Zircaos Capítulo 14: Salar de Uyuni, Bolivia

Desde la ciudad de Potosí fuimos hasta Uyuni por una ruta directa, subiendo y bajando, como es habitual en los paisajes del altiplano. Hicimos 200 km por una carretera buena inaugurada hace pocos años, cruzando postales hermosas cubiertas de campo, llamas y cholitas. Ya casi atardecía y quedaba cruzar una montaña más para llegar a la ciudad, una vez que estuvimos arriba pudimos ver el camino que faltaba, se había convertido en planicie absoluta, y allá abajo, en el medio del desierto se veía Uyuni, como dentro de un escenario hermoso, hasta con un aire pampeano. El sol estaba brillante, anaranjado, furioso, como no queriendo irse. Directamente fuimos al centro, estacionamos al final de una calle, a dos cuadras del mercadito local que tanto me gusta, donde ahí nomás baje a comprar queso, pan y un poco de fruta. Hacia frio. En la esquina unos cuantos puestitos de salchipapas, la comida al paso que tanto les gusta a los bolivianos, salchichas y papas, todo frito y bañado en ketchup y mayonesa. Enfrente a nuestra casita un hotel y un poco más adelante una base militar que fue nuestro salvador a la hora de conseguir agua, ya que escasea en todos los lugares de Bolivia. Pasamos una noche tranquila. Al día siguiente por la mañana cuando vuelvo del mercado otros viajeros habían estacionado detrás nuestro, suizos, checos y dos perros viajaban en una camioneta con una casilla rodante, de color negro, parecían haber salido de la película Mad Max. Mientras Guille trataba de reponerse del mal de altura que otra vez le empezaba a dar.
Tres días pasaron hasta sentirnos otra vez todos bien, con visita al hospital de por medio. También tuvimos la alegría de encontrarnos con gente de Pico que se cruzó desde el hotel a saludarnos. Siempre un abrazo entre paisajes hace muy bien al corazón. También ahí estaciono una familia de Bélgica que estaba viniendo desde Ecuador en su motorhome hasta Buenos Aires, con tres niños. Perfecto! Días de muchos juegos compartidos para Alma y Quintín.
El tiempo pasa en calma y con mucho sol, aunque los días son muy cortos. Cuando Guille se sintió bien salimos para el salar, antes fuimos al “Cementerio de trenes” para sacar algunas fotos, el lugar queda a un par de kilómetros de la ciudad. Restos de locomotoras y vagones abandonados de finales del 1800 es el paisaje que regala este lugar. Es muy bonito recorrerlo.
Antes paramos en un lavadero donde le dieron un baño de aceite en el chasis de la camioneta para protegerla de la sal, después llenamos el tanque de gas oil, teniendo que esperar dos horas hasta que llego el camión, es normal que ocurra esto, no siempre hay gasolina. Y luego, al fin…salimos para el salar! A unos 20 kilómetros llegamos a un pueblito muy chiquitito, Colchani, donde ahí está la puerta al campo blanco. Y con toda felicidad nos empezamos a meter en este paisaje increíble, maravilloso, donde no es nieve, ni mar, donde no hay horizontes ni límites a la vista.
Ahora sí, bienvenidos a Uyuni! el mayor desierto de sal continuo y alto del mundo. A 3650 msnm en el sudoeste del país se abre este paisaje único, infinito e inolvidable, de lo más hermoso que hemos conocido, donde se podría jugar a que es cielo o mar, daría lo mismo. El salar se formó hace entre unos 25 mil a 40 mil años atrás cuando el agua de varios lagos empezó a evaporarse.
La primera parada fue en el monumento de sal que se hizo a la carrera del Dakar, ahí nos encontramos con Pascal y Petra (viajeros suizos-checos) y después también nos alcanzó, por suerte, la familia belga, siguiendo camino juntos por ese lugar impresionante, en busca de algunas huellas que nos lleven a algún destino.
A unos 80 km salar adentro llegamos a la primera isla, un lugar que parece fuera de lugar, “La isla del Pescado”. Se la imaginan?…
No se pierdan el próximo capítulo!
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