Lunes 05 de diciembre 2022

El cuerpo al deseo

Redaccion Avances 25/09/2022 - 18.00.hs

La autora de “Lo que Campos no sabe” (Azul Francia, 2022) nos habla de su novela que complementa una historia anterior.

 

María Evangelina Vázquez *

 

El nuevo libro de María Staudenmann es una especie de lado B de “Lo que me hizo Fernández”, su primera novela. Una mujer en su etapa madura que tiene un vínculo muy particular con un hombre del mundillo literario. La autora nos habla acerca del deseo, la madurez en la mujer y de esas urgencias a las que recurrimos para llenar los vacíos y la soledad. También, sobre cómo trabajó su libro con el escritor Enzo Maqueira y de su flamante editorial Esa luna tiene agua, que va creciendo y sumando publicaciones. “Ponerle el cuerpo al deseo tiene que ver justamente con comprometerse al cien con aquello que nos moviliza: una persona, una idea, un proyecto”, comenta Staudenmann.

 

– Según podemos ver en tus novelas, ¿puede ser la urgencia sexual un modo de buscar amparo en un mundo sin amor, donde los vínculos son líquidos?

 

– Creo que la urgencia sexual es un modo de buscar amparo contra la soledad, pero no contra la soledad social o vincular, sino contra la soledad entendida como condición o característica de ciertas almas. Desde este punto de vista, me parece que la urgencia sexual –que no es más que la urgencia por un tipo de encuentro bastante liviano, uno que no obliga demasiado– aparece en el solitario cuando necesita salirse un rato de su propia ruedita de hámster. En este sentido, el amparo que brinda el sexo es como un recreo, una compañía provisoria y fugaz y, por eso mismo, un poco ilusoria.

 

– ¿Con qué se encontrará el lector que tenga en sus manos Lo que Campos no sabe? ¿Se puede leer este segundo libro sin haber leído el primero?

 

– Lo que Campos no sabe es una especie de lado b de Lo que me hizo Fernández. El lector se encontrará con la otra perspectiva, la de Carlos Fernández, el protagonista masculino de la serie. Mientras que Fernández trae la voz de Lucía Campos, Campos trae la de Fernández. Pero esta segunda novela va más allá, porque además de esa otra perspectiva, es decir, el modo en que él experimenta los hechos, es una suerte de retrato de la vida de este personaje. Si bien las dos novelas son complementarias, traté de escribirlas para que puedan ser leídas de manera independiente. Ojalá que la respuesta sea sí.

 

– ¿Creés que los personajes guardan relación con personas reales; son verosímiles o son personas que solo pueden existir en la ficción?

 

– Es una excelente pregunta. La verdad es que no lo sé y no me siento quién para decir una cosa o la otra. Aunque sí me gusta pensar que las novelas proponen un pacto de lectura fácil, comprable, y que los lectores que ya lo compraron o que lo compren en el futuro sientan que los personajes podrían ser de carne y hueso.

 

– Trabajaste estos textos con el escritor Enzo Maqueira. ¿Cómo fue el proceso?

 

– Desafiante y disfrutable. Enzo te exige tanto como te alienta, y creo que ese combo sacó de mí lo mejor que podía dar. Como tallerista (o más bien acompañante de obra), Enzo cubre todos los frentes: el aspecto formal de la escritura, la estructura del texto, los personajes, la historia, la cosa narrada. Es detallista, respetuoso y estimulante. Tampoco le tiembla el pulso a la hora de sugerir cambios y mejoras. Repasar y corregir Lo que me hizo Fernández nos llevó un año de encuentros semanales, y seis meses Lo que Campos no sabe. Siempre le estaré agradecida.

 

– ¿El deseo es una especie de reclamo del cuerpo? Es interesante esta idea en la gacetilla de la novela.

 

– Claro. Cuando el deseo se asume, recae en el cuerpo, lo toma y lo compromete. Ponerle el cuerpo al deseo tiene que ver justamente con comprometerse al cien con aquello que nos moviliza: una persona, una idea, un proyecto. El reclamo sería, entonces, hacer, activar, moverse en alguna dirección; en cualquiera, pero moverse. No quedarse quieto.

 

– ¿Cómo es la vida de una mujer cuando llega a la mediana edad? ¿Qué pasa con los mandatos y los asuntos pendientes? ¿Qué proyección ofrece de esto la novela?

 

– Si estamos atentas, la madurez nos ofrece la posibilidad de mirar para atrás, pero desde una perspectiva más amplia y desafectada: descorriendo velos, revelando condicionantes culturales y familiares, desentrañando los mecanismos que nos llevaron a tomar determinadas decisiones y que entonces, mientras los días nos pasaban por arriba, no podíamos ver. Si miramos con conciencia y sinceridad (lo cual requiere coraje), aparecen los hilos de los mandatos, las creencias y los discursos que tanto nos determinaron. En Lo que me hizo Fernández, Lucía Campos descubre la posibilidad de hacerse desde un lugar más auténtico a partir de su encuentro con Carlos Fernández. El deseo por él es lo que la termina poniendo frente a la decisión: o es quien es, o sigue siendo lo que el resto cree que es.

 

– Contanos sobre tu trabajo como editora de Esa luna tiene agua.

 

– A principios de este año inauguré Esa luna tiene agua, una editorial independiente de literatura contemporánea: novela, cuento y poesía. Formo parte del mundo editorial desde que nació Qu, la revista de literatura y arte que fundé y dirigí entre 2011 y 2020. En 2019, justo antes de la pandemia, tomé la decisión de sistematizar todo lo que aprendí a los ponchazos durante esos años y me anoté en la carrera de Edición de la UBA. Ya por entonces tenía la vaga idea de crear un sello editorial, pero necesitaba más tiempo y más conocimiento. Sin embargo, como les pasó a tantas personas, la pandemia se llevó mi trabajo, mi fuente de ingresos. Entonces supe que no había que esperar más, que el momento había llegado, que era mi oportunidad. Así que durante los primeros meses de 2022 me dediqué a darle forma a mi proyecto y para mayo lancé el primer título de Esa luna tiene agua, el poemario Ataca Kamchatka, de Mirtha Caré. A fines de julio llegó el libro de cuentos Veinte pitadas, de Marcelo Filzmoser, y en octubre vendrá Fantasmas en los ojos, colección de cuentos de Francisca Mauas.

 

Esa luna tiene agua se propone editar a la vieja usanza, financiando cada publicación al cien por cien y cuidando al máximo tanto la dimensión simbólica de un libro, es decir, el contenido, como la dimensión material, el objeto que lo da a leer. La idea es ofrecer experiencias de lectura que involucren lo espiritual y lo sensorial en libros que los lectores sencillamente quieran tener.

 

María Staudenmann (Buenos Aires, 1979) es licenciada en Comunicación Social y estudiante de Edición en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Trabajó en radio y en publicidad, donde se desempeñó como editora y redactora de contenidos para distintos medios gráficos nacionales. Escribe narrativa y poesía.

 

* Escritora. Colaboradora

 

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