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Cardoso y Meuriot: dos fundadores olvidados

El trabajo de investigación del autor de este artículo, revela archivos fotográficos y textuales del momento inaugural del primer pueblo de La Pampa, Victorica. Esos archivos ubican la fundación 8 meses antes que la fecha oficial.
José Depetris *
El primer recuerdo que tengo de los Cardoso, se corresponde a mi niñez. Vivían en el barrio y se les adjudicaba un remoto origen indígena y que -con esfuerzo- habían traspuesto esa sutil línea divisoria que impedía o al menos dificultaba en la entonces sociedad territoriana, las oportunidades de ascenso o consideración social a los de aquel origen. La vieja institución de la Policía de Territorios había sido el ámbito de inserción y trabajo para casi todos los integrantes del clan Cardoso, desde varias generaciones atrás.
Se decían descendientes de don Solano Cardoso, quien había unido a su condición de indígena, el hecho de haber sido uno de los primeros policías de campaña del Territorio de La Pampa. Desde la creación misma de la fuerza en 1887.
Era evidente que tras estas coordenadas, naturalmente debía esconderse una rica historia de vida que acaso ya estaba perdida para siempre. Sus contemporáneos habían desaparecido ya; la memoria popular -y aun la familiar- no guardaba demasiados detalles, más allá de un puñado de anécdotas pueblerinas sobre algunas circunstancias de su vida que circulaban entre los viejos santarroseños. Y los amarillentos papeles del archivo provincial que solía consultar entonces, no aportaban mayores elementos para comenzar una tarea de rescate.
Sabedor de mi búsqueda infructuosa y secundándome en la pesquisa don Rubén Gómez Luna me cedió generosamente hace treinta años, una extraña documentación que había hallado fortuitamente en esos días sobre el personaje. Se correspondía a textos que el periodismo territoriano había transcripto, de dos largas misivas dirigidas oficialmente en 1907 y 1917 al Congreso de la Nación con el objetivo puntual de iniciar el trámite para obtener la jubilación. En ellas, Solano Cardoso exponía en detalle y con documentación adjunta probatoria, su historial de servicios como policía y hacía especial referencia a su condición de indígena, detallando minuciosamente aspectos de su vida familiar y de su comunidad. También de expedicionario al desierto como integrante de un batallón de «Indios Amigos».
Esta categoría distintiva se dio en el escalafón castrense del ejército de línea a los individuos o tribus que eran reducidos y pasaban a formar mansamente a la par del cristiano. Cientos de ellos colaboraron en las campañas punitivas y de ocupación de La Pampa, primero, y en la fundación de los pueblos iniciales, -Victorica y General Acha- después.

Memorias de vida.
Una larguísima consideración mezclando etnología, antropología, historia y otras ciencias ligadas, nos llevaría a barruntar qué razón extraña llevó a algunas parcialidades ranquelinas, a volver las espaldas a los suyos en la segunda mitad del siglo XIX. Los textos dejados por Cardoso, aportan y esclarecen en este sentido y cobran magnitud por varias razones. Primero y principal, porque no conocemos otra documentación de estas características. Y porque contiene todas las particularidades de un texto de Memorias de Vida tal como se entiende hoy ese género. Y por ella, se accede de primera fuente a la versión de un indígena protagonista «hablando» en primera persona de aquella dolorosa etapa de metamorfosis de su comunidad. Devenida paulatinamente en una cultura marginal -la de los indios racialmente derrotados- que durante décadas fue mirada de soslayo por la triunfalista versión oficial, aséptica y excluyente.
En segundo termino, porque Solano Cardoso, con una memoria excepcional, cita y puntualiza hechos de la época que enmarcan su propia participación en ellos y que a la luz de sus afirmaciones, rectificarían otros.
A partir de aquel singular material, y tras prolijas investigaciones posteriores llevadas a cabo durante años, pudimos arribar a mayores precisiones biográficas de Francisco Solano Cardoso, tal su nombre completo.
Según consta en los brevísimos datos de su partida de bautismo, realizado en 1875 en el fortín Sarmiento, frontera sur de Córdoba por el franciscano Moisés Alvarez, su familia ya estaba radicada en ese lugar en calidad de «indios amigos».
Su padre era un indígena bonaerense y soldado de las tropas federales bonaerenses que fundan y se asientan en Junín en 1828. Tras la caída de Juan Manuel de Rosas en 1852, por temor a represalias políticas se refugia junto a su familia y allegados en las tolderías pampeanas. Y su madre, era ranquelina pampeana de pura cepa.
Solano Cardoso, nació en La Pampa en el año 1854 en los campos de la -por entonces- aún poderosa parcialidad de Larenñ, padre del cacique Ramón Cabral, el más famoso de los plateros ranqueles.
En realidad, tras una trabajosa investigación de vinculación genealógica realizada pacientemente de los grupos familiares Cardoso, Villarreal y Morales, podemos señalarlos como emparentados cercanamente con el clan de los nawel (o Cabral) y ubicarlos territorialmente conviviendo con ellos durante largos años. Estas familias son las que primero abandonan tierra y comunidad atraídas por promesas amistosas que el propio Coronel Mansilla les había ofrecido en su famosa excursión a los indios ranqueles realizada en 1870. La trama oculta y desconocida de ese proceso del pase «a la cristiandad» de estos, deja mal parado al coqueto coronel escritor a partir de ciertos detalles que espontáneamente deja relatados Cardoso en sus memorias. Pero esa, es otra historia.

Cartas y misivas.
A poco andar de la llegada en remesas a los cantones fronterizos a gozar de los «beneficios de la civilización» son militarizados y obligados a servir de baqueanos a las tropas de línea en las batidas preliminares a la general de 1879 contra sus propios parientes de tierra adentro.
Una carta escrita en esos días por el franciscano Donatti, deja entrever la relativa consideración que se tenía por la familia Cardoso: «el día 6 bautize a Francisco Solano Cardoso, de 16 años. El Comandante Cárcoba fue su padrino. Hubo cohetes, estruendos, banda de música, macitas, bebidas y baile para todos. He hablado con su padre para que lo dejase ir a Buenos Aires al colegio, donde lo quería enviar su padrino, pero fue inútil, no me creen aún…. son indios…».
Volviendo al corpus de documentación aportada por Gómez Luna, esta consta -como señalábamos- de dos largas cartas. La primera de ellas, está dirigida al Ministro de Guerra el 29 de noviembre de 1907.
En el texto, Cardoso se presenta como argentino, de 54 años, casado, domiciliado en Santa Rosa y expresa que en junio de 1875 ingresó como Guardia Nacional en la Compañía de «Indios Auxiliares» del fuerte Sarmiento Nuevo, frontera sur de Córdoba. Realizando en 1879 la campaña del desierto en el Escuadrón Auxiliar de Ranqueles comandado por su tío el cacique Juan Villarreal. Así, ratifica su propio origen indígena y se sitúa en la trama de relaciones familiares con los clanes cacicales que -paulatinamente- van desgajándose e incorporándose a las filas cristianas.
La segunda de las misivas, escrita 10 años más tarde reiterando el pedido de jubilación, es la de mayor extensión y la que mayores detalles brinda. Las precisiones aportadas a lo largo de las 14 páginas de relato ágil y novedoso, manifiestan su participación en todas las entradas al área ranquelina que se suceden antes y después de 1879. Sin embargo, nos detendremos sólo en lo relativo a la fundación del fuerte Victorica, puesto que introduce toda una novedad cuando afirma que la fundación del nuevo poblado es realizada en los primeros días de agosto de 1881, o sea, siete meses antes de la fecha que hoy oficialmente se reconoce y conmemora, confirmando una nebulosa versión oral hasta hoy no probada fehacientemente.
Cito textual, «en el mes de junio del año 1881 después de tomar un poco de descanso, nuestra fuerza partió nuevamente de fuerte Sarmiento hacia tierra adentro. Ya una gran zona del territorio encontrábase conquistado por el ejército. Al llegar a la laguna del Bagual, se unió como de costumbre, la fuerza de línea que partía de Villa Mercedes.
Esta vez iban agregados al ejército expedicionario, ingenieros militares con el propósito de fundar un pueblo en un lugar adecuado. Por eso cuando llegamos al paraje denominado ‘Nueve Aguas’ (Aillanco), se hizo alto, acampando allí tres días, mientras los Sres. Ingenieros practicaban sus estudios y exploraciones, de lo que resultó que no era adecuado el lugar.
Seguimos la marcha y llegamos a ‘Los Trapales’ donde se volvió a hacer campamento y los ingenieros exploraron aquellas tierras y también Lebucó y Arincó para un pueblo; continuamos la marcha y fuimos al lugar ‘La Resina’ y encontrándose este punto apto para un pueblo, se fundó entonces en el mismo lugar el pueblo de Victorica.
La fundación de este pueblo se llevo a cabo a principios del mes de agosto de 1881».
El texto transcripto y las aseveraciones de Cardoso respecto a los ingenieros militares no nos parece desatinados a poco de corroborar la veracidad de sus dichos con otras fuentes. Leemos en la Memoria del Ministerio de Guerra y Marina de 1882 (Tomo I, pág. X) que efectivamente en la citada expedición se incluyeron ingenieros militares exclusivamente para trazar la planta de un nuevo pueblo.

El fotógrafo de Victorica.
En cuanto a los parajes nombrados que fueron evaluados para tal fin, «Nueve Aguas», «Trapal», «Arinco», Leubucó» hasta que finalmente se deciden por «Recinas», existen documentos fotográficos que definitivamente refuerzan lo aseverado por Cardoso. Me refiero a la colección de fotografías tomadas por aquel joven fotógrafo francés -Alberto Meuriot- que en ansias de aventuras y merced a influyentes contactos había logrado excepcionalmente ser ascripto a la expedición con tal rol, cuando no era usual incluir entre el utillaje militar a fotógrafos. Originario de Poitou, Francia, había llegado junto a sus padres a Rosario comenzando los primeros pasos en la profesión como ayudante de Alejandro S. Witcomb. Es conocido que éste se trasladó en 1878 a Buenos Aires, al adquirir la galería del prestigioso fotógrafo portugués Cristiano Junior. Así llega a la ciudad como colaborador en la nueva Galería Witcomb, donde conoce al Dr. Dupont, que había sido el cirujano de la Tercera División que viene a La Pampa en 1879, quien lo recomienda a Racedo. Por esta vinculación finalmente logró que lo enrolaran como fotógrafo oficial de la nueva expedición fundadora.
Los impensados documentos gráficos fueron hallados casualmente en 1990 en el archivo de los Franciscanos de Río Cuarto. En una de las habituales visitas mensuales al repositorio, donde abrevaba en documentación epistolar del conflicto interétnico en la frontera sur, le solicitó al fraile archivero -Luis Padros- la posibilidad de acceder a documentos fotográficos, si los hubiera. Con su característica bonhomía, el buen catalán puso en mis manos una colección de 17 fotografías que correspondían a… la fundación de Victorica!! Obviamente, se abría una torrentera inagotable de nuevas investigaciones referentes al profesional que las tomó, las circunstancias y básicamente para el tema que nos ocupa, la posibilidad de entrecruzar la nueva información gráfica con los textos de Cardoso.

Las estaciones de Cardoso.
La colección Meuriot consta de 17 «vistas» perfectamente referenciadas de su puño y letra que reflejan el derrotero y campamentos en marcha en los sitios señalados como estaciones por Cardoso que jalonan el camino. Reproducidas convenientemente por el recientemente desaparecido Tito Evangelista y trabajados luego aspectos históricos más específicos junto a Walter Cezenave, fueron puestas a disposición de la comunidad rápidamente. Hoy se pueden visitar en la página de la Fototeca Bernardo Graff.
La aplicación del método inductivo-deductivo en las imágenes han permitido obtener algunas inferencias de interés que dan lugar a interesantes deducciones y aun, a la polémica. Señalamos que Cardoso afirma que el arribo al lugar fue en el invierno del 1881 -agosto- y se observa en algunas tomas que los pastizales y caldenes sugieren un aspecto invernal.
La mayor cantidad de fotografías están tomadas, naturalmente, en Las Recinas y se advierten en ellas la precariedad y ligereza de las instalaciones. Improvisados cercos de ramas delimitando espacios, toldos construidos con mantas y ponchos para abrigo de las familias y tiendas de campaña para las tropas, indicaría que la tarea de registro gráfico fue realizada en los inmediatos días de arribo y asentamiento en el lugar. Además señalarían la corta estancia de Meuriot en el nuevo pueblo ya que las construcciones de ranchos, empalizadas y construcciones más sólidas no se advierten en las tomas. Lo que da la pauta que el mítico horno de ladrillos en «los pisaderos» aun no estaba en producción.
La expedición, al mando del Cnel. Racedo, evidentemente traía órdenes concretas y tenía mucho interés por la apertura de nuevos caminos y espacios resguardados y seguros para la colonización. Porque además del asentamiento en nuevo poblado, parte de las fuerzas, siguen su avance hacia el sur.
Cardoso señala más adelante en su texto, que : «Una vez fundado este pueblo, el Gral. Racedo siguió marcha con 150 hombres rumbo al sur, donde también me tocó marchar a establecer la nueva línea de fortines, pues saliendo del nuevo pueblo de Victorica, el primer fortín establecido y construido por nosotros fue en el paraje ‘La Carreta Quemada’ (en cercanías de la actual localidad de Carro Quemado), el 2º fue en el paraje ‘El Carbón’, el tercero en el paraje de ‘La Perra’ y el último en el Valle Daza.
De este fortín seguimos marcha llegando al paraje llamado por los indios en ese entonces ‘Trarú Lauquén’, el cual llámase hoy Laguna del Carancho, donde encontramos un piquete de caballería al mando de un capitán, donde dimos descanso a los caballos que montábamos, por dos o tres días más o menos.
Según manifestaban los soldados de dicho capitán, ellos pertenecían a la División del ejército del Gral. Levalle, en esa época destacado en el Carhué.
Nuestro Gral. contramarchó después por la misma línea de fortines que habíamos establecido. Una vez nuevamente en Victorica, dejó al mando de la fuerza destacada en el nuevo pueblo, al Cnel. Don Ernesto Rodríguez, contramarchando Racedo para Sarmiento Nuevo, con muy poca tropa».
Cardoso y Meuriot, regresaron con él. Tras el alejamiento de Racedo a sus cantones de Córdoba, fue -acaso- que le correspondió entonces el mérito para la posteridad de la fundación al Cnel. Rodríguez cuando por nota informaba oficialmente a la superioridad el 12 de febrero de 1882, la conclusión del acto administrativo fundacional.

La fundación real.
Los textos de Cardoso y las imágenes del fotógrafo Meuriot se complementan unas a otras, abriendo posibilidades ciertas para iniciar un camino de investigación respecto a la real fecha de fundación, nada más -pero nada menos- que del primer pueblo pampeano.
Seguramente, también habrá quien diga que estas son minucias y que su evocación responden a un hecho menor. Pero creemos trasmitir al lector, dos circunstancias que no son comunes en la historiografía de nuestra región del período de las campañas militares de ocupación del territorio: La primera de ellas, presentar un indígena «hablando» en primera persona y relatando su versión de un acontecimiento que hasta ahora sólo había trascendido por militares, sacerdotes o cronistas. Y que lo saca del anonimato y realidad histórica de silencio a que estuvieron relegados los indígenas y también las sufridas familias, heroicas mujeres y niños de los soldados que integraban el personal subalterno de la Brigada fundadora.
La segunda circunstancia es remarcar el valor de la fotografía como patrimonio cultural. En este caso, con valor testimonial imprescindible para la historia de nuestra comunidad. Porque las fotos de Meuriot vinculan y refuerzan el texto de Cardoso y los textos de este cobran veracidad con las imágenes de Meuriot.

* Colaborador