Powerchair, una patada a los prejuicios

El equipo de fútbol adaptado, Los Pampas, sale a la cancha para demostrar que no tiene por qué haber barreras para hacer lo que a uno o a una le gusta, como el deporte más popular del país que en este caso se llama powerchair.
Pero hijo, si te perfilás de derecha le vas a pegar mejor”. “Pero papá, yo ya sé cómo pegarle a la pelota”. “Okey, pero tomá distancia y acomodate bien”. “Sí, listo, ya sé papá…”. El diálogo sucede en un costado de la cancha y refleja una imagen que puede replicarse en cualquier ciudad o pueblito, en cualquier clase social y a cualquier edad. Un párrafo que podría estar en alguna página futbolera escrita por el “Negro” Fontanarrosa, el “Gordo” Osvaldo Soriano o Eduardo Sacheri.
En este caso el escenario es el SUM de la Escuela 2 de Santa Rosa, donde Hugo Bogarín (32) habla con su padre en una pausa de una práctica de Los Pampas, el equipo de fútbol sobre silla de ruedas motorizada que desde hace un año practica “Power Chair Football”; una disciplina que se jugó por primera vez en Francia en los ´70 y que se fue consolidando en Canadá desde 1982.
“En la Argentina hace seis años que se juega al Powerchair, nosotros empezamos en noviembre del año pasado cuando reunimos todos los requisitos necesarios. Entrenamos los lunes y jueves de 18 a 20 en la Escuela 2 (1° de Mayo y Salta) y está abierto para quien quiera venir, sin distinción de edad ni de nada”, resume Hugo sobre un deporte que requiere cuatro jugadores en cancha para un partido de dos tiempos de 20 minutos cada uno.
“A mí me encanta el fútbol desde siempre y cuando me invitaron acepté enseguida. Al principio no podía creer que en silla de ruedas podría jugar al fútbol, siempre pensaba en otros deportes como el básquet o el ping pong que son más conocidos en sillas de ruedas. Pero después me di cuenta cómo te cambia la vida el hecho de derribar barreras y prejuicios, no quedarse en la idea de que por limitaciones físicas una no pueda hacer lo que le apasiona”, contó Guadalupe Vega (33), una de las destacadas de un equipo que también integra Constanza Guerra Vidal (33), Javier Falkenstein (33) y Malena Sánchez (16) que cada semana viaja desde Doblas para no perderse las prácticas junto a las profes Romina Iglesias y Natalia Fernández.
“Nuestro objetivo es que la gente empiece a seguir el deporte adaptado, no solo a la selección argentina de fútbol o a Boca o a River
-que por supuesto es lo más popular- sino también abrirse hacia la diversidad. Nos gustaría que la gente acepte el deporte adaptado, esa es nuestra misión como Los Pampas. No apunto a la inclusión sino a la diversidad, aceptar la convivencia de los pares porque todos somos iguales. A nosotros nos cuesta más, es cierto, pero lo podemos hacer, por eso queremos sacar ese prejuicio y estar más en contacto con la sociedad. En mi caso no tengo problemas en adaptarme a distintos ámbitos, pero la discapacidad siempre fue tabú en todo: en la educación, el trabajo, el deporte, en el esparcimiento, en lo arquitectónico”, señaló Guadalupe que en abril estuvo convocada en la Reserva de la selección nacional de Powerchair.
La semana pasada el equipo pampeano organizó una jornada solidaria en el Teatro Español. Thomás Vásquez y León Gamba encabezaron un show con un único fin: recaudar fondos para comprar una silla adaptada a las necesidades de ese fútbol que no arrastra multitudes pero sí fervor y pasión por ganarse un lugar a pura gambeta y golazos al ángulo.
“Nosotros usamos nuestras sillas habituales, las que usamos todos los días y las adaptamos con una defensa para pegarle a la pelota. Pero si queremos competir a otro nivel necesitamos otras sillas, las profesionales, que cuestan desde 7.500 dólares hasta 10 mil según la patología y las necesidades de quien la usa. Solo se consiguen en Estados Unidos y por eso pedimos colaboración. Para nosotros sería un cambio y un incentivo muy importante”, destacó Hugo.
Los Pampas se preparan para disputar, el 8 y el 9 de septiembre, un torneo de alcance nacional en la localidad bonaerense de Pilar. Allí competirán con los mejores del país pero también vivirán nuevas experiencias, otras relaciones, en otros ámbitos.
“Hacer este deporte también nos dio la posibilidad de viajar, de conocer otra gente, de vivir otras cosas y eso te cambia a vos y a tu familia, que nos apoya siempre. En mi caso era un doble tabú por ser mujer y jugar al fútbol, por eso está bueno hablar y dar a conocer, que la gente se acerque, que se informe y vea lo que hacemos. No queremos tener privilegios o una mirada distinta, pero sí los mismos derechos que el resto, ni más ni menos. Entonces difundir es lo mejor que podemos hacer para que muchos chicos y chicas que por ahí no se animan a salir vengan y se sumen. Necesitamos que el equipo sea más numeroso”, señaló Guadalupe con esa sonrisa gigante que parece nunca abandonarla.
El equipo tiene su perfil en Facebook (Powerchair Football La Pampa) y una dirección web (donaronline.org y de allí clickear en powerchair football argentina sede la pampa) para quien desee acercar fondos, una ayuda para quienes hacen lo que les gusta y lo quieren compartir, aunque no tanto como esos ‘secretos’ futboleros que su papá le recomienda a Hugo. Aunque él ya los conozca.