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Adivina, adivinador

SEXUALIDAD – LA IMPORTANCIA DEL DIALOGO

En este artículo podremos encontrar lo que significará no adivinar, sino comenzar a preguntarnos quiénes creemos que somos, qué sentimos y qué nos gusta. A mirarnos de una manera distinta y poder mostrarnos tal cual somos hoy.

Dr. Daniel Rodríguez *

Frases como “dejate llevar nena, porque él es hombre y sabe”, seguramente acompañaron a nuestras abuelas y madres. Desde los principios de la historia amatoria y sexual, la sociedad en gran parte del mundo acarrea estos viejos conceptos: la mujer debe adoptar una actitud pasiva en la cama y el varón será, por supuesto, el activo. Concepto que trae consigo la enorme carga que supone que como varones deben conocer cada punto de placer o displacer de cada mujer con la que se encuentren, y por ende tener la responsabilidad de lograr el objetivo. Hay que saber lo que a ella le gusta y la otra persona también tendrá la obligación de saber lo que a él le gusta. Cuando hablamos de parejas homosexuales sucede lo mismo. ¿Curioso? No tanto si lo pensamos desde el punto de vista que –independientemente de la orientación sexual–, han sido educados y formados bajo los mismos preceptos.

Desde pequeños, debido a la insuficiente y muchas veces desastrosa educación sexual recibida en la familia y en la sociedad, los varones y mujeres crecen con conceptos tan equivocados como que “el otro debe saber” y casi adivinar los gustos, deseos y placeres.

La construcción de la identidad sexual comienza en los últimos meses del embarazo para afianzarse durante el primer año de vida, como etapa más importante. Es decir que desde pequeños comienza a escribirse en el libro de emociones y sensaciones todas las actitudes y creencias que luego acompañarán en la vida, casi como se llama hoy, la construcción de nuestros juicios maestros. Esto quiere decir, todas aquellas verdades que se dan por absolutas sin plantearse de adultos si son ciertas o no.

Diálogo sincero.

Suele creerse, que como varones y mujeres comparten un sinfín de similitudes, entre las que se encuentra lo referente a la sexualidad, se debe casi con obligación conocer todo lo que a la otra persona le sucede, prefiere y siente. Suele olvidarse también el principio de que todos y todas son diferentes y que cada ser es una unidad tan compleja en emociones y sentimientos que es casi imposible llegar a conocer qué sucede y sobre todo qué le produce el o la compañera sexual.

Desde el inicio de las diferentes prácticas sexuales, como la masturbación o las relaciones sexuales, todas las personas van atravesando un sinfín de transformaciones que pueden de a poco ir cambiando sus gustos y preferencias. Mucho se puede hablar de lo que experimentan a lo largo de los años y cuan atrás quedan algunas prácticas o preferencias que dan lugar a nuevas experiencias y sensaciones.

Cuando hablamos de qué camino tomar, si no quiero adivinar debo pensar en el diálogo. Se cree que durante los encuentros amorosos el diálogo no tiene espacio pero considero que es tan importante como todo lo demás. Creo también que es el diálogo sincero el que va guiando a las personas al encuentro efectivo de las sensaciones más placenteras, y que a poco de andar la pareja, se puede comprobar con la exteriorización del placer lo acertado o no que están en ese camino.

El diálogo sexual permite también calmar las ansiedades de las expectativas impuestas por ellos mismos o por esa mala formación fruto de la educación o la pornografía, tan presente en la mayoría de las personas jóvenes. Y sobre todo, que los lleva a pensar que cada encuentro sexual debe ser una copia fiel de lo que vieron y que sus cuerpos, con los tamaños y rendimiento, deben ser lo único que debe existir para poder ‘ser’.

Profecía autocumplida.

La ansiedad es uno de los requisitos fundamentales que casi nunca está ausente en los primeros encuentros donde las personas imaginan con anterioridad qué les va a pasar y cómo deben comportarse para lograr el objetivo. Allí entran en juego todas las experiencias anteriores que han condicionado o no a las personas. Si tuvieron casi siempre buenas experiencias, esto actuará como estimulador de la confianza; pero si las experiencias anteriores fueron en algo frustrantes, el cerebro comienza a enviar claras señales y avisa que puede suceder otra vez. Esto es lo que en sexualidad se llama profecía autocumplida. Claros fracasos de estos encuentros son estas actitudes donde se piensa que como ya les pasó, les volverá a suceder. Así las personas comienzan en ese círculo vicioso del que no siempre resulta fácil salir.

Si en cambio la persona que llega a ese encuentro con la ya sabida ansiedad, se permite no sólo reconocerla sino hacerla consciente y la puede manifestar por medio de ese diálogo sincero, las posibilidades de convertir ese primer encuentro en algo maravilloso donde salga lo mejor de cada uno, serán muchísimas.

Si hablamos en cambio de parejas ya establecidas que llevan un largo camino recorrido, no solamente en lo sexual, el diálogo les permitirá conocer todos los cambios que se producen fruto de las experiencias personales, familiares y también de aquellas fruto del paso de los años. Cada integrante de la pareja está expuesto a múltiples experiencias similares, como la convivencia, la llegada de los hijos, el concretar sueños y proyectos, la partida de los hijos, el trabajo y por supuesto los cambios fisiológicos. Estos les hacen cambiar de personas vitales y plenas en sentido reproductivo, a personas donde la sexualidad se expresará solamente en el sentido del placer y ya no en la búsqueda de la descendencia.

Para las mujeres es de vital importancia poder ser transitado este proceso con el buen acompañamiento médico, psicológico y por supuesto de su compañero o compañera de vida, ya que la comprensión de sus cambios, no sólo a nivel físico sino a nivel emocional, le permitirá continuar y mejorar su vida sexual. Tras la menopausia las mujeres tienen la posibilidad de conocerse en un sentido más amplio y no antes explorado, ya que tener la conciencia de que a partir de este momento sus encuentros sexuales estarán libres de la posibilidad de un embarazo, abre una puerta gigante de nuevas sensaciones y placeres.

Al leer este artículo podemos encontrar algunos puntos que nos resulten más afines que otros, o cercanos a nuestra situación de vida actual. Algo de lo que leímos nos puede haber disparado una emoción o un recuerdo. Podemos encontrar, sobretodo, lo que significará no adivinar, sino comenzar a preguntarnos quiénes creemos que somos, qué sentimos y qué nos gusta. A mirarnos de una manera distinta, y poder mostrarnos tal cual creemos que somos hoy. Solo así, sin querer que nos adivinen, y solo así, sin pretender adivinar, nos animaremos a vivir una sexualidad más plena, más consciente y sobre todo más real.

¿Adivina, adivinador? No, gracias. A ese juego no lo juego señor.

*Médico M.P. 1097