Inicio 1 + 1 El chico de las batallas

El chico de las batallas

Manu Berti (18 años) es uno de los referentes del rap pampeano. Sale a competir a otras provincias y tiene en la música su eje para hacer un programa de radio, tener una banda, un estudio de grabación y un taller para aprender a rapear.
Revisa en los archivos de su celular y enseguida encuentra el dato: «Me gusta anotar todo, participé en 450 batallas, exactamente. Desde el 21 de junio de 2016 cuando me mandé solo, sin conocer a nadie, y me puse a competir. Tengo anotado las veces que perdí y las que gané. Me sirve para repasar y enriquecerme», cuenta Manu Berti sobre su propia carrera como uno de los raperos más destacados de la escena local, un pibe de 18 años que desde chico se interesó por la música y que en plena adolescencia encontró su lugar en el amplio universo del hip hop.
«Mi papá es músico así que ya desde chiquito escuchaba AC/DC, Led Zeppelin. Me crié rodeado de instrumentos y eso me influenció para incursionar en distintos géneros musicales, hasta que a los 13 años vi algunas batallas de rap y eso me enganchó. Comencé a probar y luego lo dejé, pero en 2016 cayó un amigo al colegio y venía rapeando. Ahí me dieron ganas de retomar lo que había hecho y desde entonces no lo solté nunca más».
Manu empezó a asistir a todas las batallas. El boom del rap se expandió por cada rincón adolescente y el Parque Oliver fue la caja de resonancia de una movida a escala mundial que aún hoy no para de crecer.
«Hoy casi todo chico de entre 8 y 18 años está prendido con el rap, o tiene un amigo, un primo, un compañero de colegio que rapea. Es impresionante. En mi caso encontré una forma de expresión artística, siempre me gustó el arte y toco la guitarra y el saxo, pero buscaba algo para expresarme de forma oral, de poder transmitir un mensaje, tener ese alter ego que te da el hip hop para decir lo que querés y sentís».
Manu se fue anotando en decenas de batallas. Fue sumando experiencia y seguridad en el universo freestyle, en esos cara a cara sin micrófono y a pura velocidad e inventiva. Y buscó otras geografías para medirse y saber «en qué lugar estaba parado, qué posibilidades tenía» de llegar lejos con sus rimas.
«Empecé a viajar afuera, Santa Rosa es una ciudad chica y acá nos conocemos todos, entonces era competir siempre contra los mismos, y eso por ahí te lleva a estancarte. Por eso salí a buscar otras voces, otras cabezas, chicos que por ahí en un ratito te demuestran una capacidad impresionante y eso te incentiva a vos a buscar mejorarte».
Berti cuenta sobre sus viajes y resalta que el próximo sábado estará en Rosario para un encuentro internacional. «El ganador de ahí clasifica para ir a Paraguay. He ido a una clasificatoria en Mendoza, a Lomas de Zamora en provincia de Buenos Aires, pero esta fecha en Rosario es la más importante de todas en las que estuve y estoy con todas las pilas, me tengo mucha fe y no veo la hora de estar ahí para ver cómo me va».
Manu estudia Música en el Crear y en pocos meses emigrará a Córdoba para seguir la Tecnicatura en Sonido. Su espíritu inquieto lo lleva a emprender diversas actividades y el rap es la brújula que lo lleva por distintos caminos.
«Con otro chico hacemos un programa de rap en una FM local y nos va re bien, me encanta poder tener ese espacio y mucha gente se engancha. También formo parte de una banda, BC4 Clika con la que hemos tocado y tenemos nuestras canciones, pude montar un estudio de grabación y ya tengo todo avanzado para empezar un taller de rap en la Cooperativa de Santa Rosa. Me gusta estar siempre activo y eso ayuda a que siempre se generen cosas nuevas».
En su casa del barrio Plan 3.000 de Santa Rosa, Manu convive con sus padres Hernán Berti y Marbel Varela, que «siempre apoyan y buscan que pueda hacer lo que me gusta», desde esas batallas iniciales en las F-nix del Parque Oliver hasta los viajes con proyección internacional.
¿Cuál es tu característica como rapero, tu punto fuerte?
«Mi fuerte es la sorpresa, dar la impresión que estoy tranquilo, rapeando sin mucha energía y de pronto sorprender con un doble tempo u otro recurso que sorprende a quien tengo enfrente y al público y al jurado, es algo que fui puliendo con el tiempo y me da buen resultado. El año que viene voy a estar en Córdoba y ahí es fuertísima la movida del rap. Tengo unas ganas terribles de estar ahí y me siento con capacidad, con posibilidades de competir con los mejores. Ganas y actitud no me faltan».
Para Manu, el rap no va a detener su escalada global porque en cada rincón, en cada habitación o patio de colegio hay un chico o chica que va a descubrir que puede expresarse y decir lo que tiene adentro.
«La movida del rap va a seguir creciendo. A veces vamos a los pueblos a hacer encuentros de payadores contra raperos y se nota la evolución, ahora el rapero tiene una complejidad silábica similar a la de los payadores. Se está creando una combinación en el freestyle en la que se usan distintos recursos literarios como la aliteración, la elipsis, la sustitución, y hoy hay chicos que rapean muy naturalmente con toda esa variedad de recursos, ellos saben que el hip hop te abre las puertas a poder expresarte y por eso se sienten tan identificados».