Ella entre ellos

Lara Vigorito tiene 15 años y practica un deporte con escasa presencia femenina: corre en karting. En 2016 sufrió un grave accidente pero se recuperó y volvió a disfrutar de la velocidad y la competencia.
Hasta hace un tiempo lo tomaba como un hobby, como un pasatiempo que me gusta y por suerte lo puedo hacer, pero hoy cuando me preguntan no dudo: me gustaría seguir evolucionando y pasar a un auto o al karting de asfalto. Es lo que me apasiona y lo que más me moviliza”, dice Lara con la timidez de sus 15 años pero con la seguridad de quien ya tiene un recorrido hecho y sabe lo que quiere.
Lara Vigorito corre en karting desde los 9 años. Se subió por primera vez a uno a los 8 y desde entonces es una del puñadito de adolescentes pampeanas que los fines de semana se apasiona por el acelerador, el freno y la velocidad en una pista de tierra en un deporte que ofrece la posibilidad de sentir la adrenalina de llegar lo más rápido posible a la bandera a cuadros.
“Mi papá, Marcos, corría en el Safari. Yo lo acompañaba a las carreras e iba de taller en taller. Supongo que de ahí me interesó, así que en casa empecé a decir que quería subir a un karting y cuando lo hice me encantó, me di cuenta de que quería hacer eso. A los 9 ya empecé a competir en el campeonato pampeano”, recordó Lara que cursa el 4to. año en el colegio Ciudad de Santa Rosa y que también tiene otro deporte favorito: juega al básquet en el club Estudiantes.
Su evolución fue constante y en 2015 se consagró campeona en su categoría de 110. Pero a Lara no solo le atrae correr y acelerar, también la convivencia con motores y tuercas. “Lo que me gusta es un conjunto de cosas, siempre me atrajo la velocidad y manejar un vehículo. Mi papá me enseñó desde chica y eso me generó que quiera siempre manejar, pero lo que me gusta también es estar en el taller y armar y desarmar. Armar mi propio karting me da mucha satisfacción”.
Las carreras se disputan los fines de semana en circuitos de distintas localidades de la provincia. La actividad comienza el sábado y finaliza el domingo y, según cuenta Lara, “al final de una recta se puede llegar hasta 100 kilómetros por hora”, una velocidad que, por supuesto, implica riesgos.
El fin de semana largo de octubre de 2016 había pruebas en los kartódromos de Colonia Barón y de Arata. Lara y su equipo de competición se decidieron por el segundo porque era nuevo y ofrecía una buena chance para probarse en un circuito desconocido.
“En la primera tanda no anduve bien así que estaba medio loca, mi preparador y mi papá me retaron un poco por eso así que salí en la segunda tanda y estaba alcanzando el récord de vuelta. En un momento me acuerdo que entro a la curva, me paso de largo y el karting voló como 20 metros y se clavó de punta. Dio una vuelta en el aire conmigo adentro y en la segunda vuelta me expulsó, se me cortó la soga del casco y caí. Por suerte el karting no me cayó encima. Quedé tendida y enseguida me llevaron a la salita de Arata y de ahí a General Pico”.
Una resonancia dictaminó que “todo estaba bien”, pero uno de sus familiares observó que en la columna había un punto negro. Tenía una fractura de dos vértebras, una contusión en un pulmón y riesgo de estar afectada la médula.
“Movilizarme en una ambulancia era un riesgo así que gracias a un montón de gente que se movió y ayudó se pudo conseguir el avión sanitario de la Provincia. Me llevaron al centro asistencial Fleni en Moreno, Buenos Aires, y me operaron”. La recuperación parecía ir bien cuando recibió el alta médica para volver a su casa santarroseña. Pero en las curaciones diarias que le hacían, su mamá Yanina vio algo que no le gustó y llamaron a la clínica por una posible infección. Tuvieron que volver rápidamente.
“Ahí ya estuve como un mes internada”, recordó Lara. “En ese momento pensaba en todo, yo quería volver a correr pero también pensaba en mi familia, mis amigos y la gente que me rodea y que tenía miedo. Pero también correr es lo que a mí me gusta, es mi pasión. Le pregunté al médico y me dijo que sí podía correr, que el riesgo era igual al que tenía antes del accidente, así que con el apoyo de todos, incluso al final el de mi mamá también (sonríe), volví al karting”.
¿Y qué sentiste en ese momento?
“Me subía y no tenía miedo, pero en algún punto había algo que no me daba confianza total, tenía actitudes o cosas que hacía inconscientemente y que me mi equipo me fue marcando porque seguramente estaban vinculadas con el accidente, pero con el tiempo eso pasó. Hoy ya estoy muy tranquila. Por ahí cuando vuelvo a Arata me da como una sensación rara, pero es algo superado. Hoy solo me quedó el recuerdo de lo que pasó”.
Luego de consagrarse campeona en 2015, Lara ascendió de categoría y hoy compite en 150 Junior, donde también supo ganar varias fechas. En la actual temporada marcha segunda en un campeonato en el que solo hay dos chicas que están en todas las carreras mientras que el resto son varones.
“A las que por ahí les atrae el karting pero no se animan yo les diría que es un deporte muy lindo y que debajo del casco no hay género. Yo también tenía un poco de prejuicio antes de empezar, de hecho durante mucho tiempo fui la única. Les digo que se animen porque estaría bueno que se sumen más chicas”.