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A treinta años del derrumbe

La caída, derrumbe, apertura del Muro de Berlín, de la cual se cumplieron ayer 30 años, prácticamente el mismo tiempo en que existió, simboliza el final de la Guerra Fría.
Aldo Fabio Alonso *
La «pared» que dividió dos mundos fue el principal reflejo del conflicto entre el occidente capitalista y el este comunista desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta la disolución de la Unión Soviética ¿Cuáles fueron las razones que llevaron a su levantamiento y los hechos políticos y sociales que acabaron con la muralla?
En una visita a Estados Unidos en marzo de 1946, el ex Primer Ministro británico Winston Churchill había definido la situación de Europa, después de sufrir el peor conflicto bélico de la Historia: «Un telón de acero ha caído sobre el continente, desde Stettin en el Báltico hasta Trieste en el Adriático». Aludía a una frontera no solo física sino ideológica que dividía al continente en dos bloques. El presidente norteamericano Harry Truman expuso un año después las líneas de la nueva política exterior de Estados Unidos -la doctrina Truman-, que abandonaba la colaboración pacífica con la Unión Soviética que preconizó su antecesor Franklin D. Roosevelt. Establecía así la disuasión militar como eje de una política de contención frente a la Rusia soviética. La carrera armamentista y la amenazadora sombra de las armas nucleares con su poder destructivo determinarían los parámetros del nuevo conflicto.

Tensiones.
La Guerra Fría fue ese complejo sistema de relaciones internacionales de la segunda posguerra, caracterizado por la pugna entre dos superpotencias por la hegemonía mundial y un clima de hostilidad y peligro entre dos grandes bloques geopolíticos. El «bloque occidental» era liderado por Estados Unidos (EEUU) mientras el «bloque oriental» por la Unión Soviética (URSS). Se trató de un sistema bipolar, en tensión permanente para alcanzar un equilibrio estratégico, siguiendo una política de riesgos calculados y en donde las diferencias discursivas se exponían en los foros internacionales, como las Naciones Unidas.
La aparición de este enfrentamiento ocultó una analogía entre ambas partes, pues ambos lados utilizaban y se beneficiaban de la disputa dentro de sus propias áreas de influencia, para mantener su modelo de orden social. El recurso del «enemigo externo» (comunismo internacional o imperialismo capitalista) servía de justificación para exigir obediencia y combatir opositores internos.

«Telón de cemento».
Los acuerdos de la Conferencia de Potsdam de julio de 1945 establecieron la división de Alemania en cuatro zonas ocupadas provisoriamente por las potencias vencedoras (Reino Unido, Francia, Estados Unidos y la Unión Soviética) y abrieron la puerta a prontas divergencias que terminarían desgarrando el país, con Berlín como su punto más sensible. En esa ciudad, donde se instaló el Consejo de Administración Aliado, se utilizó el mismo criterio con la particularidad de que se encontraba dentro del territorio controlado por los soviéticos, lo cual le daba un peso estratégico y político de primera magnitud. A la vez, suponía una avanzada capitalista en el corazón mismo del proyectado bloque comunista y con el funcionamiento de una base militar norteamericana con 12 mil soldados.
La tensión fue en ascenso provocando la crisis de 1948. La unión de las zonas norteamericana y británica (la «bizona» de enero de 1947 con gobierno propio) y el establecimiento de instituciones democráticas (con la posibilidad de incorporar la zona francesa) preocuparon a Stalin, quien temía por la utilización del poder industrial del Ruhr contra la URSS. Además, el viejo marco del Reich había perdido casi todo su valor – chocolates y cigarrillos eran las monedas de cambio-, y el trueque funcionaba plenamente.
La reforma monetaria tenía urgencia pero se hizo en términos inaceptables para la URSS. Ante el fracaso de la Conferencia de Londres en diciembre de 1947, la reacción fue inmediata: la administración militar soviético anunció la intención de controlar todos los transportes que llegaran a la zona occidental de Berlín. El 24 de junio de 1948, la URSS inició el bloqueo de todas las comunicaciones por vía férrea o carreteras. Sabía que Berlín occidental no podría sobrevivir mucho tiempo sin la ayuda exterior, lo cual le otorgaba una carta para la negociación. Sin embargo, contra el pronóstico de la rendición de esa parte de la ciudad, los norteamericanos pusieron en marcha una gran operación de logística: el abastecimiento por el aire. El suministro de 8 mil toneladas diarias de víveres y carbón fue un enorme éxito y pronto Stalin se dio cuenta que había perdido la partida.
El puente aéreo se extendió hasta el 12 de mayo de 1949 y la administración cuadripartita no volvió a ser convocada. A partir de ese momento Berlín quedó dividido en dos sectores y dos municipalidades enfrentadas.

Las dos alemanias.
El sector oriental de la ciudad se vio cada vez más perjudicado. A finales de los años cincuenta, de los dos millones de personas que se calculaba que pasaban diariamente de un lado a otro de la ciudad, más de 50 mil trabajaban en la zona occidental pero consumían en el este, con lo cual se generaba una demanda imposible de abastecer por las autoridades comunistas. Esto sin contar el caos derivado de la circulación de dos monedas distintas.
La crisis de Berlín creó las condiciones para la fundación de un Estado federal alemán en 1949. Las tres partes formaron una sola área gobernada por la República Federal Alemana (RFA). El área oriental quedó bajo la jurisdicción de la llamada desde entonces República Democrática Alemana (RDA). Esta división se originó por las diferencias entre los países que habían colocado a Alemania bajo su supervisión, a partir de 1945. Los soviéticos reaccionaron una vez más ante la unificación del sector occidental bajo los principios democráticos liberales y una economía capitalista, incluyendo la misma moneda.
Fueron los cambios en la política occidental los que propiciaron en gran medida la creación de las «dos Alemanias» que darían lugar a dos modelos políticos divergentes.
En los años siguientes, la zona occidental empezó a prosperar mientras que el lado soviético sufrió problemas económicos. Esto ocasionó que miles de berlineses que vivían bajo el régimen comunista migraran al Berlín occidental. La sangría demográfica era insostenible y los gobernantes alemanes, con apoyo de Moscú, optaron por la vía radical del cierre de la frontera. En la noche del 12 de agosto de 1961 tropas del ejército y voluntarios del partido y del sindicato cerraron 69 de los 81 pasos entre los dos sectores berlineses mediante alambradas de espinos y más tarde levantaron una pared de hormigón de entre 3,5 y 4 metros de altura, con un interior formado por cables de acero para aumentar su resistencia. La Guerra Fría había alcanzado su temperatura glaciar.

Agujeros.
En la década de 1980, la Unión Soviética se había quedado sin aire: económicamente débil y políticamente extralimitada, no podía hacer frente a los gastos militares en el mismo nivel que Estados Unidos. Los problemas internos hicieron que también se relajara su presencia internacional, como ocurrió en Europa del Este, incluyendo la RDA.
La caída del muro tuvo su origen no en presiones internas sino en la apertura de las fronteras entre Austria y Hungría en mayo de 1989. El primero de esos países pertenecía al bloque occidental, mientras que Hungría era parte del bloque oriental, pero con el nuevo gobierno reformista empezó a desmantelar la frontera con Austria y suspender la exigencia de visado germano-oriental para los viajes a Occidente.
Ante esta apertura, cada vez más alemanes orientales viajaban a Hungría para, a través de esa ruta, pedir asilo en las distintas embajadas de la RFA; también en Praga y Varsovia. Esto molestó al gobierno de la Alemania Oriental y reforzó las restricciones.
La situación derivó en una crisis. Entonces, miles de alemanes del este empezaron a manifestarse pacíficamente en varias ciudades de la RDA exigiendo la libre circulación en la frontera. La revolución germano-oriental del otoño de 1989 incluyó múltiples protestas que obligaron al gobierno a anunciar que el paso hacia el oeste estaba permitido. Era el 9 de noviembre.

9 de noviembre.
El hecho desencadenante fue la confusión de un portavoz del gobierno en una conferencia de prensa en la que, con el afán de calmar los ánimos de la población que masivamente ocupaba las calles, daba a conocer la nueva norma que permitía salir del país sin requisitos previos y durante cuatro semanas al año.
Esa misma noche, miles de personas se agolparon en los puntos de control para cruzar a Berlín occidental. Una confundida guardia fronteriza que no tenía órdenes precisas de cómo actuar, dejó pasar a los primeros berlineses del este, quienes fueron recibidos al otro lado -entre abrazos y gestos efusivos de bienvenida- por una multitud de alemanes occidentales que habían llegado al lugar enterados de la noticia.
La euforia se prolongó durante los siguientes días. La madrugada del 10 noviembre varios miles de alemanes de ambas partes arremetió contra el muro con picos, cinceles y martillos. Encaramados sobre la valla de concreto o apostados en sus bases empezaron a abrir las grietas de su caída física definitiva. Las imágenes dieron la vuelta al mundo y alentaron revoluciones en países del eje socialista en Europa que luego se desvincularon de la influencia soviética. Casi un año después, el 3 de octubre de 1990, Alemania concretó su reunificación con la fusión de la RDA y RFA en un solo Estado.

«Adiós a todo eso».
La competencia entre EEUU y la URSS, con modelos políticos, económicos y sociales antagónicos, y el propósito de convertirse en la potencia hegemónica en el nuevo orden mundial, frustró cualquier acuerdo. Alemania y Berlín sufrirían las consecuencias de ese enfrentamiento. El Muro de Berlín partió en dos a la capital germana y se convirtió en el símbolo de la división del pueblo alemán durante la Guerra Fría.
Familias y amigos se encontraron divididos por los que parecían miles de kilómetros, y no los escasos metros que en realidad eran. Se configuraron dos sistemas políticos y socioeconómicos muy diferentes. Veintiocho años después de su construcción, cayó en la noche del jueves 9 al viernes 10 de noviembre de 1989. Una de las grandes heridas del siglo XX comenzaba su cicatrización.
La caída del Muro fue premonitoria. Los regímenes comunistas se desmoronaron en los siguientes años. Los países de Europa central y oriental experimentaron frenéticas transformaciones políticas, económicas y sociales. Desaparecido el anterior orden bipolar, surgirían nuevos equilibrios geopolíticos y se desarrollarían nuevas dinámicas en las relaciones internacionales.

* Doctor en Historia (UNLPam)