Desconectate un rato

En el colegio Edgar Morisoli se puso en marcha un plan para dejar los teléfonos en una caja a la hora de entrar a clase. “Es cierto que distrae, hoy todo el mundo está pendiente de la pantalla”, afirmó Luna.
“Es una tentación”. “Para muchos es como una adicción”. “Todos están pendientes del celular”. Las frases surgen espontáneas y reflejan una realidad incontrastable que se impuso de una manera brutal atravesando edades, clases sociales y ocupaciones. En la Argentina, de diez chicos de entre 11 y 12 años, nueve son usuarios de las redes sociales. Y el 50 por ciento de los adolescentes no apaga nunca su celular, el otro 50% solo lo hace cuando duerme, según una encuesta en chicos de entre 15 y 17 años.
¿Qué hacer frente a esa situación? ¿Afecta directamente la educación de los adolescentes? En el colegio Edgar Morisoli, en el barrio Plan 5000 de Santa Rosa, comprobaron que sí afecta la atención y concentración en clase y por eso pusieron en marcha un plan: al entrar al aula, una caja recibe los teléfonos de los alumnos. De manera voluntaria lo depositan allí y cuando llega el recreo, lo vuelven a prender.
“Es algo positivo. Si vos tenés el teléfono a mano, mirás los mensajes, notificaciones, todo lo que te llega; y si hacés eso, es obvio que no le prestás atención al profesor. Aunque sea por un segundo, te distraés. Y es una tentación mirar la pantalla”, describió Luna, de 14 años, una de las alumnas de segundo año que participa de la propuesta.
“Nuestra intención es lograr un consenso entre los alumnos y los docentes; que los chicos y chicas puedan entender que el uso del teléfono los perjudica, los distrae. Cuando el docente está explicando, ellos están mirando el Facebook o escuchando música, y ese déficit de atención se refleja después en el rendimiento escolar”, describió María de los Angeles Pereyra, directora del colegio.
“Tenemos bien estudiados a los 330 alumnos del colegio y hay chicos que nosotros identificamos que se han llevado varias materias: entre ocho y nueve por el uso del celular”, añadió la responsable del establecimiento educativo.
La iniciativa fue propuesta por un docente de la materia Tecnología y se puso en marcha en los dos primeros años del secundario, como una forma de crear hábitos desde el ingreso al colegio. “No es obligatorio poner el teléfono en la caja, cada uno decide si lo hace o no, pero me parece que está bueno porque dejarlo un rato no le hace mal a nadie, al contrario, creo que nos favorece a todos”, consideró Nicole (13).
En noviembre pasado se publicó una encuesta que realizó Microsoft y de allí surgieron los datos descriptos en esta nota. En el trabajo también surgió que la mayoría de los chicos y chicas de entre 11 y 12 años, según admitieron, usa internet sin mucho control de sus padres. Roxana Morduchowicz, especialista en culturas juveniles y que participó del relevamiento, advirtió que es peligroso el escaso conocimiento de los padres sobre las actividades de sus hijos en la web. El 50 por ciento de ellos no tienen idea de la actividad de sus hijos en internet.
“Conocemos a todas las familias y fueron ellos mismos los que comentaron esta realidad. Es que también están cansados de la situación, porque si les retenemos el celular, son ellos los que tienen que venir a buscarlo, siempre un adulto, y cuesta bastante sacárselos”, afirmó Pereyra.
“Si uno se pone en el lugar de la profesora es difícil, no es lindo que no te presten atención”, admitió Luna. “Pero pasa en todos lados, la gente que maneja, familias que se juntan o parejas en un bar, todos están pendientes del celular”, aportó Valentín (13).
Un gran porcentaje de los estudiantes del nivel secundario ingresa a ese ciclo educativo con los celulares incorporados. Los manejan desde chiquitos y la mayoría los utiliza de manera permanente desde la escuela primaria.
“Hoy lo más común es usar celular y para muchos es como una adicción”, dijo Luna. “No creo que nadie se pueda enojar por dejar el celular en una caja, porque además está a la vista de todos”, agregó Nicole.
La idea es hacer una caja -que puede ser de fibrofácil, con separadores- que permita colocar sobre la mesa del profesor y en forma voluntaria, todos los aparatos en modo silencio. De esta forma, no tienen los celulares a mano y se evitan distracciones.
“La intención es que la idea se lleve adelante en otros colegios, porque cuántos más sean, más fácil va a prender la propuesta”, señaló Tomás (14).
“Lo que debemos trabajar es el consenso, que todos estemos de acuerdo en que esto se puede hacer. En definitiva lo que buscamos es el bien de ellos (por los alumnos) y que les pueda ir bien en el colegio”, indicó Pereyra.
Otra manera de buscar una respuesta a esa realidad se refleja en colegios de la ciudad de Buenos Aires, donde algunas docentes decidieron darle un uso pedagógico al celular: lo utilizan para filmar, editar, fotografiar, buscar en la Web, ver videos, navegar museos y usar aplicaciones. Sin embargo son casos muy contados ya que la mayoría rechaza incorporarlos a la enseñanza y solo uno de cada diez maestros argentinos dijo haberlo probado en el último año. Los que lo hicieron parecen haber recurrido a una máxima de vieja data: “si no puedes con ellos, úneteles”.

Todos lo tienen pero no lo quieren
Hay un dato interesante: el 98 por ciento de directivos y maestros tiene celular, y lo llevan a todas partes. La información surge de la Primera Encuesta Nacional sobre integración de Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) en la Educación Básica, que Unicef presentó en diciembre de 2015. Allí se concluyó que si bien hoy existe un fuerte consenso acerca de la necesidad de universalizar el acceso a las tecnologías para promover nuevos procesos de aprendizaje e integrar el uso de las TIC en el aula, el teléfono celular no es una alternativa a tener en cuenta.
El estudio entrevistó a 1.446 directivos escolares, 4.315 docentes y 9.321 estudiantes de todo el país para trazar un panorama del equipamiento tecnológico en las aulas. El informe también reveló que el acceso a Internet es un recurso ampliamente utilizado por los estudiantes para sus prácticas de estudio extraescolares, tanto que ocho de cada diez señalaron hacer uso de la web para hacer los trabajos que solicitan sus docentes.