“Bosque de Alondras”, de Graciela Maturo

LITERATURA

Desde las palabras que Julio Cortázar le escribe a Graciela Maturo, la autora de este artículo brinda homenaje a su maestra. La escritora es una referente esencial del pensamiento literario argentino.
Gisela Colombo *
Escribe Julio Cortázar en una carta fechada el 24 de agosto de 1969, y dirigida a Graciela Maturo [Graciela de Sola, según firmaba por aquellos días].
“Su poesía me ha parecido siempre muy de nuestro tiempo aunque eluda las experiencias muchas veces fascinantes en otras latitudes y quizá también en la suya; de todos modos, me gustaría leer esos poemas “coléricos” de que me habla; todo lo que usted escribe me interesa. Por cierto que uno de los textos de Último Round titulado “Uno de tantos días de Saignon” cuenta una jornada en mi rancho, jornada en la cual ocurren muchas cosas, y entre ellas la llegada de una carta suya, y la lectura de sus poemas, de los que cito un fragmento. Me alegró hacerlo, y espero que para usted también sea una prueba de afecto esta incorporación de sus versos en prosa.”
Palabras de Cortázar dirigidas a Graciela Maturo, que sirven aquí para auxiliar mi propósito. Escribir sobre ella, mi maestra desde hace veinte años, la intelectual que marcó para siempre mi mirada sobre la literatura, amada maestra, es una tarea sumamente difícil. Una tiene la sensación de no hacerle justicia diga lo que diga. Y, por otro lado, teme que la confesa subjetividad conduzca al lector a desconfiar de lo dicho. Por ello, trataré de limitarme a revelar hechos irrefutables de su vida como la correspondencia mantenida con Cortázar durante ocho años.
La autora.
Doctora en Letras, investigadora principal del CONICET, miembro de la Academia Argentina de Letras, docente en la Universidad de Buenos Aires en las cátedras de Introducción a la Literatura y Teoría Literaria (1969-1997), de Literatura Iberoamericana, en la Universidad Católica Argentina (1988-2003), reemplazó unos años después de que él la dejara, la titularidad de una cátedra de Julio Cortázar en la Universidad Nacional de Cuyo (1958-1968); enseñó en el Instituto Franciscano, la Universidad del Salvador y la UCES. Fue directora de la Biblioteca de Maestros del Ministerio de Educación (1990-1993). Escribió libros de crítica, compiló y dirigió publicaciones donde prestigiosos referentes en estudios culturales, teoría literaria y americanismo despliegan sus saberes. En los últimos años viene dictando cursos y conferencias en el extranjero. Dirige el Aula María Zambrano que es parte de la Cátedra Libre de Estudios Andaluces de la Universidad Nacional de La Plata, y la Cátedra Leopoldo Marechal en la Universidad de Congreso, Mendoza. Dirigió la revista de Poesía y Poética Azor (Mendoza, 1958-1963) y la revista Megafón, (Buenos Aires, 1975-1989).
Pensamiento.
Si tuviéramos que mencionar en pocas palabras los enormes aportes que ha hecho Graciela Maturo podríamos resumirlos así:
-La difusión de una antropología humanista y teándrica que busca integrar a los estudios culturales, una dimensión del hombre silenciada por el racionalismo que prevalece desde la Ilustración.
-La fundación de una serie de “escuelas” de investigadores en torno de la hermenéutica fenomenológica, cuyo soporte en Husserl, Dilthey, Heidegger, Gadamer, Ricoeur, Batjín, Merlau-Ponty, Jung, Eliade, Kusch, Bachelard y Van der Leew, para establecer, entre otros conceptos, el de la “lectura fenomenológica”. El estudio de María Zambrano también la convirtió en una difusora de la “Razón Poética” y su trabajo fue haciendo escuela en diversos grupos. Tal es el caso del Centro de Estudios Latinoamericanos y Aletheia, entre otros.
-El estudio de una serie inmensa de autores fundamentales como Garcilaso de la Vega, Ruiz Díaz de Guzmán, Antonio de León Pinelo, Rubén Darío, Leopoldo Marechal, Julio Cortázar, Gabriel García Márquez, Rilke, Paul Claudel,Vicente Huidobro, Leopoldo Teuco Castilla, Jacobo Fijman, José Martí, Oliverio Girondo, Alejandra Pizarnik, José Lezama Lima, Enrique Banchs, Francisco Luis Bernárdez, Juan Larrea, y tantos otros…
-Un pensamiento equilibrado y espermático, súmamente documentado y profundo, sobre la trasculturación de América a partir de la mestización entre la cultura precolombina y la traída por los españoles durante la Conquista.
Poesía.
Pero además de esos méritos académicos, y vitales, hay en ella también una gran poeta. Allí radica el secreto de la sabia materia de sus obras. Ha transitado la literatura como sujeto reflexivo de su naturaleza, extendiéndose a cuestiones extraliterarias, culturales, políticas y filosóficas. En ese ejercicio, sin embargo, no habló jamás desde la fría comodidad de un observador externo. Su propio espíritu poético y el compromiso con la realidad le confieren a sus trabajos pasión y la comprensión profunda del misterio creativo que opera en el arte. Especialmente en el universo poético.
Toda esta actividad no le arrebató el tiempo ni la energía para dar a luz y criar a seis hijos y varias docenas de nietos y bisnietos. Tampoco le impidió desplegar su gran talento poético. El mismo que Cortázar elogiaba al principio de esta nota. A este talento dedicaremos las citas. Tres poemas escogidos al azar habrán de dibujarnos una puerta para descubrir en “Bosque de alondras”, la antología poética que reúne textos desde 1958 a 2017, reeditada en noviembre pasado.
No es casual que Marechal le haya confiado sus “Claves de Adán Buenosayres” personalmente y que fuera ella quien las publicó. Cortázar decidió citar sus poemas en un cuento propio. Y dio la orden a su madre Maria Herminia Descotte de que le entregara su primer libro de poesía “Presencia”, que siempre conservó en secreto porque lo avergonzaba un poco. Si estos hombres esclarecidos lo descubrieron entonces es porque Maturo brillaba tanto en sus estudios críticos como en la poesía, ya desde esos tiempos. Ellos, más lúcidos, supieron ver temprano su ciencia y su talento poético. Vayan las próximas líneas para que muchos más los descubran. Dejemos que hable su poesía directamente.
Otro mar me llama.
No es el mar de la tierra, numeroso
y fecundo
el que me llama con lejanas voces.
Es el mar
alto y solo
del espacio.
Es el mar del espacio musical,
conmovido
por las oscuras leyes que ignoro
y me gobiernan.
Yo pertenezco aún a un mar de
iodo y sal,
al mar que centellea con sus peces
eléctricos
con sus algas salobres y sus estrellas
como sexos.
Pero otro mar me llama
vibrante y seco como la semilla
profunda de mi alma.
Dafne.
La mirada de Apolo enamorado
la tocó como un rayo.
Su alma fue llamada a una isla de luz
su cuerpo se transformaba en verdes ramas
cantantes
ebrias de puro ser.
Conoció el arrebato de nubes irreales
y la felicidad de nadar entre hojas de diamante.
una mirada de fuego la sostenía
sobre el abismo.
Moraba en la alegría
de una fiesta de niños y racimos.
La vida era un paso de danza
hacia el cerúleo mar resplandeciente.
La acompañaban memorias encendidas
dalias de fuego
un viento
hecho de pájaros

Déjala reposar entre fulgores
No temas por su muerte.
Dejo esta seña.
A mi hijo Tristán
Sombra de amor que creces difrerente
de mí, sin que nos una
ni el peso que hizo un nido de luz en mi costado,
ni el cielo que aun me dobla
ni el ángel quebrantado de mi voz al nombrarte.
Miro tu tierna mano tendida ya, buscando
la forma de las cosas, el peso de los días;
tus sentidos abiertos inventando este sueño
que es el mío y es otro. Porque no veré nunca
las piedras con que juegas,
la hormiga que conoces, el pájaro que sabes,
ni mañana tampoco la pared que recuerdas.
Nadie lo sabrá nunca.
Estarás. Estás solo.
Aunque mi amor concierte banderas y te llame
con tu nombre más puro y más pequeño
desde el hueso raigal, desde el origen
perdido en la tiniebla de la sangre.
No sé de qué perdido confín del extramundo
te llamé sin saberte;
ahora te contemplo
creciendo con tu plena dimensión diferente,
con tu fiera inocencia.
Pequeño y ya no mío
sino de ti, de ti. Nada conozco
del mundo que comienza desde tu piel tendida
hacia los dones cálidos que ya no veré nunca
ni del río que nace debajo de tus párpados,
ajeno.
Tampoco, ay, he de darte mis calles ni mis rostros
ni decirte las hojas, ni el color de esta tarde,
ni la luz desterrada ni la pesada niebla
que sólo yo poseo.
Pero pienso que un día demoraste mi pulso.
Yo concité a sufrir los elementos
combinados que forman
la duplicada estrella de tus ojos,
la perfecta armonía del pie con que me huyes,
el misterio sellado y viviente de tu cuerpo.
Yo pedí a Dios que en sagrado límite
dibujara tu alma,
precisara su cifra única, irrepetible.
Te convoqué a existir, de muerte en muerte
y hoy, desprendido, íntegro, te miro
mientras creas las horas y el aire en que te pierdo;
que solo te despliegas
Alrededor de un punto oscuro y tuyo…
Luego vendrá la angustia
como una leche astal que has de mamar de nuevo.
Y más que nunca estarás solo. Solo.
Nada puedo decirte. Pero dejo esta seña
de mi puente carnal, de la sustancia
que para tí, fue la primera tierra.
Esta seña de amor que no podrá ayudarte
pero que en algún tiempo, desde la incierta bruma
irá como una ola solitaria a tu encuentro.
Graciela Maturo
Próxima a cumplir sus noventa años, Graciela Maturo sigue trabajando incansablemente y no deja de contribuir al brillo de nuestras letras y al suyo propio, por supuesto. La Academia Argentina de Letras así lo entendió y la seleccionó por unanimidad para el Premio de la Reina Sofía (de Poesía Iberoamericana).
* Escritora
(textos grises)
“No es casual que Marechal le haya confiado sus “Claves de Adán Buenosayres” personalmente y que fuera ella quien las publicó. Cortázar decidió citar sus poemas en un cuento propio.”
“Un pensamiento equilibrado y espermático sobre la trasculturación de América a partir de la mestización entre la cultura precolombina y la traída por los españoles durante la Conquista.”
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