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Atenea o la sabiduría millennial

Atenea representa la prudente inteligencia. Hoy la cultura de las redes sociales y su sistema de difusión universal generan el imperativo de educar en habilidades y no en contenidos. Qué hagamos con ellas, definirá si somos o no sabios.

Gisela Colombo*

¿Qué es la Sabiduría?, se pregunta la humanidad desde tiempos arcaicos. El mundo adhirió varios siglos a una concepción enciclopedista del asunto: “Conjunto de conocimientos amplios y profundos que se adquieren mediante el estudio o la experiencia”. Sin embargo, y porque la tradición insiste en no olvidar la visión mítica de la cultura antigua, aparece en nuestros diccionarios una acepción alternativa, según la cual la Sabiduría es “la Facultad de las personas para actuar con sensatez, prudencia o acierto”.

Esta segunda definición ya fue esbozada en los mitos antiguos mediante el proceso interior que hacen Zeus y Metis, cuya consecuencia es el nacimiento de su hija, Atenea.

La génesis de esta diosa nos remonta a la historia antigua de sus padres. Metis había sido la primera esposa de Zeus. Era, entre las titánides, la imagen de la Prudencia. Pero también, como conviene a quienes son criteriosos y todo lo piensan por anticiparse, ella se inclinaba a prever y manipular situaciones futuras.

Zeus, por su parte, fue preservado durante años de todo contacto hasta llegar a la edad en que la fuerza y astucia pudieran vencer a su padre. En su evolución hacia la autonomía ganada en la batalla mayor, la que tiene con Cronos, es posible observar el desarrollo de virtudes diversas necesarias alternativamente.

Al nacer Zeus, Cronos creía que esa piedra envuelta en pañales que le dio su esposa Rea, era el menor de sus hijos. Ya había fagocitado a los anteriores. Pero esta vez se tragó una piedra, y lo hizo sin dilación y sin gula. Se proponía evitar que se cumpliera el oráculo: uno de sus hijos lo destronaría.

Por un tiempo, el niño supérstite de la antropofagia paterna y escondido en una cueva, profesó la espera paciente (en ocasiones la única opción saludable), se mantuvo lejos de la acción y usó ese tiempo muerto en alimentar la confianza en sí mismo y en la dignidad que tenía por herencia. Pero llegó un momento en que debió usar toda su astucia para enfrentar a su padre. Entonces, fue Metis quien le consiguió una pócima que él dio a beber a Cronos. Lo hizo con el secreto plan de que vomitara a sus hermanos mayores. Si en algo respetaba Zeus a Metis era en su sagacidad increíble para inventar ardides.

No obstante, es sabido que una vez que se hubo declarado la guerra, ya no es tiempo para trampas y espionaje. Cuando Cronos le vio el rostro al hijo que le arrebataría la corona, se hizo urgente el combate. Metis no se resignó a ser desplazada del mando por lo que Zeus debió pensar también para ella una salida. En consecuencia, le puso remedio a la posible intromisión de su esposa. En el mismo acto en que hizo propia la Prudencia, como se transforma en uno el pedazo de pan al comerlo, internalizó su virtud, la hizo carne propia de un modo literal: se la comió. Con el cuerpo de Metis no viajaba sólo la virtud. Atenea ya había sido gestada y crecía en el vientre de su madre.

Al eludir la voz de Metis repitiéndole los mensajes razonables, Zeus comienza a ejercer la Prudencia en sus juicios.

Cuando esa actitud dialéctica del pensamiento comenzó a obstaculizar la acción impulsiva del guerrero, las tensiones provocaron en Zeus un intenso dolor de cabeza, que luego, cada vez que volviera a sentirlo interpretaría como un anuncio de los problemas provocados por Atenea. Pero entonces, desesperado por no encontrar la cura, le pidió a Hefesto que lo aliviara, asestándole un hachazo en la frente. Como si de un golpe pudiera silenciar esa conciencia prudente que le detenía el brazo sanguinario y lo animaba a pensar dos veces las acciones.

De la herida abierta en su frente, Hefesto vio salir, inesperadamente, una mujer adulta: Atenea.

Esa hija nacida extraordinariamente se torna una imagen de los logros de Zeus en el proceso interior. Es, desde el punto de vista simbólico, la Inteligencia animada por virtudes emocionales y espirituales como son la Prudencia, la Paciencia, el sentido de la oportunidad y la valentía. Desde la apertura de la herida, Atenea representa la prudente inteligencia que no por más prudente es menos valerosa.

Ella es el producto de las experiencias nutricias de Zeus y las virtudes que fueron generando, por eso emerge de su cabeza después de crecer allí dentro.

Hoy el mundo de las comunicaciones instantáneas reflota este concepto antiguo de la Sabiduría. La cultura de las redes sociales y su sistema de difusión universal generan el imperativo de educar en habilidades y no en contenidos. Toda información está disponible on line. El desafío de nuestros jóvenes es, por tanto, conquistar las habilidades para vincular y diferenciar, dilucidar y concluir, reflexionar y aplicar a la realidad, el caudal abrumador de información disponible.

Qué logremos hacer con ella es lo que definirá si somos o no verdaderamente sabios.

Y la Sabiduría será asequible a quienes puedan esperar pacientemente los tiempos de la vida; internalizar las virtudes de otros; reconocer el momento perfecto para actuar y acometer la acción firme, porque la animará la potencia invencible de una verdad interior.

*Escritora