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Borges, el destructor

El próximo 24 de agosto se cumplirán 120 años del nacimiento de Jorge Luis Borges. El expandido, continuo y vigente estudio de su obra en todo el mundo demuestra claramente el lugar que su literatura ocupa en la opinión universal.
R. Claudio Gómez *
Los escritos de Borges han sido discutidos desde infinidad de ángulos y puntos de vista. Es que la literatura borgeana es especial, original, y, por lo tanto, merece un análisis profundo y extendido. Por caso, tiempo y espacio han sido materias literarias para Borges.
Con la mayor modestia, vamos a pedir permiso a quien corresponda, para acercar una referencia de consideración que, si no es nueva, aparece atractiva en una sociedad cambiante, como consecuencia de la irrupción de las nuevas tecnologías en todos sus sitios y ritmos, en los urbanos y rurales, entre los eruditos y legos, entre los lectores del papel o de la pantalla.
En ese sentido, nuestra razón de observación es la originalidad de los géneros literarios en la obra de Borges. Condición que constituye un ejemplo contundente y magnífico para hablar acerca de la imposibilidad de clasificar los géneros literarios, al menos según las categorías occidentales que son de tradición, sobre todo cuando se trata de la enseñanza de la literatura en la Educación.
Borges supo sortear con finísima pluma los límites formales, aun aquellos que inspiraron su gusto por la literatura desde pequeño. Por eso, se puede decir que el autor de «Fervor de Buenos Aires» es el creador de un estilo literario propio. Un estilo que es producto y conjunción de sus lecturas, pero también de una potente imaginación.
No obstante, esa descripción resulta una fórmula escasa para desarrollar una teoría sobre la originalidad estilística de Borges. Su particular manera de contar deviene de la combinación de múltiples razones, las que, por supuesto, críticos de la talla de Beatriz Sarlo, Ricardo Piglia, Horacio González y Juan José Saer, entre muchos nacionales, y el teórico francés, Michel Foucault, ya han analizado conveniente y diversamente.

Particularidades.
Veamos. Uno de los motivos que trazan la particularidad de la obra de Borges radica en la duplicidad de su ascendencia: militar, por parte de su madre y literaria, por la de su padre. Por ella se evidenciaran en sus textos el culto al coraje y su amor por la infinita biblioteca. De su padre, Jorge Guillermo Borges -un ávido lector con aspiraciones literarias que concretó en la novela «El caudillo» y algunos poemas y traducciones- Jorge Luis estaba notablemente agradecido: «Él me reveló el poder de la poesía: el hecho de que las palabras sean no sólo un medio de comunicación sino símbolos mágicos y música», reconoció.
Con su madre (es justo mencionar también a su abuela, Fanny Haslam) Leonor Acevedo Suárez, profundizó el inglés y tradujo varias obras al español. En su casa se hablaba tanto castellano como inglés.
Borges nació y creció en una casa porteña de fines del siglo XIX con patio y aljibe en el barrio de Palermo. Una escenografía que se repetirá como una metáfora pertinaz en sus poesías. Allí, su padre recibía a sus amigos, entre ellos a Evaristo Carriego y más tarde a Macedonio Fernández, a quien el escritor de «Luna de enfrente» definió como un hombre que «no pensaba en publicar, no pensaba en el lector», al tiempo que valoraba que lo mejor de Macedonio «eran sus conversaciones».
Entonces, desde su regreso de Ginebra, donde había viajado con su familia para tratar el avance de la ceguera de su padre, las conversaciones sobre compadritos, las caminatas por la ciudad, la celebración de la metáfora se convirtieron también en elementos esenciales de su inspiración.
Borges recoge de la poesía gauchesca la forma de contar en primera persona la historia del narrador orillero, que antes había sido el gaucho. «Hombre de la esquina rosada» es eso. Es el tono y el código propio del malevo -de aquel que se mueve en las orillas de la ciudad sin traspasar la frontera real y de clase- que ingresa a la literatura argentina, así como años antes había entrado Martín Fierro de la mano de José Hernández.
Poesía, crítica, narrativa y ensayos, además de trabajos periodísticos, pueblan la tarea de Borges, aunque no como géneros rígidos; por el contrario, cada una de esas formas contiene y supera a las otras.
A todo ello, su imaginación suma la impronta de la metafísica como tema literario y, en paralelo, sus disertaciones que luego fueron hechas libros. En ese conjunto de escritos Borges supera el mero catálogo estilístico y si sus obras consiguen alguna clasificación, ella siempre es postrera y caprichosa, fruto de la necesidad editorial más que de lo que de su literatura se desprende.

Literatura autóctona.
La literatura argentina es prolífica. Tiene el encanto de ser una narrativa ligada a los procesos históricos. Esto significa que en una cantidad considerable de la obra literaria nacional se pueden rastrear las huellas de la memoria. Se trata de un pasado que se representa a partir del relato de acontecimientos determinantes, así como de personajes, reales o imaginarios, que actúan como símbolos de época.
En ese contexto, en el que se expresan distintas formas de ver el país y, por ende, el mundo, ciertos rasgos ideológicos ponen en evidencia, no solo las miradas hegemónicas coyunturales, los estilos y las formas, sino también la emergencia de creaciones que son propias, únicas de esta parte del mundo. Son narrativas que pertenecen, sino solo a la Argentina, al Río de la Plata: espejo de agua dulce que actúa como una geografía de identidad, en la que para contar una historia nativa se procura, como necesidad literaria, la creación de un género. Esa propiedad es rioplatense.
Si la literatura universal (épica, poética, dramática) es la continuidad de una tradición que, aunque oculta de las tramas evidentes, funciona como evocación o como guía, en el Río de la Plata -al decir de Leopoldo Lugones: «ese gran río color de león»- se unen por las costas exiliados que van y regresan, historias de vida y de muerte, amores y odios, tango y murgas. Esas construcciones culturales que cuentan apenas más de 200 años -pero se remontan a otras civilizaciones- están casi al fondo del mapa y carecen, por cierto, de la longevidad europea. Esa antigüedad restringida, para bien y para mal, evitó el despliegue de una épica de antecesores únicos y lejanos como la que cuentan los europeos, pero permitió estimular la existencia vital de un numeroso, diverso y virtuoso universo de integración y desintegración compuesto por originales elementos.
Desde los pueblos originarios al concurso disciplinar de la evangelización española; desde las elites al gaucho y al indio; desde las guerras internas y limítrofes, desde la inmigración y los orilleros; desde la centralidad de Buenos Aires y la postergación provincial, la literatura argentina supo crear géneros literarios personales. Formas de narración que son, como el Tango, «una canción desesperada» y nativa.

Recomendación.
No hay que leer a Borges hasta cumplidos los 70 años.
Jorge Luis Borges es un autor menos conocido por sus escritos que por sus expresiones políticas. La profusión de entrevistas radiales y televisivas consiguió colocar ese rasgo por encima de su literatura. Es cierto que en cada una de sus intervenciones (en la mayoría de ellas), el autor de «Ficciones» fue convocado a una trampa: invitado para hablar de literatura, rápidamente era arrojado a la consulta política. Como es menester del periodismo, el título rotundo y polémico «vende» más que la reflexión sobre los sonetos. Lo afirma un periodista.
No obstante, cuando alguien cae en las redes literarias de Borges, como el animal entrampado en el fondo del pozo, ya no puede escapar. Sucede con Gardel, con Maradona. Hay, es cierto, un Goyeneche y un Messi, son grandes como sus antecesores, pero llegaron después. Borges no solo inventó un tipo de narrativa y de poética y la dotó de inusuales voces y ritmos, sino que también pergeñó una buena parte de los escritos y escritores que lo continuarían. Afortunadamente, la literatura argentina cuenta con grandes nombres, originales hombres de letras que relatan historias con particular destreza. Esa condición es reconocida en el mundo, sobre todo, en Europa, donde conviven en los cenáculos académicos, por caso, El Martín Fierro de Hernández, el Facundo de Sarmiento y la Operación Masacre de Walsh.
La argentina es una literatura profusa. Rica en temas, creadora y única voz de «la gauchesca», íntima o universal. No obstante, entre los fundadores y los actuales, se aloja el inventor de una prosa y una poesía de la que sus anteriores son formadores -y como tales están presentes- y sus continuadores, quienes no han podido sustraerse al influjo borgeano, aún para denostarlo.
Por eso, no es conveniente leer a Borges hasta haber cumplido los 70 años, por una simple razón: después de él todo parece menor. Además, su obra tiene otra dosis de cinismo incorporada, después de recorrer la literatura de Borges, los lectores sienten que eso -y no otra cosa- es lo que tienen ganas de leer. Entonces, buscan en las bibliotecas o compran libros de autores diversos que quedan amontonados en los anaqueles, porque Pierre Menard, autor del Quijote o El poema de los dones, alcanza dimensiones artísticas, cuya plástica resulta inigualable.
En fin, se trata de una recomendación. Que el lector, libre de hacer lo que se le antoje, elija. Lo debemos decir, ya que luego de conocer a Borges muchos recitan que «no los une el amor, sino el espanto». Y ¿para qué espantarse siendo tan joven?

Borges y el periodismo.
«Borges periodista» se denomina la charla que el autor de esta nota, R. Claudio Gómez, brindará el próximo 7 de junio a las 17 horas en el Salón Azul del segundo piso de la Universidad Nacional de La Pampa (Coronel Gil 353), en Santa Rosa.
El encuentro, de asistencia libre y gratuita, se realiza en el marco de la celebración del Día del Periodista y también por cumplirse, este año, el 120 aniversario del nacimiento del reconocido escritor.
Junto a Gómez, participará de la charla la profesora e investigadora Nilda Redondo, para referirse a periodistas y escritores de los años 70 del siglo XX en Argentina.

* Periodista y docente (UNLP-UNLPam)