Hechicero de las palabras

Lihué Bruno se convirtió en un referente del rap pampeano: organizó las batallas de freestyle, brinda talleres en colegios, sube sus videos a YouTube y sus letras asombran a cientos de docentes o encantan en un encuentro internacional.
Cuando desde el escenario se escuchó la última palabra, las más de 600 docentes de toda La Pampa espontáneamente se pusieron de pie y aplaudieron asombradas. En un puñado de minutos Lihué había hechizado a una multitud y de esa manera se abría el II Congreso Provincial de Educación Inclusiva. El rap como forma de decir, de expresar, de sentir. El rap adolescente ante los ojos y oídos de quienes día a día educan y conviven con chicos y chicas con discapacidad.
“Me pidieron una letra para el Congreso y la propuesta me llegó mucho. Es algo que me gustó escribirlo, tuve libertad total y me emocionó por la temática que tocó, que es la discapacidad. Por suerte a quienes estuvieron ahí les gustó y lo recibieron muy bien”, cuenta Lihué sobre ‘En el fondo del aula’, el tema que mostró junto a Facundo Vázquez en la guitarra, Jeremías Gadan en el beatbox y Lautaro Tula en el violín y que dejó a una platea con las palmas enrojecidas.
Lihué Bruno tiene 17 años, cursa las últimas semanas del secundario en el colegio de la UNLPam y ya se prepara para emigrar a Capital Federal para estudiar Comunicación Social en la Universidad de Buenos Aires (UBA). A ese muy breve currículum vale la pena agregarle un detalle: en poco tiempo y casi sin darse cuenta se erigió en un referente de esa movida que nació en los inicios de los ’70 y que después de una presencia permanente en la cultura callejera finalmente tuvo, sobre todo en la Argentina, su explosión popular.
“Yo de teoría musical no sé nada, siempre me gustó la música, pero no sé nada de manera académica”, aclara de entrada Lihué. “Fui escuchando de todo: rock nacional, mucho heavy metal, y después me fui metiendo con el folclore, especialmente José Larralde. También me enganché mucho con Calle 13, con esa mezcla de tantos estilos que tienen. En 2015 teníamos que hacer un cortometraje para el colegio y elegimos el rap. El guión era acerca de un chico que escuchaba folclore y lo invitaban a un evento de rap y terminaba rapeando. Desde ahí nos fuimos metiendo en ese mundo con mis amigos y nos hicimos adictos al freestyle. Yo me metí cada vez más hasta que pasamos a organizar las competencias en el Oliver”.
Durante el año pasado las batallas de raperos en el parque Oliver santarroseño crecieron hasta desbordar de público en un evento que nació entre unos pocos y se masificó hasta lo inimaginable. La onda expansiva del trap -un subgénero que es una mezcla oscura de hip hop con reggaetón y música electrónica- ayudó también a multiplicar ese gusto de miles de adolescentes por esas palabras disparadas como una metralleta en desafíos cara a cara ante el rugido de la multitud.
“Llegó un punto en que en todas las fechas había que traer a un famoso para mantener el nivel, era muy difícil superarnos, así que no se hicieron más esas batallas. En los últimos tres años el rap se masificó tanto que llegó a distintos niveles sociales y culturales. Se generó mucha diversidad de estilos y formas. El rap convive con el trap, con el reggaetón. Como sucede con los movimientos culturales traen cosas positivas y otras no tanto, lo importante es convivir y dejar que la libre expresión sea lo más importante”.
¿Y en tu caso para qué te sirve el rap?
“Lo que más me gusta es que sin saber de música podés contar muchas cosas, hablar de temas súper variados, te da muchas libertades para expresarte. En mi caso muchas cosas que aprendo en el colegio las uso para mis canciones, por ejemplo en ‘Humanidad’ (la canción con el último video que Lihué subió a YouTube) me inspiré en la materia Historia. Lo bueno es que de parte del colegio tengo mucho apoyo. Cuando tengo que faltar me tienen consideración, por ejemplo para dar un taller, me estimulan y en los actos del colegio siempre me tienen en cuenta para hacer algo”, valora quien fue convocado por distintos secundarios santarroseños y de Toay para dictar talleres sobre los secretos del rap.
En agosto pasado Lihué también fue convocado por el Gobierno provincial para presentarse en la Expo Tecno que se hizo en General Pico. “Luz Lardone -directora general de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva- me invitó y como le gustó mucho lo que hice me llamó después para un video oficial de la Provincia en un encuentro internacional”, cuenta el rapero sobre la Cumbre Mundial de Políticas Públicas que se hizo a principios de octubre en Salta.
En ese video, que está subido al Facebook de Lihué, se muestran imágenes de La Pampa mientras se escucha la letra y música que el rapero realizó junto a su amigo Facu Vázquez.”En poco más de un minuto había que exponer aspectos generales de la provincia apuntando al progreso y al desarrollo. La verdad es que fue un honor haber representado a la provincia en una cumbre internacional”.
El pasado sábado Lihué estuvo en el Encuentro de Jóvenes que la Municipalidad organizó en el Prado Español. Allí estrenó una canción y nuevamente mostró su hechizo, ese que lo ayuda a expresarse. “Hoy lo que pienso es que mientras no sea una responsabilidad total lo voy a hacer, el día que no lo disfrute o sea un peso iré por otro camino. El rap es para disfrutarlo, expresarme y decir lo que me pasa y tratar de ayudar a cambiar algunas cosas. Con eso alcanza”.

“Un cambio necesario”
En el rap la presencia masculina es ampliamente mayoritaria. Y en muchos casos las letras están cargadas de un machismo del que Lihué, como muchos otros, reniega. “Cuando yo empecé a rapear, el feminismo no tenía el camino que recorrió en los últimos dos años y que, por suerte, modificó tanto las cosas. Las batallas de gallos (competencias entre raperos) son muy machistas, está muy presente el rol del hombre, de la masculinidad, y eso va quedando claramente fuera de lugar. Seguramente la tendencia irá hacia un cambio que se impone, que es necesario”.