La potencia de la inclusión

Levantar cientos de kilos concentrados en una pesa es un deporte que requiere esfuerzo y dedicación y, en el caso de los chicos y chicas que entrenan con Leticia Bertotto, también lo convierten “en una gran familia”.
En el despojado gimnasio no hay espejos, ni gente con auriculares ni ropa deportiva de moda. Tampoco elementos de vanguardia para hacer ejercicio. Una rueda gigante de tractor y otros neumáticos amontonados en un rincón dibujan un paisaje donde sí hay una pequeña plataforma en la que cada vez que la pesa cae sobre el piso, provoca un estruendo que en un segundo rompe el silencio del salón. La jornada de entrenamiento acaba de comenzar y lo que sí brota en el aire es calor humano.
Cada día en el club Sarmiento de Santa Rosa decenas de personas de todas las edades se juntan para tonificar músculos, bajar de peso, competir, sacarse el stress diario, hacer una actividad deportiva o socializar. Todo se resume en lo que el Equipo Bertotto brinda a quien se acerca: “una gran familia” en la que un grupo de adolescentes también se junta con distintos objetivos.
“Yo iba a un gimnasio porque quería bajar de peso y ahí me dijeron si quería levantar peso y arranqué. Me gustó y cada vez fui levantando más kilos. Ya llevo casi cuatro años, el levantamiento de peso me hizo sentir bien físicamente y está bueno el hecho de desafiarme a mí mismo. En poco tiempo me di cuenta de que en mi categoría no estaba lejos de los records, así que entrené para eso. Mi objetivo ahora es ir al Mundial de Hungría el año que viene”, cuenta Francisco, que a sus 15 años levantó 121,5 kilos en sentadilla, 116 kilos en banco (récord argentino) y casi 208,5 kilos en despegue.
“Pancho” se destaca en el levantamiento de potencia, o power lifting, pero junto a él hay otros chicos y chicas que practican otro deporte y complementan su entrenamiento con Leticia, multicampeona mundial, Caldén de Oro 2015 entre los deportistas pampeanos y una de las atletas más reconocidas de la provincia.
“Básicamente quería mejorar el rendimiento en el básquet. Además me veía bastante gordo y quería estar mejor. Antes no llegaba al ataque o a la defensa cuando el juego iba para un lado u otro. Es un deporte que me ayuda a hacer otro deporte. Hoy gané en potencia, en capacidad física y anaeróbica. Además me gustó mucho y también quiero competir acá”, dice Emiliano, un “gigantón” de 13 años que juega en el club All Boys.
Jorge tiene 16 y un objetivo claro: ir a los Juegos Evita para competir en boxeo. Ya clasificó en la instancia provincial y avanza hacia las finales nacionales en Mar del Plata. “Vine para ganar potencia, destreza y agilidad. Estoy entrenando cómo sacar la piña desde atrás, con toda la fuerza, y venir acá me hace muy bien”, asegura mientras a su lado Selena (15) reconoce que después de probar “con un montón de deportes” encontró en el grupo de levantamiento de potencia un refugio donde también es acompañada por su madre.
“Acá hay muchos que no tuvieron lugar en otros deportes, porque son gorditos, o tímidos o porque padecen una patología o porque les cuesta relacionarse. Acá vienen todos y estamos todos juntos. El cuerpo es inteligente y hace lo que le pedís. Si vivís en un auto, rodeado de aparatos eléctricos con todo lo que la modernidad nos da para que no hagamos nada es claro que no vas a poder levantar una bolsa con papas. Error muy grande cuando todos estamos preparados para levantar por lo menos tres veces nuestro propio peso”, aclara Leticia, que es kinesióloga profesional.
Lucas es el más chico del grupo. Tiene 11 años y una sonrisa contagiosa junto a una polenta que descubrió cuando se animó a acercarse al club de Villa del Busto. “En mi casa no hacía nada, un amigo de mi mamá le dijo de traerme y me gustó. Está muy bueno, esto es como una familia”, resalta, un concepto repetido por Franco (19) y Enzo (15), otros dos boxeadores que se “engancharon” con la actividad.
Para que los adolescentes santarroseños puedan competir fue necesario crear una Asociación local que depende de la Federación nacional y, a su vez, de la entidad internacional. De esa manera las marcas y records quedan registrados y tienen la validez necesaria. “La Asociación la formamos este año y ya hicimos un torneo. El 15 de julio hacemos otro y vienen un chico en silla de ruedas y otro con esclerosis múltiple. Lo bueno es que ellos compiten al mismo nivel que todos, no es que hay otro torneo aparte para ellos. Es todos juntos, bien inclusivo”, destaca Leticia.
Esa inclusión también tiene el nombre de Isaías, un nene de 7 años con T.G.D. (Trastorno Generalizado del Desarrollo) que corre por el gimnasio mientras Carolina (28) hace su rutina física. “Empecé a venir porque quería bajar de peso. Me gustó y cuando logré bajar 29 kilos empecé a full con el levantamiento. Hace un año que vengo y en el verano no tenía con quien dejar a Isaías así que lo traje conmigo. Al principio se escondía atrás de un cartel, después vino al lado mío y al tiempo empezó a correr y a andar solo. Le cambió el lenguaje, el desarrollo cognitivo y la motricidad. Mejoró en todo”, sonríe su madre.
Parejas, familias enteras, adultos mayores, niños. Corren, hacen flexiones, levantan peso. Se alientan y se apoyan. Charlan y transpiran. Leticia grita y ordena. Los músculos se tensan al máximo y la fuerza lleva el límite un poquito más allá. Porque como se escucha por ahí “es la potencia de cada uno por estar todos juntos”.

Adaptado a cada uno
El Equipo Bertotto brinda entrenamiento para “descenso de peso, puesta a punto, muslos y glúteos de hierro, rehabilitación, entrenamiento físico para boxeo, kickboxing, rugby, fútbol, hockey, básquet, natación”, según se promociona y a cambio de una cuota mínima de 20 pesos que cobra el club Sarmiento. Leticia explica que el trabajo se adapta a cada deporte y por eso habla con los distintos entrenadores para coordinar y que los chicos hagan ejercicios en sintonía, “aunque la base de todo es la potencia”.
El levantamiento de pesas carga cuotas bastante grandes de prejuicios y desconocimiento, algo a lo que Bertotto enfrenta con docencia y argumentos. “Yo soy kinesióloga, entonces tengo la doble mirada del entrenamiento y de saber cuánto peso puede levantar un chico de 15 años. Pero es cierto que hay mucho prejuicio, y hay de las dos caras: profesionales de la salud que me mandan gente para que hagan actividad y por otro gente que por un resfrío le echa la culpa a una pesa cuando a lo mejor tiene una contractura de tanto usar el celular o la compu. Para esto no hay edad, lo que se adapta es el trabajo de acuerdo a cada uno”.