Babasónicos trajo otra vez su ritual de canciones y baile
Casi 2.500 personas cantaron y bailaron junto a uno de los grupos más vigentes del rock en español. LA ARENA estuvo ahí y cuenta con crónica y fotos el regreso de Dárgelos y compañía tres años después de su último concierto en suelo pampeano.
IVAN ROLDAN
No hay saludos. No hay charla con el público más allá de un par de “gracias” y alguna frase suelta. No hay nada en la previa tampoco. Sólo son ellos y la música. Y las canciones. De esas que a Babasónicos se le caen del bolsillo como si fueran moneditas acumuladas durante años y que tres años después, en la misma fecha y lugar, trajeron nuevamente a Santa Rosa para que el gimnasio del club Estudiantes sea una enorme pista de baile y de estribillos coreados por miles que se dejaron seducir por ese encantador de masas que es Adrián Dárgelos y su banda.
Eran las 21.30 exactas cuando comenzó a sonar “Tiempo Off”, del disco más reciente de los Babas, ‘Cuerpos Volumen 1’, un trabajo que una vez más reivindica a la banda nacida en Lanús como uno de los estandartes de la escena nacional, esos pibes disruptivos que fueron puntal para el llamado Nuevo Rock Argentino de los ’90 y que hoy siguen reuniendo multitudes, por eso ya agotaron dos fechas en junio en el Movistar Arena porteño y agregaron una más en octubre. Y las 2.500 personas que “reventaron” anoche el club de la calle Moreno ratificaron también que la apuesta de la productora Rancho Aparte de traerlos otra vez, es un enorme acierto.
“Mimos son mimos”, del álbum ‘Trinchera’ (2022) fue el segundo tema y luego llegó la primera explosión con “Sin mi diablo”, de ‘Infame’ (2003), esa letra que habla de la dualidad humana y que le abrió la puerta al baile masivo con ‘Puesto’. La siguió ‘Miau Miau’ y desde allí, los Babas ametrallaron con su batería inacabable de hits en una noche en la que el gimnasio del club celeste tuvo una de sus mejores jornadas en cuanto a sonido desde que recibe shows masivos.
‘Los calientes’, ‘Vampi’, ‘El loco’ y esas otras dos gemas que son ‘La lanza’ y ‘Bye Bye’ no le dieron descanso a un público que ahí sí, se entregó por completo al ritual que siempre propone Dárgelos como una especie de chamán que desparrama movimientos sexys, cadencias de su voz y miradas con una multitud repleta de diferentes edades e intereses musicales pero que coinciden en danzar con lo que llega desde el escenario, con una gran puesta de luces y dos pantallas gigantes que intercambiaban primerísimos planos de los músicos con los de la gente y sus celulares de pantallas prendidas.
Y si esa continuación de Sandro y sus canciones pop que representa muy a consciencia Dárgelos como imán para las miradas, el otro que genera magnetismo es su hermano Diego Uma, que con la guitarra, los coros y la percusión no frena un segundo de moverse, contornearse y transmitir una energía que no decayó nunca porque el show siguió con la hermosa ‘Como eran las cosas’ previo a otro baile incontenible con ‘Y qué?’, ‘Carismático’ y las gargantas encendidas para el clasicazo que dice eso de “Ya sé, que el camino a la fama, no significa nada si no hay una misión ¿Cuál es? Hacerte muy putita, probar tu galletita, con toda devoción” en ‘Putita’.
A esa altura el gimnasio ardía y la banda arremetió con ‘Irresponsables’ mientras Dárgelos decía (en una de sus muy breves frases) que viven “en esta parte del mundo de la que queremos ser parte”, la oración que abrió un cierre inmejorable con una de las mejores joyas en el vastísimo repertorio de los Babas, ‘La pregunta’. Eran casi las 11 de la fría noche del sábado y apenas los músicos dejaron sus instrumentos para irse del escenario, el público comenzó a implorar por más.
‘Risa’ siguió con la fiesta y cuando el cantante se arrodilló en el centro del escenario y abrió sus brazos para decir “aprovechen a darme todo el amor que puedan” llegó el final con ‘El colmo’. Eran casi las 23.15 y Babasónicos sabía de sobra que lo había hecho de nuevo. La multitud estaba rendida a sus pies, era la hora de irse y en el aire sobrevolaba esa frase de que “todo lo que pueda arreglar hoy lo dejaré para mañana”. El disfrute ya estaba consumado.
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