Un intercambio de miradas

Clayton y Mendy llegaron desde Sycamore, en Estados Unidos, y se adaptaron a la vida pampeana. Aseguran que extrañarán “las milanesas, las empana-das y el dulce de leche”. Y valoraron la Universidad pública y gratuita.
Acá la gente es muy simpática, muy buena. Es… tremendo”, dice Mendy y abre grande los ojos sin estar muy segura de si es un adjetivo adecuado para describir lo que le tocó vivir en su estadía santarroseña y mientras suena el timbre del primer recreo en el Instituto Domingo Savio.
Mendy Smiths tiene 16 años y junto a Clayton Schopfar (17) llegaron desde Sycamore, una localidad de 20 mil habitantes que está a unos 90 kilómetros de la gigante Chicago (en el estado de Illinois), para un intercambio que desde 2013 llevan adelante el Domingo Savio y el Sycamore High School en un programa que es patrocinado por el Rotary Club.
“Primero fuimos nosotras y estuvimos seis semanas con sus familias. Es un hermanamiento de colegios. Yo todos los años iba viendo los chicos y chicas que viajaban y cada vez me daban más ganas. El requisito era tener inglés avanzado y decir por qué queríamos hacer el intercambio. Eramos diez y al final quedamos nosotras dos. Fue una experiencia increíble y me hubiese gustado estar más tiempo”, explicó Malena Dadan (17), quien junto a Maite Zárate (17) viajaron a Sycamore en enero y luego fueron anfitrionas de sus amigos estadounidenses.
“En este tiempo que estuve me pareció que Argentina es un país fantástico, y para mí era una oportunidad única de ir a otro lugar. Aquí en Santa Rosa me trataron muy bien y lo que me gustó mucho fue la comida: el asado, pero especialmente las empanadas y las milanesas porque allá no hay. También el dulce de leche. Otra cosa que aprendí es jugar al truco en familia”, destacó Clayton. “Y sí… las chicas también”, agregó con una risa nerviosa ante la mirada de sus amigas.
¿Y qué fue lo que les llamó la atención o notaron diferente?
“Me gusta el colegio porque es divertido pero creo que se puede mejorar porque mucha gente no escucha en clase, hacen otra cosa. Eso es diferente. También que nosotros allá a la medianoche tenemos que estar de vuelta, y acá recién salen y la noche dura un montón. Otra cosa es que aquí hay muchos perros, me gustan pero eso es un poco raro”, se sorprendió Clayton sobre una ciudad donde, justamente, los canes están por todos lados a toda hora.
Para Maite y Malena las diferencias en el sistema educativo también son notables. “Al principio cuando llegué me pareció poco el módulo de 45 minutos, y después me di cuenta de que no, que es un montón porque en realidad el tiempo se aprovecha a full, toca el timbre y ya están el profesor y todos los alumnos adentro, no es como acá que entramos, charlamos un rato y recién después empieza la clase, es distinto. Y tenés la libertad de elegir cuál es la materia que querés cursar. Te dicen a principio de año cuáles tenés que aprobar, pero vos podés elegir”.
“Cursás las mismas materias todos los días, y es más dinámico, te obliga a estar más despierta. Otra cosa es que las materias se van orientando hacia lo que vos podés llegar a estudiar una vez que ingreses a la universidad”, señaló Malena.
En ese punto surgió una diferencia que Clayton y Mendy no dejaron pasar: la posibilidad de estudiar una carrera en una universidad pública. Los cuatro adolescentes ya están en la última etapa del secundario y, cada uno en su país, tendrán posibilidades diferentes.
“En Estados Unidos necesitás mucho dinero para estudiar, las universidades tienen nivel pero es caro, es una gran inversión familiar. Y eso aquí es muy diferente, hay educación pública y cualquiera puede acceder a una universidad. Para mí eso es algo que a Estados Unidos le falta y que la Argentina tiene. En mi opinión necesitamos tener educación pública porque mucha gente no puede acceder, es una gran idea”, resaltó Clayton que se inclina por Abogacía o Ciencias Políticas para su futuro profesional.
“Al haber tenido la oportunidad de viajar vimos el funcionamiento del sistema educativo y de la sociedad en general, entonces comprobás las cosas buenas que tenemos acá y las que no funcionan tan bien. Para nosotras fue muy valioso haber ido ahora porque si sos más grande no podés ver cómo funciona el colegio. Y lo mismo para Mendy y Clayton”, dijo Malena, que convida un mate y no pierde chance para recordarles a sus amigos extranjeros que, cuando pueda, piensa volver.
“Fue poco tiempo pero su familia me trató espectacular. Recorrimos Chicago, fuimos a patinar sobre hielo, a ver partidos de básquet, de hockey sobre hielo, a un concierto de música country. Realmente nos trataron bárbaro y sería hermoso ir otra vez”, coincidió Maite.
Mendy vuelve a abrir grandes los ojos y repite: “Me gustó todo. Nos tocó vacaciones de invierno y fuimos a pasear a Córdoba, a San Juan. Hay lugares muy hermosos”. Clayton conoció la calle Caminito en La Boca y otros lugares históricos y emblemáticos de Buenos Aires.
“De Argentina conocía a Lionel Messi, a ‘Manu’ Ginóbili, y al Papa Francisco”, enumera Clayton que, en las horas antes de partir, preparaba las valijas con vivencias, costumbres y tradiciones. También con amistades, pero, sobre todo, con la esperanza de llevarse un buen tupper repleto de milanesas. Con sello bien criollo.