Sin barreras y con derechos

En el colegio 9 de Julio de Santa Rosa trabajaron sobre los distintos problemas que tiene la ciudad -y la sociedad- para la movilidad de quienes padecen una discapacidad. Hicieron un taller vivencial en la plaza.
Sentarse en una silla de ruedas y tratar de moverse entre veredas rotas y calles repletas de pozos. Intentar bajar en rampas tapadas por un auto. Vendarse los ojos para saber qué se siente al caminar sin poder ver. Ponerse en el lugar del otro y tomar conciencia de que, lo que para muchos resulta normal o sin problemas, para otros y otras es una dificultad. Una barrera a los derechos. “¿Qué pasaría si quisieras entrar a un lugar que te gusta y no pudieras?”
Esa pregunta es la que eligieron los chicos y las chicas de primer año, turno mañana, del colegio 9 de Julio para la portada del folleto que en la mañana del pasado jueves salieron a repartir en la plaza San Martín con el objetivo de concientizar, porque según contaron “no es la discapacidad lo que hace difícil la vida sino las barreras que pone la sociedad”.
“El proyecto lo trabajamos desde principios de año y surgió porque en el aula tenemos tres compañeros con discapacidad motora y nuestra intención es que la sociedad reflexione sobre las barreras que tienen al querer movilizarse como cualquiera de nosotros. Hicimos un relevamiento y comprobamos que hay lugares públicos con veredas rotas, con desniveles, con rampas o lugares de estacionamiento reservados que muchas veces no se respetan”, resaltó Baltazar, de 12 años.
Juan (12) agregó que “casi no hay semáforos que tengan sonido y estén adaptados a la gente con discapacidad. Buscamos que haya una reflexión hacia las barreras que existen y sobre los derechos que no se respetan”. Y Aldana (12) se sumó: “Todos podemos ayudar y poner nuestro granito de arena, por ejemplo con los carteles o las rampas”.
Gabriel, Agostina y Francisco concurren al colegio algunos días de la semana. En los tres casos son alumnos de la Escuela de Apoyo a la Inclusión N° 1 de Discapacidad Motora, y con el acompañamiento de las docentes Romina Nicoletti y Cecilia Moreno trabajan en el 9 de Julio por la inclusión de personas con discapacidad, tanto en el ámbito escolar como en el social.
“La idea es que los chicos y chicas aprendan desde primer año a tolerar, a incluir, a saber e incorporar que todo el mundo tiene derechos. Ellos lo trabajan naturalmente y desde el colegio hay una respuesta muy positiva a todo lo que es la inclusión”, valoró Paula Suárez, coordinadora de curso de ese establecimiento educativo.
Durante la jornada de experiencia vivencial los vecinos y vecinas que pasaban por la plaza eran invitados a jugar al fútbol sin poder ver (con una pelota con sonido) o a caminar varios metros con los ojos vendados. Por allí pasaron casualmente funcionarios municipales y aceptaron sumarse a las distintas actividades.
También se acercó a participar Ladio Scheer Becher, director de Educación Inclusiva de la provincia, quien valoró el trabajo desarrollado por los adolescentes al tiempo que resaltó a La Pampa como el distrito del país “con mayor cantidad de estudiantes con discapacidad incluidos en las escuelas convencionales. Y el colegio 9 de Julio, particularmente, tiene una historia muy fuerte en la lucha por incluir, es la institución educativa de la provincia con mayor cantidad de estudiantes con discapacidad incluidos en sus aulas”.
¿Y a ustedes por qué les gustó hacer este proyecto?
“Creo que estamos intentando cambiar a la sociedad y por eso me gusta este trabajo. El colegio por suerte tiene instalaciones adecuadas con ascensores y rampas, es una escuela que está pensada para la discapacidad y nosotros trabajamos sobre ello desde el primer día. Me parece que no es habitual en otros colegios, entonces eso te da una mirada diferente, te dan ganas de hacer cosas”, apuntó Martina (13).
“Nosotros aprendimos a darnos cuenta cuando ellos están felices o cuando están molestos por algo, a interpretar sus gestos, tenemos una convivencia que nos sirve a todos y es re lindo. Y eso también te da conciencia sobre los derechos que tienen y que no siempre se respetan”, añadió Juan sobre esas horas compartidas en el aula.
La idea del proyecto fue “hacer algo distinto”, salir a la calle y mostrar y contar. Una apuesta por la visibilización, por no pasar desapercibidos en una ciudad que cada vez vive más acelerada y más caótica. “En el aula se empezaron a apropiar del proyecto cuando los chicos llevaron sus sillas de ruedas, a partir de ahí comenzaron a incorporar valores como el respeto hacia los derechos de los demás. Y los van incorporando naturalmente”, sostuvo Nicoletti.
¿Y qué puede hacer la sociedad para respetar esos derechos?
“Por empezar, arreglar las veredas, respetar los estacionamientos, denunciar las irregularidades, acercarse a las personas con discapacidad para preguntar si necesitan ayuda”, dijo Baltazar. “También hablar con ellos y no sobre ellos, eso es algo que aprendimos. Tener respeto y sensibilidad”, agregó Aldana mientras una mujer se venda los ojos y trata de patear una pelota. Unos segundos de tomar conciencia y ponerse en el lugar del otro. Porque de eso también se trata, de respetar derechos para derribar barreras.