Sahumerios caseros para ahuyentar mosquitos

En la Escuela 201, los alumnos plantearon un problema que pasó y que va a venir: el dengue. Se pusieron a trabajar y con un mínimo gasto hicieron sahumerios para ahuyentar a los mosquitos.
En el último verano además del sol, el calor, las piletas y las vacaciones hubo un invitado que se llevó todas las miradas (y las compras). Un envase naranja, en aerosol, cuya nombre corto y en inglés se impuso como el producto de la temporada: “¿tenés Off?”, fue la pregunta repetida frente a las amenazas de epidemias de dengue, chikungunya y zika, todos transmitidas por un bichito tan molesto como dañino: el mosquito Aedes Aegypti.
“Comenzaron las clases y fueron los propios chicos los que trajeron la inquietud. En sus casas se hablaba del mosquito y como ellos suelen repetir lo que escuchan de los adultos lo trajeron al aula, así que decidimos ponernos a trabajar, a investigar y a experimentar”, explicó Yanina Pedraza, docente de Ciencias Naturales de la Escuela 201 de Santa Rosa (de la calle Antártida Argentina, en el barrio Zona Norte), sobre el proyecto “¿Qué te pasa mosquito?, ¿estás nervioso?” que fue presentado en la actual edición de la Feria de Ciencias de la provincia.
“Lo que hicimos fue fabricar nuestros propios sahumerios para ahuyentar a los mosquitos. Hicimos algo bien económico y natural porque usamos las esencias de limón, naranja, mandarina, albahaca, cedrón y el aroma es mucho mejor que el de un espiral”, contó Juliana, de 10 años, que junto a Benjamín (10) y Valentina (9) estuvieron en el stand montado la semana pasada en la Escuela Hogar 114, durante la jornada final de la instancia zonal de la Feria.
Entre los más de 80 trabajos expuestos en ese día, el de la Escuela 201 fue uno de los más llamativos, sobre todo por el mosquito gigante que los dos cursos de cuarto grado construyeron a puro esfuerzo e ingenio. “Lo hicimos con bollos de papel de diario, la cabeza se construyó con una bola de telgopor, lo mismo que la cola que la hicimos bien visible porque es donde va la sangre”, detalló Benjamín. “Y las patas son caños, lo pintamos y ahí quedó. Nos encantó hacerlo”, agregó Valentina.
El gasto para hacer 240 sahumerios fue de 6,50 pesos. Los chicos y chicas usaron las varillas de los cajones de verdura que pidieron o recolectaron en los negocios, agua, maicena (gastaron dos pesos), sal nitro en lugar de especias (tres gramos cuestan 50 centavos), el aserrín que pidieron en una carpintería y, a todo eso, le agregaron “las ganas de trabajar”.
“A los limones, las naranjas, las mandarinas y todo lo que usamos, lo pelamos y lo pusimos en un jarrito con alcohol hasta que largara la esencia. Es algo que tenemos que perfeccionar porque largan mucho olor a alcohol, pero los artesanos que venden los sahumerios compran esencias importadas que son muy concentradas. Estas son más suavecitas”, explicó Juliana.
Según resaltaron los alumnos hay ciertas plantas que tienen un olor fuerte, entonces utilizaron plantas aromáticas secas y en la mezcla que hicieron con la masa le añadieron menta, orégano, ruda o cedrón. “Son muchas masas las que hicimos hasta llegar al producto final. Estamos desde principios de año con este trabajo”, dijo Benjamín, que además aclaró que los sahumerios no matan al mosquito, pero sí lo ahuyentan.
“La ubicación de nuestra escuela, el contexto social, es de familias de clase media, de clase media baja o de bajos recursos. La problemática es que el espiral no es lo ideal para la salud y los costos para las familias, que en muchos casos son muy numerosas, es complicado. Lo mismo que para comprar el aerosol que, encima, con todo lo que se vendió en el verano, era cada vez más caro. Entonces pensamos cómo espantar el mosquito, hacer algo que sea natural, artesanal y económico. Y le pusimos todas las ganas para que sea un producto que sirva y se pueda utilizar”, señaló Yanina.
Esas ganas fue uno de los aspectos más destacados del proyecto, algo que despierta la sonrisa indisimulable de la docente. “Uno de los grandes problemas que tenemos en la escuela es el ausentismo, pero a ellos les gusta mucho la propuesta de Aula Taller, y cuando se proponen cosas novedosas tengo una asistencia perfecta. Es impresionante ver cómo este tipo de cosas los incentiva y los lleva a participar. A la hora de Naturales estaban todos”, sonríe.
El mosquito domiciliario Aedes aegypti, capaz de transmitir y amplificar los virus dengue, chikungunya y zika durante el último periodo estival, dejó huevos latentes que pueden reproducirse cuando las temperaturas comiencen a superar los 25°. Es que en invierno esos mosquitos reducen su actividad, pero no mueren. Los huevos persisten en sus criadores esperando las condiciones ideales de temperatura y humedad.
“Estudiamos cómo se reproduce, su ciclo de vida y las recomendaciones para los hogares. Con toda la información nos pusimos a elaborar el proyecto. Nos gustó hacer el trabajo porque podemos ayudar a la gente a prevenir la enfermedad. Al mosquito le gusta el calor y la humedad así que en el verano va a estar de nuevo”, advirtió Benjamín sobre un trabajo con una consigna tan simple como necesaria: ver lo que pasó para saber lo que va a pasar.

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