miércoles, 24 febrero 2021
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Una bomba contra la libertad de expresión

HACE 45 AÑOS, GRUPOS ANTIDEMOCRATICOS ATENTABAN CONTRA LA SEDE DE LA ARENA

Durante la madrugada del 3 de agosto de 1975, desconocidos depositaron un artefacto explosivo en el edificio del diario, ubicado en la calle 25 de Mayo 336, que explotó dañando la fachada y las oficinas.

La historia de LA ARENA, que arribó a sus 87 años de vida, está cargada de hitos pero también de episodios oscuros. Uno de ellos remonta a los años violentos que atravesó el país en 1975, período previo al golpe de Estado que se consumó el 24 de marzo del año siguiente, y que también tuvieron su eco en la capital de La Pampa.

El conflicto social, motivado por la profunda crisis económica que arrasaba al país producto de las medidas impopulares, desencadenó en una violencia política que se instaló en las calles y se materializaba en atentados.

La prensa no fue ajena a ese contexto sufrió fuertes presiones bajo métodos tanto legales como ilegales. El malestar de la sociedad fue reflejado en las páginas de LA ARENA y eso “le costó

caro”. Fue así que comenzaron las detenciones arbitrarias, como los casos de Raúl Celso D’atri y Saúl Santesteban, las

amenazas y los allanamientos a la sede del diario.

Fatídica noche.

Sin embargo, el peor ataque ocurrió a principios de agosto. A las 2.20 de la madrugada del domingo 3, desconocidos depositaron un artefacto explosivo en el edificio del diario, ubicado en la calle 25 de Mayo 336, que explotó dañando la fachada y las oficinas.

De esta manera, los autores lograron destruir gran parte del edificio. A su vez, la planta baja quedó desmantelada junto con el área de administración. Del lado de la calle, gran cantidad de material cubrió el pavimento.

El estallido se sintió en toda la ciudad y, poco tiempo después, llegó una importante cantidad de efectivos policiales y bomberos, que trabajaron en el lugar y se aseguraron de que la planta alta no se derrumbara. También se acercó el jefe del Destacamento 101 de Toay, el coronel Ramón Camps, y una hora después lo hizo el gobernador Aquiles Regazzoli. A su vez, la población también rodeó el edificio para observar los restos de la

explosión.

Afortunadamente no se registraron heridos, debido a que en aquel entonces los sábados no se trabajaba y los empleados llegaron recién el domingo por la mañana.

Claro mensaje.

El mensaje era claro y estaba dirigido hacia sus periodistas. No se podía hablar de ciertas cosas y, si insistían, iban a sufrir las consecuencias. Por estos motivos, intentaban acallar una voz crítica con maniobras extremadamente violentas. Sin embargo, los autores no lograron su cometido: el diario se siguió imprimiendo de manera ininterrumpida y su línea editorial no cambió el eje.

El atentado, uno de los peores ataques a la libertad de prensa que se registró en la provincia, fue en un contexto donde el justicialismo local disputaba una fuerte interna, mientras que el país atravesaba una crisis y la banda terrorista de ultraderecha, denominada Alianza Anticomunista Argentina (Triple A), comenzaba ganar terreno.

Si bien el ataque provocó indignación y generó diversas expresiones de solidaridad y condena, nunca se pudo develar quiénes fueron los autores del hecho. En aquella época, las preguntas comenzaron a surgir, al igual que las conjeturas, debido a que la utilización de la violencia para imponer y acallar voces era moneda corriente.

De todas maneras, había hipótesis concretas. Era sabido que la línea editorial de LA ARENA tenía enemigos y eso quedó demostrado en marzo de ese año, cuando el diario recibió escritos con amenazas firmados por la Triple A.

Por otro lado, un sindicalista del justicialismo local que se hizo presente luego del atentado y lo calificó como una “maniobra diabólica” por haberse producido justo cuando se daba el enfrentamiento del diario con la dirigencia gremial. Tampoco era lejana la idea de que se había tratado de un grupo armado foráneo, una presunción que se tuvo en cuenta por la magnitud de la explosión y el material empleado en el artefacto.

Cuatro décadas después.

El trasfondo del ataque fue interpretado por el director del diario Saúl Santesteban en su editorial del 13 de agosto: “El atentado indudablemente no tiene en LA ARENA un fin exclusivo ni una razón personal”, sino que “sufrió en su edificio la consecuencia física, pero el impacto afectó a toda La Pampa, a sus instituciones, a su gente, a su historia, a su sana costumbre de convivencia aún en la más ardorosa y diametral discrepancia”. En ese sentido, reclamó “la unidad sin deserciones de todas las fuerzas y sectores” por “el rechazo más decidido por esta variante de desenfrenada violencia”.

Con el correr de los años, y tras sufrir en carne propia los métodos empleados por la dictadura militar incluso previo al golpe de Estado de 1976, la dirección del diario confirmó que el atentado sufrido había sido planificado y concretado por sectores antidemocráticos para imponer un estado de terror en la población y acallar a la prensa independiente.

A 45 años, el hecho sigue vigente en la memoria de quienes pasamos por esta redacción y es nuestro compromiso evitar que se vuelva a violentar la libertad de expresión.