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Alpargatas y libros

Pablo Fontana fundó lo que él denomina la primera cooperativa gráfica «con todos los papeles» en regla de La Pampa. En esta entrevista, cuenta cómo es, en un mundo tecnologizado, llevar adelante un proyecto como Cooperativa Visión 7 y su línea editora 7Sellos.
Daniel Pellegrino y Jorge Warley *
Hace unos años un periodista -cuyas inquietudes eran zamarreadas por los embates de la nuevas tecnologías audiovisuales e informáticas- le preguntó al escritor Umberto Eco si no estaba pronto el día en que los libros dejarían de existir. El autor de La estrategia de la ilusión le contestó que es difícil para los hombres tentar las profecías, pero que lo que podía asegurar es que los grandes inventos, los saltos creativos de la especie humana llegaron para quedarse, y que por lo tanto había adquisiciones evolutivas que difícilmente alguna vez pasaran al olvido. Para ilustrar su punto de vista mencionó dos ejemplos bien conocidos: la cuchara y el libro.
Y la razón parece estar del lado del italiano. Del mismo modo que el advenimiento del plástico no ha hecho sino multiplicar por millones a las cucharas, otro tanto es el derrotero seguido por la criatura de Johannes Gutenberg.
Alguna vez los pesados tomos de la antigüedad tomaron la forma de más baratos y portables libros de bolsillo; se desmembraron en fascículos para, después de vagar por los quioscos, volver a reunirse en un cuerpo único gracias a las aventuras de Boris Spivacow y el Centro Editor de América Latina; se inventaron los pequeños sellos que ofrecen democráticamente que cada quien pueda editar su obra por un precio módico; advinieron los e.books como si fueran alienígenas hostiles; llegaron las impresoras personales que tentaron a más de un poeta de oficina a ir robándose de a poco una resma de A4 de su lugar de trabajo para que sus sueños líricos accedieran a la realidad del mercado; las viejas historietas adquirieron prestigio y sumaron galones aristocráticos convirtiéndose en «novelas gráficas»… En fin, infinitas mutaciones pueden consignarse y seguramente toda lista que intente capturarlas resultará incompleta, pero más allá de los cambios de piel, el libro en papel sigue vivito y coleando. Todo aquello que no lo mató terminó fortaleciéndolo.
No serán las ventas de antaño, claro, aquellas época en la que Gabriel García Márquez y Julio Cortázar agotaban ediciones de decenas de miles en un par de semanas, o cuando las editoriales argentinas reinaban en Hispanoamérica; tampoco la de aquellos años de la expansión imperialista de los bestseller, el periodismo de investigación y la autaoayuda; tampoco las irrupciones excepcionales de tsunamis del tipo Harry Porter, pero en su medida y armoniosamente, los libros siguen marchando por los más disímiles territorios del planeta con paso diverso.
La Pampa no es la excepción.

La primera.
Con un orgullo que se le escapa a través de la sonrisa que asoma entre los pelos de su barba, Pablo Fontana dice que han fundado la primera cooperativa gráfica, «con todos los papeles» en regla, de La Pampa. Ello ocurrió en el año 2005 cuando cuatro de los siete integrantes de la cooperativa dejaron de trabajar en un empresa privada del rubro porque el empleo se precarizaba, » nos pedían que renunciáramos a la indemnización y pasáramos a ser monotributistas». Entonces se juntaron con otros compañeros que se hallaban en parecida situación y decidieron largarse por el propio camino del emprendimiento. La mayoría de ellos ya cargaba con quince años de experiencia gráfica. Intentaron con un préstamo de la Provincia pero no hubo aceptación de la propuesta. «Así que con unos poquitos pesos que teníamos, más otros que nos prestaron familiares compramos una maquinaria básica, empezamos a trabajar en los fondos de una casa de los compañeros, en un lavadero, los diseñadores trabajaban cada uno en su domicilio. Estuvimos dos años así hasta que pudimos alquilar un lugar».
En la página web de la cooperativa las etapas iniciales se cuentan en tono emotivo: «Después vimos la orilla de ese océano infinito que es el cooperativismo. Conocimos a Fede Toniarelli del Bauen (hotel de la ciudad de Buenos Aires), a compañeros de la recuperada Zanón (hoy FaSinPat), al valioso José Orbaiceta. Ya en el 2005 participamos en encuentros de cooperativas de trabajo a nivel nacional, nos integramos a la Red Gráfica Cooperativa y en 2013 fuimos parte de su mesa directiva. También nos asociamos a FACTA (Federación de Cooperativas de Trabajadores Autogestionados). A fines del 2005 el Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social (IAES) nos concedió la matrícula».

Editores.
La historia de la cooperativa sigue hasta su próximo y soñado hito, la creación de la editorial 7Sellos en octubre de 2015.
«Veníamos haciendo libros para terceros y notábamos que la gente quedaba más o menos conforme, nos gustaba hacerlos, que era un trabajo que implica un proceso que pasa por todos los estamentos de la gráfica. A partir de ahí se nos ocurrió trabajar como una editorial. Presentamos un proyecto integral en tres ministerios de la Nación: Desarrollo Social, Industria y Trabajo. Nos llevó un año largo de gestiones; una parte del dinero provino del tesoro nacional y otra del BID (Banco Interamericano de Desarrollo). Compramos más máquinas de las que teníamos previsto comprar, y nos largarnos a hacer libros sin temor y sin tercerizar ninguna etapa del proceso».

P: -¿Los libros que ustedes hacen lo siguen pagando los autores?
P.F.: -Sí, aunque tenemos mezclas. Algunas cosas la editan los autores, otras nosotros, otras son acuerdos conversados con el autor; depende del olfato que veamos en el mercado, es decir, si puede funcionar bien la venta del libro.

P: -¿Cuántos títulos llevan editados?
P.F.: -Con nuestro sello entre doce y quince libros. Hay ensayo, novela, poesía. Hoy por hoy no podemos terminar de funcionar como editorial porque no tenemos un editor responsable. Cuando armamos la editorial, Yanina Lofvall iba a manejar la línea editorial, pero ocurrió la desgracia de su fallecimiento en un accidente de tránsito (mayo de 2016). Desde ese momento todavía no hemos encontrado una persona que se encargue de la tarea.
Las tiradas de los libros varían, el promedio es de trescientos ejemplares, el mercado es muy chico. Hay escritores que se financian ellos mismos, publican treinta ejemplares, los venden, vuelven a la editorial y dicen «dame 60 libros más»; esto lo podemos hacer porque así lo posibilita la tecnología. Y al escritor le permite no tener libros muertos en el placard de su casa; no sacan toda la plata junta, si bien así sale más caro, es un costo que se puede recuperar a tiempo.

P: -¿De la distribución se encargan los autores?
P.F.: -Estamos haciendo los pininos en la distribución, tal vez sea la parte más complicada del proceso porque nuestra posición es la de una editorial independiente y chica. Aunque ya hay editoriales de nuestro tamaño que están en una segunda etapa, la de poner su propia librería con sus títulos. El costo promedio de un libro es de trescientos pesos. El tema con los autores está con cuánto se queda la editorial, la distribución y el propio autor -esto hay que hacerlo entender porque a veces un escritor no conoce costos de edición y distribución-. Trabajamos con las librerías de Santa Rosa y de la provincia (Pico, Realicó, pronto Macachín), de Córdoba, con una librería de Capital Federal, y empiezan también librerías grandes a interesarse por algunos títulos nuestros.

Feminismo.
Para 2019 se piensa en reediciones y algunos textos nuevos que traten hechos sociales contemporáneos, por ejemplo un libro que compile y registre el movimiento feminista pampeano. Fontana agrega: «nos interesan libros que tengan que ver con los derechos humanos, pueblos originarios, reclamos sociales en general».
Además, la cooperativa busca contactos de colaboración con la editorial de la Universidad Nacional de La Pampa y están prontos a participar en los llamados a licitación para editar obras del Fondo Editorial Pampeano (FEP), por caso, la reedición del libro de Evar O. Amieva Crónicas de Pichimiricó, cuya primera publicación (de baja calidad) data de 1987. Y se trata de una serie de relatos que bien valen su regreso a las librerías de la zona.
* Docentes de Letras (UNLPam)