Un pedido sobre ruedas

Andan en skate, bici, rollers o practican longboard. Y todos coinciden en un reclamo: que Santa Rosa les brinde un espacio, un lugar urbano “para no molestar a nadie” en un asfalto cada vez más angosto.
El crecimiento de las ciudades implica un proceso evidente e indisimulable: más cemento, más autos y menos espacio. Santa Rosa es un caso paradigmático, sobre todo en los últimos años en lo cuales su expansión quedó expuesta a esa postal de ritmo urbano. Y en ese paisaje la aparición de quienes practican deportes sobre ruedas se transforma en algo habitual. Ruedas y tablas que sirven para moverse, divertirse, entretenerse, competir y pasarla bien. Solo que la ley de la calle no suele ser muy amable con la presencia de esas tribus que salen a ocupar el (poco) lugar que les queda. Por eso ahora, como desde hace un tiempo, levantan su voz.
“Lo que nosotros pedimos es un espacio para practicar estos deportes, que sea un skate park o un bike park pero que esté bien hecho. La idea es poder estar tranquilos sin molestar a nadie y que no te molesten a vos. Son todas disciplinas que se practican en la calle y por ahí hacés piruetas o saltos y molestás a la gente. Y esa no es la idea, tampoco queremos que nos corran de todos lados”, contó Lucas, uno de los tantos skaters que se ven a diario en la capital pampeana.
La necesidad de tener un espacio propio llevó a la unión de las distintas disciplinas. Los que andan en skate, los bikers, quienes se suben a los rollers o aquellos que se animan al longboard están juntos para lograr algo que hace poco tiempo parecía posible y finalmente terminó en fiasco.
“Hubo todo una movida para hacer el bike park, se juntó dinero, la municipalidad apoyaba pero finalmente todo se diluyó, y acá estamos…”, se resigna Gonzalo mientras se sienta en el cemento de la pista de patín que existe en el playón de las vías del ferrocarril, al lado de una cancha de básquet al aire libre y rodeado de unas plataformas de madera que intentaron ser rampas para saltos. Una imagen de pastos altos, piso desgastado y cara de abandono.
“Vos pasás por acá y te da tristeza verlo así, en cambio podría ser un lugar atractivo para la ciudad, se organizarían festivales, recitales, encuentros, que vengan a competir de otros pueblos y provincias. Se armaría toda una movida que se concentraría en un solo lugar”, destacó Felipe, otro skater que parece tener la tabla adosada al cuerpo.
“Hay un factor importante que es la seguridad, andar en rollers se volvió peligroso. Antes salíamos a la calle y te tiraban los autos y las motos encima, te insultaban, no hay respeto y por eso nos fuimos a la laguna, pero también es peligroso, entonces nos sumamos al reclamo por un lugar específico”, comentó Pedro, cultor del movimiento en patines.
Según los jóvenes desde la municipalidad hay interés por llevar adelante el proyecto y ya hubo reuniones para intentar avances. “Creo que hay una conciencia de que es importante construir una pista porque somos muchos, cualquiera puede verlo en las calles. El tema es que se construya algo bien hecho, que se convoque a arquitectos especializados. Nosotros averiguamos presupuestos y no es algo muy caro. Y el beneficio sería grande”, destacó Lucas.
A inicios de 2015 un grupo de jóvenes se movilizó al Concejo Deliberante para pedirle a los concejales que se construya un skate park. Una fundación había impulsado dos años antes la edificación del espacio e incluso se dictó la ordenanza 4968/2013, que declaró de interés municipal la realización de la pista. Pero el proyecto quedó trunco.
“Hoy si a un chico de 13 ó 14 años le compran un skate los padres no saben adónde llevarlo, vas al parque Oliver o a la laguna pero no son un lugar adecuado, en cambio si hay un skate park vas ahí directo, con gente que va a hacer lo mismo. Se crearía un lugar de pertenencia, como un club porque ahí se pueden encontrar padres, familias, amigos; todos se sentirían más seguros y la movida sería más importante. Y estás al aire libre y sin pagar nada”, propuso Felipe.
En General Pico se construyó un skate park. También en General Acha, por eso los santarroseños quieren su propio lugar. “Hay lugares públicos que están muy buenos para andar, pero muchas veces la policía viene y te saca enseguida, y nosotros no queremos esas situaciones ni molestar a nadie”, recalcó Martín, que muestra su casco y su traje especializado para practicar longboard (tabla larga en inglés). Es un deporte un poco más riesgoso que se practica en calles con pendientes y las tablas son más largas que las de skate. “Es como el surf pero sobre ruedas y en asfalto”, según una rápida definición.
Para Pedro, lo ideal sería que el skate park esté al medio y a su alrededor la pista de patinaje. “El tema es proyectar bien, que se tenga en cuenta a todas las disciplinas y variantes y ponerse de acuerdo entre todos, porque está recontra comprobado que lo mal hecho siempre termina siendo más caro”, advirtió Victoria, una de las muchas chicas que de a poco se van sumando al paisaje urbano de los que se suben a una patineta para “surfear” una ciudad que todavía espera por un espacio de cemento para los que andan sobre ruedas pero sin motor. A pura pierna y pulmones.