Zircaos Vuelta al Mundo. Capítulo 45: Nicaragua

Ya faltaba muy poquito para cruzar a Nicaragua y desde Costa Rica empezábamos a sentir esa curiosidad por conocer un nuevo país y ver con que nos encontrábamos del otro lado de la frontera.
Guille volvía después de casi 20 años al lugar después de haberlo cruzado dos veces a dedo mientras que nosotros tres lo pisaríamos por primera vez sintiendo cosquillas en la panza.
Los últimos días en Costa Rica los pasamos en la playa “Los Cocos”, un lugar adonde llega mucho turismo, sobre todo local. Tranquilos, estacionamos en la calle de la playa, debajo de la sombra de un árbol, con duchas y fresquito por las noches.

Cruzar la frontera fue muy tranquilo y rápido a pesar de que muchos nos decían que iba a ser lo contrario. Mientras hacíamos los trámites migratorios y de aduana esperábamos en una playón muy grande y ahí mismo, al rayo del sol, un grupo de bailarines nicaragüenses nos daban la bienvenida entre pasitos de baile y un volumen saturado. Todos nos quedamos mirando mientras recibíamos un mapa de regalo. Era la primera vez que vivíamos esto. Resultaba divertido, como para aliviar un poco los tramites.

Desde ahí nos fuimos para San Juan de Sur, una ciudad chiquita al costado de la playa, ubicada en una bahía, extensa, de arena negra. No teníamos buenas opciones donde pasar la noche, así que estacionamos al final, al costado de un playón de cemento, con muchísimo calor. Esperamos que baje un poco el sol dando unas vueltas caminando por lugares en que había un poco de sombra. Los precios de todas las cosas bajaron de una manera increíble comparándolo con Costa Rica, nos daba un respiro saber que volvíamos a los países baratos.

Después pasamos por otra ciudad llamada Rivas y luego nos fuimos directamente a Granada, una ciudad preciosa, colonial, hermosa, que está frente al lago Nicaragua. Este lugar recibe muchísimo turismo. Sus callecitas, la plaza central, la música, la comida, todo huele rico. Tiene iglesias muy antiguas, calles empedradas y casa de colores. Vendedores de sombreros en cada esquina y la gente es muy amable. Lugares así me encantan! Cuando son humildes y sencillos. Latinoamérica pura. Acampamos en este lugar tres días, en una calle del centro, tranquilos frente a la puerta de una escuela. Las casas conservan su estilo colonial, algunas intacto, con un patio comunitario en el medio y diferentes espacios en los cuatro lados. Muchas continúan siendo casas que habitan familias (que metiendo un poquito el ojo, como si nada, dentro se ve al ropa tendida, jardines llenos de plantas y flores, sillas mecedoras y hamacas colgadas. Los habitantes disfrutan del fresco del patio interno. Otras se han convertido en hoteles, restoranes o simples comercios. Con permiso pude entrar en algunos de los patios y me encontré con fuentes de agua fresca, pájaros, plantas y flores. Como saliendo de una realidad para meterme en otra. Hermoso!

Desde ahí nos fuimos para Masaya, siguiendo la ruta de los volcanes, viendo alguno durante la noche como resplandecía furioso. Sentimos que esta ciudad no nos inspiraba mucha confianza para pasar la noche en la plaza del centro así que seguimos unos kilómetros más adelante hasta llegar a Nindiri. Y ahí sí! El lugar perfecto, estacionamos frente a la municipalidad, la plaza y la iglesia, debajo de un árbol. Mucha gente en la misa de un viernes santo. Mientras que alguien nos regaló una sandía y una bolsa de un fruto que no me acuerdo el nombre.
De a poco ya empezaba a sentirme más cómoda en este país nuevo, encontrando nuestros espacios.
Ya que el lugar estaba bueno y tranquilo hicimos base ahí. Al otro día fuimos a conocer el Lago Apoyo, un lugar muy particular a lo que estamos acostumbrados a ver. Bajamos por una ruta en la montaña y llegamos hasta ahí, no quería pensar como haríamos para subir semejante bajada, así que me dispuse a disfrutar de ese paisaje social increíble a nuestros ojos. Más tarde veríamos como salíamos de ese “pozo”.
En el lago la gente se mete en el agua muy tranquilamente, pero…vestida! Casi no se ven hombres sin camiseta, ni mujeres en traje de baño. La cosa es meterse hasta con jeans, o lo que se tenga puesto en el momento de la zambullida. Hasta los guardavidas andan de pantalones largos. Disfrutamos del día en el agua pero aún más viendo todo el entorno tan distinto a nuestra cultura. Lo habíamos visto en los países musulmanes pero no imaginaba que volveríamos a ver esa situación en Centroamérica.
Por la noche volvimos a dormir en Nindiri, “nuestro barrio” y probamos las famosas “quesadillas”, una tortilla de harina con hilos de queso, mayonesa y cebolla. Bien local.

Nicaragua es muy chiquito y se llega enseguida a todos lados. Al día siguiente, con todo el calor del medio día salimos para León, otra de las ciudades coloniales que tiene este país.

Hasta el próximo capítulo!
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