Cuando el arte entra al aula

SENTIMIENTO DE PERTENENCIA

En el colegio Santa María de las Pampas los alumnos y alumnas se adueñan de las aulas: las pintan artísticamente como una forma de cuidar y embellecerlas desde el primer y hasta el último día de clases en el secundario.
“Cuando vos sentís algo como propio lo cuidás mucho más”. Juliana suelta la frase entre medio de otras, pero no es una más. Allí está buena parte de la fórmula para que un grupo de chicos y chicas hagan algo con el objetivo de cambiar su propia realidad diaria, al menos en las horas, días y años en que el colegio se impone -para la gran mayoría- como la mayor responsabilidad de la adolescencia.
“Los que terminaban de cursar el último año muchas veces rompían y rayaban todo, así que surgió un proyecto para que nosotros pintemos las aulas y sea esa aula la que ocupemos durante todos los años del secundario”, contó Sira (18) sobre el programa que se lleva adelante en el colegio Santa María de las Pampas de Santa Rosa.
La idea es “apropiarse de los espacios” y que sean ellos mismos quienes armen de manera artística las aulas, por eso cada grupo tiene su sala desde primer año y la mantiene hasta que egresa: no hay aula de primero, segundo o tercer año sino de grupo humano.
“Acá venís todo el año y estás muchas horas a la semana, así que nadie quiere venir a un lugar todo roto o descuidado. Además somos los alumnos de cada curso los que proponemos qué pintar y eso lo trabajamos con los distintos docentes”, detalló Estefanía (17)
Consignas y figuras referidas al movimiento “Ni una menos”, Lionel Messi levantando la Copa del Mundo, una calavera llena de colores, el Indio Solari, frases, dibujos. Todo aparece en las aulas muy bien pintadas y también en los paneles de los techos. El arte florece en cada espacio que rodea a pizarrones, escritorios y sillas.
“Está bueno porque te engancha a hacer algo que a vos te gusta. Y lo hacés con tus compañeros, aunque no todos queremos pintar lo mismo”, se ríe Leonel (18). “La idea es que cada uno aporte algo y se vea representado”, agregó Juliana (17) sobre un proyecto que encontró eco justamente en un colegio que tiene orientación en Artes Visuales.
“Es un trabajo de años y que se institucionalizó. Tuvimos la suerte de contar con buenos recursos, con mucho apoyo y con muchos docentes comprometidos en la causa, en trabajar en equipo y siempre pensando en abordar distintas temáticas, ya sean sociales, históricas o culturales. Por ejemplo temas como los pueblos originarios, la lucha por el río Atuel, la guerra de Malvinas, la dictadura militar, la Educación Sexual Integral. Y siempre trabajando en conjunto con los alumnos, por supuesto”, resaltó Adolfo “Fito” Molas, que hasta hace poco tiempo fue director del colegio y se convirtió en el gran impulsor del proyecto.
La idea de los más grandes también es que lo que hacen se transmita a quienes recién ingresan al secundario. “Está bueno que todos sepan que cada curso tiene su lugar y puede transformarlo con las cosas que le gustan o le interesan. Eso da un sentido de que te pertenece”, opinó Luciana (18).
“El plan ayudó muchísimo a adquirir ese sentido de pertenencia e identidad que es tan importante para una comunidad. También trabajamos con el barrio, que es el sitio donde está el colegio. Y pintamos todo: paredes, techos, puertas. Hasta las cortinas”, contó Molas.
¿Qué sienten cuando ven un mural o pintura terminada?
“Está re bueno. Si vos estuviste dedicando tiempo y ganas querés que quede lindo y que les guste a todos, así que eso te incentiva a que si hacés otro quede mejor todavía”. (Sira)
Para Juliana el hecho de compartir una actividad que interesa a la mayoría “ayuda a mejorar las relaciones” en el aula. También a vincularse con distintas ramas del arte y la expresión “porque puede ser un cuadro, una canción, un poema”.
En esa diversidad de imágenes, palabras y colores es donde el colegio cobra vida. Una paleta visual que está ahí quieta pero que toma movimiento cuando ellos y ellas llegan para su día de clase.
“El hecho de tener una idea para pintar algo te ayuda a pensar un poco cómo podés reciclar algo que necesita una mejora o que está abandonado. Al principio costó un poco porque venían de otros cursos y pintaban arriba de los murales, así que eso daba mucha bronca. Por suerte la situación fue cambiando y casi todos respetan el espacio del otro”, señaló Estefanía.
“Por supuesto que los docentes que tienen las horas vinculadas a la orientación artística son los más comprometidos, pero quiero resaltar que son todos los que colaboran y ayudan. Eso es importante porque los chicos perciben ese mensaje de trabajar en equipo”, indicó Molas.
Una recorrida por las dos plantas del establecimiento permite observar que todas las aulas están intervenidas por la mano artística adolescente. “Hay algunas que están más pintadas que otras pero en todas se hizo algo. Y lo bueno es que mirás el techo y en varias están todos los paneles dibujados. Nosotros tenemos que pintar todo de acá a fin de año”, anticipó Juliana.
En octubre del año pasado el Santa María participó del encuentro de Escuelas Secundarias de Arte de La Pampa, que se hizo en Toay. Allí, entre más de 300 adolescentes ellos y ellas contaron y mostraron sus obras, esas que se hacen en un espacio que es ajeno “pero que también es propio”.