domingo, 22 septiembre 2019
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Colección de folklore

En 1921 el Consejo Nacional de Educación encomendó realizar una encuesta nacional, a fin de recopilar distintos aspectos del folklore característico de diversas regiones del país. Fueron maestras y maestros, de puño y letra, los encargados de emprender esta tarea.

Melina Caraballo *; Ignacio Roca **; Cynthia Zorrilla ***; Leandro Romero ****

El proyecto fue solicitado tras el cambio de percepción que hubo sobre la imagen de los inmigrantes que llegaban a nuestro país a fines del siglo XIX y principios del XX. En efecto, el Estado Nacional buscó acentuar la identidad del pueblo argentino con el objetivo de corresponder con la idea de nación que se pretendía.
Desde 1951, el material original se encuentra disponible en la Biblioteca Juan Alfonso Carrizo del Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano (INAPL), en Buenos Aires.
La Pampa no quedó excluida del recupero y preservación de las tradiciones que son parte de la memoria popular. Actualmente, en el Archivo Histórico Provincial «Profesor Fernando Aráoz», dependiente de la Secretaría de Cultura de La Pampa (en Santa Rosa), se conservan disponibles 87 legajos duplicados de los originales de las encuestas, los que presentan algunos signos de deterioro. El contenido es variado e incluye leyendas, supersticiones y brujerías, pasando por canciones, juegos, diversos vocabularios y frases en lengua mapuche o pampa, de acuerdo con las filiaciones impuestas por los informantes, entre otros elementos folklóricos. No faltan en estos registros la luz mala, la salamanca y las fantasmales presencias (cutana lué, pericanas, etc.).
También es posible hallar en ellos consejos para curar (algunos de estos, provenientes de la sabiduría machi), interpretar malos presagios, prevenir o anticiparse a fenómenos naturales o bien para deleitarse con alguna historia del zorro y sus andanzas.
Un equipo de trabajo de la Universidad Nacional de La Pampa, en conjunto con el Archivo Histórico Provincial se propuso recuperar y preservar la memoria colectiva del pueblo pampeano. Para ello, se proyectó una Acción de Extensión Universitaria (AEU) llamada «Digitalización, sistematización y difusión de la Colección de Folklore de 1921», la cual es financiada por la Secretaría de Cultura y Extensión Universitaria (Res. 82/2019, del Consejo Superior de la UNLPam). El trabajo inició en marzo de 2019 y se extenderá por el lapso de un año. A partir de esta acción, se plantea entonces facilitar el acceso público de los documentos que forman parte del patrimonio de la provincia.

«Homogeneizar».
La Encuesta de Folklore se enmarca en una época signada por el arribo de inmigrantes extranjeros. Estos últimos no fueron tan bien recibidos por los intelectuales nucleados en la Generación del Centenario, para quienes el fenómeno de la inmigración europea podría haber significado una oportunidad de progreso en un Estado-nación reciente.
Para algunas de las principales figuras del positivismo argentino -como Carlos Octavio Bunge, José María Ramos Mejía y sobre todo para José Ingenieros- era preciso pensar en una solución para el «problema» de la inmigración. Esta afluencia era concebida a partir de categorías que se encuadraban dentro de las matrices del positivismo evolucionista y darwinista, según el filósofo e historiador Oscar Terán.
La llegada de inmigrantes finalmente devino en un riesgo, de acuerdo con la visión de algunos devotos de la ciencia. Ante este panorama, que parecía socavar la identidad de la propia nación, fue preciso poner en funcionamiento un proyecto estatal que asegurara la homogeneidad. Así, la idea de nacionalidad adquiere gran relevancia entrado el nuevo siglo, y con ella se estructura un dispositivo centrado en la educación y en los rituales patrióticos, mediante los que se intentaba «argentinizar» a la masa de inmigrantes.
Son los intelectuales pertenecientes a la época del Centenario quienes se manifiestan en favor del nacionalismo argentino. Uno de sus principales exponentes fue Ricardo Rojas, autor de La restauración nacionalista (1909), obra surgida en un contexto político y social que, por sus rasgos particulares, posibilitó la emergencia de otras publicaciones que reflexionaban acerca de la nación. El texto pone en evidencia que, frente al escenario oscurecido por el fenómeno inmigratorio, el intelectual debe contribuir a la formación de una conciencia nacional. La esencia de ese saber nacional descansaba en el interior del país, donde las fuentes hispánicas e indígenas estaban menos contaminadas por el cosmopolitismo.

Plan educativo.
En esta particular coyuntura, es posible comprender la importancia que luego adquiere la Encuesta de 1921, como pieza de un verdadero plan educacional, llevada a cabo bajo los preceptos nacionalistas. De hecho, Rojas, que es uno de sus ideólogos, instaura las cardinales líneas sobre las que se asentará luego el proyecto dispuesto por el vocal del Consejo Nacional de Educación, Dr. Juan P. Ramos. Dicho proyecto establecía que las encuestas serían llevadas a cabo por maestras y maestros nacionales, distribuidos en catorce provincias, quienes debían recopilar el material disperso que constituía el acervo folklórico argentino. Para ello, desde el CNE se enviaron unas «Instrucciones a los maestros para el mejor cumplimiento de la resolución adoptada por el H. Consejo sobre Folklore Argentino (1921)», en las que es posible advertir una lista de temas relacionados con la cultura popular, agrupados en los siguientes ejes: I. Creencias y costumbres: creencias y prácticas supersticiosas, costumbres tradicionales; II. Narraciones y refranes: tradiciones populares, leyendas, adivinanzas, etc.; III. Arte: poesías, canciones, danzas y IV. Conocimientos populares.
Así, diez años después de los festejos del Centenario, docentes y directivos normalistas formaron parte del trabajo de recopilación llevado a cabo en nombre de la Encuesta de Folklore (1921). Estos se desempeñaban en escuelas instauradas bajo la ley 4874 de 1905 -conocida como Ley Láinez-, por lo tanto, su origen se entronca en la importancia que adquirió la educación desde fines del siglo XIX, marcada por la creación del Consejo Nacional de Educación (1881) y la sanción de la ley 1420 de Educación Común (1884).

Un proyecto político.
Sin duda, la Encuesta de 1921 testimonia, en palabras del historiador Alejandro Cattaruzza, un proyecto político centrado en la representación de la nacionalidad argentina a través de sus expresiones culturales hispano-indígenas. De este modo, la documentación relevada contribuía no solo a borrar cualquier tipo de diferencia gestada en el interior de la Nación, sino que al mismo tiempo daba lugar a la construcción de un imaginario colectivo del ser nacional que descansaba en la memoria oral de un pueblo, por lo general, asociado a un medio rural.
Para el caso del territorio pampeano, la antropóloga María Inés Poduje manifiesta que las respuestas enviadas conformaron un total de 91 legajos, de los cuales el Archivo Histórico Provincial «Fernando Aráoz» posee 87 duplicados de los originales que se encuentran en el INAPL. En 1991, junto con el equipo del Archivo, inició un proyecto que incluía tres etapas: el fichado, ordenamiento y análisis de las encuestas. Finalmente, se avanzó de manera favorable con la ejecución de las dos primeras.
En sintonía con el proyecto anterior, la AEU pretende aportar a la descripción y difusión de los materiales, aprovechando la disponibilidad de las nuevas tecnologías que facilitan el acceso público.

Algunas críticas.
A principio del siglo XX, se encontraba en auge el paradigma evolucionista, y Argentina no estaba exenta de su influencia. Esta concepción del pensamiento humanista consideraba a la sociedad europea (y su intento de réplica argentina) como cúspide de la civilización, y a los pueblos criollos e indígenas de los llamados «países periféricos» como expresiones «atrasadas» de la cultura. En este marco, la cultura era entendida desde una noción universalista, como una manifestación del espíritu humano, única para todo el género.
Sin embargo, estas ideas comenzaron a ser fuertemente desacreditadas hacia las décadas de 1920 y 1930. La Encuesta de Folklore de 1921 revela este cambio, al revalorizar el folklore, el conocimiento del pueblo y representarlo como un elemento constitutivo de la identidad cultural nacional.
Por otro lado, el concepto de folklore también fue foco de críticas formuladas desde el campo de la Antropología Social y los Estudios Culturales a partir de la segunda mitad del siglo XX. Al respecto, se señaló su concepción estática y cosificada de la cultura. Desde esta perspectiva, el folklore abordaría sus objetos de estudio como elementos supervivientes de un pasado, que se habrían mantenido inmutables a lo largo de la historia. Concebido de este modo, representaba más una suerte de estado «puro» de la identidad de un pueblo, que las transformaciones que atraviesa todo proceso cultural.
Ahora bien, estas consideraciones teóricas, que dejan al descubierto la dificultad de plantear la existencia de una cultura argentina o pampeana en términos de una «verdadera autenticidad», pueden enriquecerse con el aporte de las Encuestas de 1921. Tales registros permiten ahondar en el rescate de elementos que formaron parte de la configuración de dichas identidades culturales, siempre dinámicas y en disputa.
En ese sentido, la concreción de esta acción de extensión posibilitará la recuperación de la Encuesta de Folklore y el acceso a un importante registro de la memoria colectiva de la provincia. Asimismo. permitirá hacer una selección ordenada de acuerdo con los intereses de cada usuario y favorecerá la consulta del material a través de diferentes soportes. Por último, su difusión contribuirá con el rescate y valorización de algunas expresiones culturales, irremplazables por su valor testimonial, como parte del patrimonio intangible de La Pampa.

* Docente (FCH – UNLPam)
** Docente (FCH – UNLPam) y Director de Patrimonio Cultural
** Comunicadora Social (FCH – UNLPam)
** Integrante de la AEU

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