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Con todo a cuestas

Los carreros y sus vehículos -los carros- fueron el nexo que permitía llevar y traer productos primarios entre distintos sitios. En este artículo se rescatan varios de estos pioneros del sudeste pampeano, con sus historias y familias a cuestas.
Gladys Pellizari *
Fueron empleados en la región por los pioneros, desde comienzos del siglo XX. Eran esencialmente un transporte de carga.
Ante la carencia del ferrocarril, los carros fueron el nexo esencial para el transporte de productos primarios hasta General Acha y el Valle de Río Negro y la provisión de mercaderías hasta los más apartados lugares del Departamento Puelén.
Las características eran que estaban construidos con un armazón de madera resistente -quebracho- y hierro, montado sobre dos ruedas traseras altas y dos ruedas delanteras más chicas, para superar las dificultades del terreno.
Según el testimonio de Quicho Herrera, realizado en 1998, eran de tracción a sangre, tirados por seis o siete mulas: una que iba en las varas (varera), dos a los costados de ésta (laderas), tres adelante (tronqueras) y colocaban otra que le llamaban cadenera o cuartera, para refuerzo. Llevaban un arreo de 15 a 20 mulas, para ir cambiando los animales cansados. Los carreros preferían las mulas porque eran más resistentes y menos exigentes en cuanto a los pastos que comían.

El carrero.
Desde el pescante, el carrero dominaba el horizonte con su ojo avisor. Curtido por el aire y el sol, con las riendas en una mano y el látigo trenzado en la otra, guiaba el carro. Debía asegurar bien la carga, para superar los accidentes del camino.
El marucho, generalmente un joven, era el peón que cuidaba las mulas y ayudaba en los trabajos relacionados con el carro. Buscaba leña, encendía el fuego y cebaba mate.
Se tiene conocimiento de quiénes algunos dueños de carros y circuitos comerciales. Por ejemplo, Norberto Herrera, nacido en Las Flores, provincia de Buenos Aires, viajaba a comienzos del siglo XX a General Acha, desde Puelén, por el camino que cruzaba al norte del Gran Salitral; Cochicó, La Reforma, Chacharramendi y El Carancho. Debía cruzar algunas tranqueras, cuyos dueños habían alambrado los campos, antes de la apertura de la Ruta Provincial N° 20. Podía avanzar entre 15 a 29 Km. por hora. Hacían alto y descansaban en los puestos de familias conocidas.
El arribo del carro era ocasión para un cordial recibimiento, con el deseo de intercambiar noticias, compartir asado, mate y en algunas oportunidades hasta guitarreadas. Llevaba para vender lana -que se transportaba en lienzos de arpillera- cueros de chivo, oveja, zorro y plumas de avestruz. Traían productos de consumo cotidiano: yerba, azúcar, harina, fideos, condimentos, tabaco y papel para armar cigarros, ropa y calzado.

Ifraín y Salustiano.
Ifraín Cerda tenía dos carros y realizaba fletes para comerciantes de Puelén y Colonia 25 de Mayo. Para llegar al Valle de Río Negro tenía que recorrer más de 150 Km. de precarias huellas, abundantes médanos, afloramientos rocosos y extensas travesías sin agua. Cuando llegaba el momento de descansar, buscaban leña en el monte para tomar unos amargos, mientras se asaba un churrasco. Los ingleses de «La Estancia» enviaron una carta el 4 de septiembre de 1926 a la «Casa de Ramos Generales de Escala y Elosegui,» manifestando que: «Salían dos carros de Ifraín Cerda con 62 bolsas (4.082 Kg) de semilla de alfalfa.»
Salustiano Navarro partía desde el Puesto «El Copel» (a 5 Km de La Copelina) con dos carros hacia el Valle de Río Negro. Para efectuar los itinerarios había que ser conocedor de los caminos y huellas, baqueano y hábil en el manejo del carro. Las irregularidades del terreno hacían muy difícil la marcha y en varias ocasiones, en las bajadas pronunciadas de las bardas, como en la «Aguada de La Escondida,» era necesario disponer «cuartas» (mulas cuarteras) en la parte trasera, que tirando en sentido contrario, evitaban vuelcos casi seguros.
Según el testimonio de Ricardo Navarro (2002), viajaba a Cipolletti llevando cueros y lienzos de lana y traía mercadería: harina en bolsa, yerba en barricas (de arpillera con los extremos de madera), fideos surtidos, bolsas de azúcar en terrones, bolsas de arroz, ropa, calzado, telas, tabaco y papel, gruesa de fósforos (doce docenas). Cuando llegaban a El Sauzal, se dirigía a la chacra de Estanislao Molina, baqueano, muy conocedor del río, para que le indicara el paso seguro, el pedrero por donde bandearlo. Tardaban cinco días de ida y cinco de regreso.

Pedro y Benito.
De acuerdo al testimonio de Manuel Méndez (2000), Pedro Gutiérrez Alqueta nació en San Carlos Nuble (Chile), llegó a Colonia 25 de Mayo en 1920. Ocupó 100 hectáreas en la costa del río Colorado y una isla donde tenía ganado. Era propietario de dos carros muleros con los que hacía fletes. Llevaba semilla de alfalfa desde «La Estancia» de los ingleses. En el año 1926 llevó 106 bolsas (7.246 Kg.) a la «Casa de Ramos Generales de Escala y Elosegui» de Cipolletti, que actuaba como acopiadora. De regreso trajo barricas de cemento. El 24 de febrero de 1927 transportó 7.014 Kg. de semilla de alfalfa desde «La Estancia» y el encargado le solicitaba que los dos cargamentos los almacenaran en el galpón hasta que mejorara el precio.
Vale aclarar que para los colonos, el cultivo de alfalfa era un importante recurso, ya que la aprovechaban para pasturas, era mejoradora del suelo y se comercializaba la semilla en el Alto Valle de Río Negro, donde se había implementado un plan de ampliación de superficies bajo riego.
Benito Méndez llegó desde Chile en 1904 y se estableció en el puesto «Agua de Acha.» Era criancero. Todos los años viajaba a Cipolletti con carros donde llevaba cueros y lana del comerciante de Puelén Jacinto Urcola. Los entregaba en la «Casa de Comercio de Martínez y Criado.» Desde allí, traía mercadería: yerba, azúcar, harina, fideos, alpargatas, entre otros objetos.

Muerte en el Colorado.
Gerardo Nicolini ocupó desde 1924, 20 hectáreas en Colonia 25 de Mayo. Tenía carros y realizó -desde 1925 hasta 1928- varios fletes para «La Estancia», yendo hasta Cipolletti. Murió al intentar cruzar el río Colorado en el año 1945.
Emiliano Fernández Ferreras llegó a Colonia 25 de Mayo desde Ercina, provincia de León (España) en el año 1921; ocupó 25 hectáreas. Era agricultor y tenía un comercio. Con dos carros realizaba fletes al Valle de Río Negro.
Los ingleses le trillaban a los colonos que tenían pequeñas superficies sembradas. Las casas de Ramos Generales en el Valle de Río Negro, actuaban como acopiadoras de los productos primarios que transportaban los carros. A su vez, le proveían de mercadería a través del sistema de «cuenta corriente.» Ejercían las funciones propias de una entidad bancaria -con una triangulación de fondos- por cuanto le entregaban al encargado de «La Estancia» el dinero necesario para el pago de los jornales al personal, que giraba la Casa Central de la «Río Colorado Lands» con domicilio en Buenos Aires.
* Docente jubilada