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Cacique Gerenal, el regreso

HISTORIA – RESTITUCION DE RESTOS A LOS PUEBLOS ORIGINARIOS

En 2016 la comunidad Mapuche Tehuelche Cacique Pincén de Trenque Lauquen logró finalmente que el Museo de La Plata le entregue en custodia los cráneos de Gerenal, Indio Brujo, Manuel Guerra y Chipitruz.

Omar Lobos *
Nacho Roca **

En noviembre de 2016, en la localidad bonaerense de Tapalqué, representantes del Consejo de Lonkos Ranquel de La Pampa recibieron los cráneos del cacique Gerenal e Indio Brujo, los cuales, hasta entonces, eran parte de las colecciones del Museo de La Plata (MLP).
Ahora bien, los reclamos al MLP por estos cráneos datan de 1973. En aquel año el reconocido historiador de Trenque Lauquen José Mayo solicitó su custodia, junto con los de Calfucurá y Chipitruz. Este reclamo lo repetiría en 1989 Lorenzo Cejas Pincén, también de Trenque Lauquen y descendiente del cacique Vicente Catrenao Pincén, quien presentó un nuevo pedido por Gerenal, además de pedir por los restos de Panguitruz Gner (Mariano Rosas), Indio Brujo, Chipitruz y Calfucurá. Pero es en 2016 cuando la comunidad Mapuche Tehuelche Cacique Pincén de Trenque Lauquen logra finalmente que el MLP le entregue en custodia los cráneos de Gerenal, Indio Brujo, Manuel Guerra y Chipitruz, dado que existían varios posibles reclamantes (el de Mariano Rosas fue restituido al pueblo ranquel en 2001 y el de Calfucurá está en proceso de restitución a sus descendientes). El mismo día de la restitución, los cráneos de Indio Brujo y Chipitruz se remitieron a Trenque Lauquen y los de Gerenal y Manuel Guerra a Tapalqué.
De todos ellos, ¿por qué Indio Brujo y Gerenal fueron finalmente entregados a las comunidades de La Pampa? Según releva el etnólogo alemán Robert Lehmann-Nitsche en 1910, Indio Brujo era cuñado del cacique Baigorrita, razón por la cual su cráneo es inmediatamente puesto en manos del Consejo de Lonkos Ranquel de La Pampa, en tanto el de Gerenal –que es quien nos ocupa en esta nota– es entregado a la comunidad mapuche Peñi Mapu de Olavarría, conforme con su solicitud. No obstante, esta comunidad lo traspasa, junto con el de Indio Brujo, al pueblo ranquel de La Pampa durante la ceremonia de entierro de Chipitruz y Manuel Guerra realizada en Tapalqué en noviembre de 2016. En esa oportunidad, dos lonkos ranqueles asistieron a la ceremonia junto con funcionarias de la Secretaría de Cultura de La Pampa, después de solicitar apoyo al Estado provincial para que, una vez recibidos los restos, el organismo se hiciera cargo de su custodia transitoria, hasta que se resuelva en qué lugar se llevará a cabo su entierro. Al mismo tiempo, en Santa Rosa, se organiza un grupo con la misión de aportar información biográfica sobre la vida de Gerenal e Indio Brujo. Participan, entre otras/os, Edgar Morisoli, Claudia Salomón Tarquini y José Carlos Depetris.
Así, en diciembre de 2017 el Consejo de Lonkos Ranquel decide el entierro de Indio Brujo en el sitio “Lomas de Chapalcó”, departamento Toay de La Pampa, en tanto que los restos del cacique Gerenal, aun en custodia de la Secretaría de Cultura de La Pampa, aguardan gestiones para su descanso definitivo en tierra. Una de las posibilidades es el Parque Nacional Lihuel Calel, por lo que la Secretaría de Cultura, que preside el Consejo Provincial Aborigen de La Pampa, se encuentra en diálogo con la Administración de Parques Nacionales para evaluar esa posibilidad. De concretarse esta gestión, Gerenal descansaría en su territorio, a muy pocas leguas del lugar que defendió hasta su muerte, y con determinadas condiciones de seguridad garantizadas, aunque esto sea, lamentablemente, en tierras que no pertenecen a sus descendientes.

Botines de guerra.
Los restos de Gerenal ingresan al Museo de La Plata como parte de una colección donada por Estanislao Zeballos a Francisco P. Moreno, luego de que Zeballos profanara el cuerpo del cacique, tendido aún en el campo de batalla seis meses después del enfrentamiento en el que murió defendiendo su territorio contra el ejército nacional.
Zeballos, hombre de letras de la aristocracia de la generación del 80, fue uno de los más conspicuos promotores y defensores intelectuales de la expansión de la frontera nacional sobre los territorios indígenas. Emprendida la conquista, viajó por muchas de las regiones de “tierra adentro” y en sus descripciones los pueblos indígenas aparecen de modo despectivo. No es extraño, considerando que a fines del siglo XIX dominaba el paradigma evolucionista, de amplísima penetración en diversos ámbitos del pensamiento, no solo en la ciencia, sino también en la política y hasta en el sentido común de las relaciones entre personas, pueblos y etnias. Esta concepción entendía la cultura de un modo universalista, como manifestación del espíritu humano, única para toda la especie. Solo que ese “universalismo” se ceñía a los valores de la sociedad europea como cúspide de la civilización, y consideraba a los pueblos indígenas como expresiones atrasadas, salvajes o bárbaras.
Al mismo tiempo, a la ciencia le generaba particular interés el análisis de restos mortales humanos; consideraban que determinadas características físicas (forma y volumen craneal por ejemplo) eran indicadores raciales y habrían de corresponderse con características culturales. Pero a la vez estas donaciones con propósitos “científicos” que realizaba Zeballos estaban fundamentalmente investidas de otro carácter, menos confesable: eran trofeos, botines de guerra, despojos estigmatizados y condenados.
“Mi querido teniente, contesté yo, poniendo el pie en el estribo, si la Civilización ha exigido que ustedes ganen entorchados persiguiendo la raza y conquistando sus tierras, la Ciencia exige que yo la sirva llevando sus cráneos a los museos y laboratorios. La Barbarie está maldita y no quedarán en el desierto ni los despojos de sus muertos” (Zeballos, E. Viaje al País de los Araucanos (1881), Bs. As., Hachette, 1960).
Zeballos donó al MLP más de 100 cráneos recolectados en sus andanzas por las pampas. El MLP llegó a poseer una colección de 1500 cráneos, mayoritariamente de grupos indígenas sudamericanos, herencia ominosa que merece ser reparada (y en eso está).

Revisión de paradigmas.
Las instituciones, al igual que la cultura y la ciencia, cambian. Y el Museo de La Plata actual no es el mismo que el de fines del siglo XIX. En la década de 1980, como resultado de la militancia a nivel mundial de pueblos indígenas y otras minorías étnicas, y desde disciplinas como la antropología y la museología, se comienza a revisar esta historia y las implicancias éticas de la conservación, tratamiento y exposición de restos humanos en museos. Pasando los años, este cambio de paradigma se traduce a nivel institucional, y los distintos claustros de la Facultad de Ciencias Naturales y el Museo de La Plata comienzan a debatir y llevar adelante acciones. Así, por ejemplo, en 2006 se forma GUIAS (Grupo Universitario de Investigación en Antropología Social), una agrupación estudiantil autoconvocada cuyo objetivo es atender los reclamos de los pueblos originarios en relación con las colecciones de restos humanos del MLP. En el mismo año, y de modo concurrente, el MLP establece un nuevo protocolo y retira de sus vitrinas los restos humanos de origen americano. Asimismo, se formaliza la misión de analizar de forma particular cada pedido de restitución de parte de las comunidades indígenas. Muchos de estos cambios se encuadran en marcos legales definidos en las últimas décadas: el inciso 17 del artículo 75 de la Constitución Nacional, que reconoce la preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas argentinos; la Ley 23.302 sobre Política Indígena y apoyo a las Comunidades Aborígenes (1985); la Ley 25.517 de Restitución de Restos Mortales Aborígenes (2001, reglamentada en 2010); el Código deontológico del ICOM para Museos (2006); la declaración de la Asociación de Antropología Biológica Argentina en Relación con la Etica del Estudio de Restos Humanos (2007) y el Reglamento para el manejo de Colecciones del Museo de La Plata, entre otros.

Restitución.
La restitución de un cráneo humano no es solo la restitución de un bien tangible, de un “hueso”. Que esa persona haya pertenecido a un pueblo indígena, y que su cuerpo haya sido profanado y destinado a una colección museística del contexto evolucionista y etnocida de fines del siglo XIX, le da toda una connotación muy particular al proceso en general. En el marco de los revisionismos históricos vigentes, las restituciones a las comunidades deben dimensionarse por su significancia simbólica, pero también por la material, económica y política que posibilita. Son “reparaciones históricas” en la medida en que los mismos descendientes y pueblos participen en los procesos de re-significación del pasado. Tampoco debe soslayarse el “después” de una restitución, dado que esta no se agota en la entrega de una urna con restos mortales. El potencial de una restitución puede observarse cuando las comunidades comienzan a debatir qué hacer, a participar en la gestión patrimonial, en la elaboración de narrativas sobre ese pasado, en la elección de lugares donde inhumar finalmente los restos del antepasado en cuestión. Todo esto puede ser la puerta de entrada a la restitución de bienes de otra naturaleza, incluidas tierras, porque ¿qué sucedería si el Estado reconoce el carácter “sagrado” reclamado por los pueblos indígenas para ciertos sitios que en lenguaje estatal y científico son considerados “patrimoniales”? De hecho, ya sucedió. Por ejemplo, la restitución del cráneo de Panguithruz Gner (Mariano Rosas), en 2001, marcó un hito fundamental en la reemergencia ranquel. Marcó el inicio de una militancia organizada y logró la obtención de unas hectáreas de tierra en Leuvucó, lugar donde se reenterró al cacique, en su antigua morada, su hogar.
Por otro lado, no debe perderse de vista cómo conmueven las restituciones desde lo subjetivo y emocional a las personas que se sienten interpeladas por la historia y reciben los restos mortales de sus ancestros. Definitivamente, no es algo que deba ser tomado a la ligera, y quienes queremos hacer un aporte investigando y compartiendo información sobre estos temas debemos hacerlo con el enorme respeto que merece, por involucrar, en el presente, el destino de las comunidades y el derecho a su memoria.

Calfucurá.
Viene al caso recordar a las y los lectores que se encuentra en marcha también la restitución del Buta Toki (gran líder guerrero) Calfucurá, y la comunidad pampeana en general está teniendo una activa participación con las comunidades reclamantes y el Estado provincial a través del Consejo Provincial Aborigen y la Secretaría de Cultura. Es que la pala que profanó el descanso de uno de los más grandes líderes aborígenes del siglo XIX, como fue Calfucurá, se clavó en los médanos de Chillhué, ”aquicito” nomás, a 13 km al este del paraje Padre Buodo. Gran trabajo de militancia vienen haciendo al respecto las comunidades ranqueles y mapuche. Porque, cabe mencionar, existen en la provincia comunidades que –respetando la identidad territorial ranquel de La Pampa, del Mamull Mapu (País del Monte), y sobre todo la lucha que este pueblo viene desarrollando desde la década de 1970 en el oeste provincial– manifiestan la voluntad de identificarse de forma diversa, como mapuche, como mapuche-ranquel, y/o como descendientes de la confederación liderada por Calfucurá y sus hijos. Y algunas de estas comunidades han expresado también el interés por sumarse a las gestiones en torno al cráneo de Gerenal en el futuro.
Lejos estamos aun de lograr una reparación integral. Pero de a poco, hoy tenemos a otros dos grandes mamulches hijos del Abya Yala de regreso con nosotros: Indio Brujo y Gerenal. Que se cuente su historia.

  • Escritor
    ** Antropólogo y docente