“Youtubers”: protagonistas polémicos de la Feria del Libro

Entre silbidos y lágrimas de miles de fans adolescentes, subieron a escenarios y firmaron libros en jornadas de hasta 12: como estrellas de rock, los “youtubers” se convirtieron en los polémicos protagonistas de las Feria Internacional del Libro (Filbo) de Bogotá.
María José León, de 14 años, está “feliz”. Tiene delante, al fin, a su héroe Sebastián Villalobos, a quien espera desde las siete de la mañana. Son las cinco de la tarde y el joven, con casi tres millones de suscriptores en Youtube, habla sonriente sobre su libro, “Youtuber school”.
“Puede ser la explicación para que (…) personas más grandes sepan cómo funciona esta onda digital, pero también para las nuevas generaciones que apenas están llegando”, contaba Villalobos el lunes desde el escenario, interrumpido por los gritos de sus admiradores.
Ana María Riaño, de 18 años, es una de esas fanáticas, que la víspera hizo una fila de 10 horas para conseguir un autógrafo y un beso.
“Me dijo que estaba muy feliz de volverme a ver. Me sentí muy emocionada de que se acordara de mí”, dice con los labios pintados de fucsia, en uno de los últimos eventos de la Filbo, que atrajo a más de medio millón de visitantes en dos semanas, según los organizadores.
Son libros de autoayuda, ciencia ficción, autobiográficos e incluso de poesía. Cada “youtuber” tiene su perfil, personalidad y público, pero todos tienen capacidad de reunir masas y las editoriales los buscan para llegar a un público nuevo.
“Tienen una creatividad enorme y son unos salvajes para generar contenido”, explica Andrea Loeber, editora del área infantil y juvenil del Grupo Planeta.
“Ahora, los autores de libros también buscan lo digital. Ellos, al revés, parten de internet y vienen con un público cautivo”, agrega. Pero no todos apoyan la incursión de estos líderes de redes sociales en el mundo editorial.

Filbo.
Los “youtubers” ya se habían asomado a la pasada edición de la Filbo, en 2015, pero este año agotaron las entradas en minutos el día en que el chileno Germán Garmendia, con más de 27 millones de seguidores, firmó unos 4.000 ejemplares de su libro “Cara de perro”.
Unos días después, el periodista Juan Pablo Calvás se preguntaba en una columna en el diario El Tiempo: “¿Qué le depara al mundo de la literatura cuando las nuevas celebridades de las letras nada tienen que ver con ese mundo?. Los jóvenes somos de libre expresión. Nos ponemos la ropa que queremos pero eso no impide que seamos buenos estudiantes”, exclama Jesús Daniel Sierra, 17 años, con gafas de cristal amarillo y gorra hacia atrás.
“Apasionado de la lectura”, acaba de leer “El túnel” de Ernesto Sábato y “Vivir para contarla” de Gabriel García Márquez, Sierra quiere estudiar medicina y viajó desde Cartagena (norte) con una docena de compañeros del colegio para asistir al encuentro de “youtubers”.

Público.
Con un público de entre 13 y 24 años, “son líderes de opinión de los millenials, una audiencia que nació con internet en sus manos”, afirma Lina Cáceres, manager de los “youtubers” más influyentes de Colombia, México, Perú y Argentina.
“Me sorprende esa conexión que tienen con su audiencia (…) Están 24/7 conectados, apoyándolos, sintiéndolos”, agrega.
Para el antropólogo de la Universidad Nacional de Colombia, Fabián Sanabria, el éxito de estos jóvenes responde a que sus seguidores “tienen necesidad de estar en contacto con lo cotidiano”, a través también de relatos “banales”.
“El dilema cartesiano de hoy es ‘Google, luego existo’. Los que creen que el conocimiento se mantiene van a quedar anquilosados en el pasado”, sostiene. En este contexto “cada vez más inmediato (…) nadie es bueno, correcto o justo. Hay relatos y cada ‘youtuber’ tiene el suyo”, explica.
Es precisamente esta autenticidad lo que buscan fans y editores. “Nacen en una comunidad en la que se complementan porque cada uno es tan único que nunca llegan a hacerse competencia”, dice Cáceres.
La mayoría vienen del canal de videos Youtube, pero usan todas las redes sociales y se adaptan a las nuevas herramientas digitales. La naturaleza de su medio les hace también pensar en alternativas a futuro: “Todos, sin excepción, saben que esto no es para siempre”, concluye Loeber. (AFP)