a las autoridades entrantes es la ausencia de un informe de factibilidad económica que muestre que este cambio, que hoy se quiere imponer con tanta velocidad, es sustentable con los recursos de la comuna santarroseña.
Al desentenderse de las consecuencias económicas de su propia iniciativa el actual intendente le estaría dejando una pesada mochila a su sucesor, como si no fuera suficiente el estado lamentable en que deja la ciudad sin siquiera haber terminado el Plan Director de obras de saneamiento.
El propio titular del sindicato municipal había adelantado meses atrás que la envergadura de este cambio iba a trascender esta gestión, por lo cual no descartaba que las negociaciones continuaran después del 10 de diciembre con las nuevas autoridades ya asumidas. Este hecho no hace más que justificar las suspicacias sobre las intenciones que esconden quienes están abandonando el gobierno en cuestión de días y metiendo presión para acelerar la aprobación de un cambio que trasciende el corto plazo.