“Viajar te abre la cabeza”

Valentina Hirschfeld salió por primera vez del país para un viaje a Estados Unidos junto a adolescentes de distintos países. “Conocer otras culturas y otras formas de vida te hace más tolerante”, resaltó.
“Cuando yo me anoté para aplicar al programa no lo hice pensando en si me iban a elegir o no. Lo hice porque lo sentí, y eso está bueno, poder hacer las cosas sin esperar que haya una recompensa”. Valentina cuenta cada detalle, explica y enumera las actividades y entusiasma a quien la escucha con las vivencias de su viaje. Está por entrar a su aula del colegio Clemente Andrada (ex Normal) de Santa Rosa pero aún tiene frescos sus paseos por Seattle y Washington.
“El día que salí de mi casa no daba más de los nervios, era consciente de que la experiencia que se venía era súper importante y aparte era la primera vez que subía a un avión y encima para viajar al exterior. Tuve la suerte de que mis viejos pudieron ir a despedirme a Ezeiza así que eso me dejó más tranquila”, recordó Valentina Hirschfeld, que a sus 17 años fue elegida para el grupo de 13 adolescentes argentinos que participaron del programa “Youth Ambassadors” (Jóvenes embajadores) de la organización Wolrd Learning.
Su experiencia en voluntariado junto a la fundación Estrellas Amarillas, el promedio en las notas escolares en un colegio público (uno de los requisitos), el manejo del Inglés y la impronta para llevar adelante sus iniciativas le dieron la chance de obtener esta oportunidad. De otra forma, “hubiese sido imposible afrontar”, según reconoció Valentina, que tiene tres hermanos menores, un padre que es trabajador gráfico en los talleres de impresión de LA ARENA y una madre que se desempeña como bibliotecaria.
“Durante todo el programa se habló mucho de multiculturalismo y la mayoría de las actividades estaban relacionadas con esa temática. Conocimos a chicos de Honduras, El Salvador y Guatemala que son inmigrantes ilegales pero que se fueron de sus países por una cuestión de inseguridad”, contó la joven santarroseña que,mientras transita el último año del secundario, planifica el probable inicio de su carrera universitaria en licenciatura en Física.
Ese contacto con el multiculturalismo también le generó un impacto en su forma de pensar y actuar. “Conocimos bastante sobre los musulmanes, y aprender sobre una cultura tan diferente a la nuestra te lleva a ser más empático y tolerante porque te das cuenta de que la realidad que vos tenés no es la única. Aprendés a mirar las cosas desde otro punto de vista”.
¿Y cómo se vive la cuestión inmigratoria desde que Donald Trump asumió como presidente?
“Una de las ciudades en las que estuve fue Seattle, que es como bastante progresista y abierta. Y ahí la gente está muy preocupada, muchos se quieren ir del país porque se sienten muy avergonzados de que el resto del mundo tenga esa imagen de Estados Unidos. Hay mucho descontento, al menos eso es lo que pude percibir”.
El compromiso que asumió Valentina luego del periplo por el país del norte es aplicar dentro de su comunidad buena parte de lo aprendido. Y en esa instancia trabaja junto a otras tres chicas con las que compartió la experiencia. “Estamos elaborando un proyecto junto a una chica de Tucumán, una de Río Negro y una de Santa Fe. Tiene que ser un proyecto de impacto social, por eso nuestro trabajo se orienta hacia el compromiso cívico y la prevención de trastornos emocionales. Todo relacionado a la educación”, detalló sobre los primeros pasos del plan.
El programa duró un total de 28 días: cinco estuvo en Charlottesville, 12 vivió en Seattle y otros 10 días en Washington D.C. Se alojó en un hostel, en la casa de una familia anfitriona y en un centro de conferencias.
¿Qué diferencias encontraste con los adolescentes estadounidenses?
“Las diferencias respecto a las formas de diversión son muy distintas, o al menos los controles. Allá el alcohol está permitido a partir de los 21, y para pasar a los night club que vendrían a ser los boliches tenés que tener 18 años. Obviamente que siempre le buscan la vuelta pero están mucho más controlados. Generalmente las salidas que tienen o las formas de divertirse son más sanas. Nosotros por ejemplo tuvimos la oportunidad de ir a una fiesta y tenían DJ, metegol, cabina de fotos, comida, etc. pero nada de alcohol ni drogas. De igual modo todo esto no quiere decir que no haya tráfico de drogas y adolescentes que las consuman”.
Antes de viajar Valentina se puso en contacto con Tobías Martín, un chico del colegio 9 de Julio que el año pasado pasó por la misma experiencia tras haber sido seleccionado entre cientos de adolescentes del país.
“El programa está muy bueno, por eso quisiera motivar a más gente a que se comprometa. Cuando hablé con Tobías le dije que ni me imaginaba tener chances, pero él me dijo que tenía que confiar en mis posibilidades, que si a él lo eligieron también podían elegirme a mí… y al final tuvo razón. Al principio fue un shock”, recordó ya relajada.
Valentina rescata una y otra vez la posibilidad de vivir una experiencia diferente, que resulta transformadora en muchos aspectos. “Compartir con gente que no tiene las mismas ideas te da otra apertura a la tolerancia y al respeto. Definitivamente el hecho de viajar y conocer te cambia la visión. Te abre la cabeza”.
“No te queda otra que hablar”
Uno de los requisitos para aplicar al programa “Jóvenes Embajadores” es manejar el idioma inglés. Valentina comenzó a estudiarlo durante el secundario, pero eso no le impidió manejarse sin problemas. “Es el quinto año que estudio Inglés, no es que empecé desde chica. Antes de viajar estaba insegura y re nerviosa pero la verdad que me manejé súper bien. Es el mejor aprendizaje: estar con quienes lo hablan naturalmente porque te afianza. Y ahí no es como en una clase, o lo hablás o lo hablás, así que fue la mejor manera de aprender”.