De la tutela a la palabra

MUJERES

Una doble biblioteca da origen al último libro de la escritora, psicoanalista y artista plástica Ana María Martín editado recientemente por Biblos: Mujeres, de la tutela a la palabra. La Mirada naturalista en las novelas de amor para mujeres.
María Susana Berdasco *
Como toda obra, Mujeres, de la tutela a la palabra… da cuenta de la biblioteca de la escritora pero en esta se registra una doble biblioteca. Una es el mueble caoba, vidriado, con las colecciones de su papá, ubicada en un extremo del amplio comedor de la casa. Desde esta se generó la lectura de los clásicos literarios que -atesorados- estuvieron y están en el precioso mueble; otra, ligada a esta que es la enciclopedia abundante que detectamos en el discurso constituyente de Ana: biblioteca que contiene a decenas de pensadores, a relevantes escritoras feministas.
Una nota periodística del diario Página/12 de abril de 2016 sobre la violencia machista es el punto de partida para esta obra que motiva un diálogo particular entre las novelas de amor escritas en la Francia postimperial, pero que se abre a otros discursos, desplazándose del espacio literario hacia los que le permiten explorar el bagaje de los signos culturales de sus personajes. La Introducción nos adelanta que la autora siente preocupación por este tema. La escritura personal conforma una poética propia con procedimientos de citas, análisis y también reflexiones desde su experiencia como psicóloga clínica.

Naturalismo.
En la primera parte del libro, “La mirada del naturalismo”, la autora indaga acerca de la manera en que los autores adscritos a la tendencia realista / naturalista construyen el modelo ideal de las mujeres, y cómo esto se extrapola el arquetipo de país soñado por las élites dirigentes europeístas, a la Argentina de fines del siglo XIX y principios del XX. Las heroínas, que residen en las novelas de esa época, protagonistas de las obras editadas por La Nación -como Biblioteca de La Nación- entre 1901 y 1920, respondían a un modelo imaginario importado. Asimismo, señala que como los títulos procedían casi en su totalidad de Europa y en especial de Francia, la colección marcó un hecho capital en la historia de la traducción en nuestro país. Y también, que la editorial de un diario tan importante hizo posible a los lectores y lectoras, el acceso a obras de la literatura universal.
La exploración de Martín sobre esta colección de novelas clásicas, se apoya en el análisis de cómo se delinearon los prototipos, siendo que el imaginario no surgió de las bases sociales y por lo tanto se intentaba que la población entrara dentro del modelo importado, con componentes tales como la piel clara asociada a la belleza, estereotipos físicos para llegar a las formas de vida, las opciones morales y la manera como debían comportarse el varón y la mujer soñados.

Disciplinar cuerpos.
Se describen las diferentes maneras en que el cuerpo trabaja como herramienta de identificación y, al mismo tiempo, expone el modo como las personajes reaccionan frente al modelo normativo que se las propone. Entre los aspectos negativos pueden enumerarse la pobreza vinculada a la suciedad, a las malas compañías y aun la población originaria en su conjunto, asociando su etnicidad al atraso y al desconocimiento de su cultura; en tanto, se priorizaba el conocimiento de la población del país europeo y el modelo de la familia cristiana.
En tal sentido, apunta que “la cuestión racial sirvió al establecimiento de jerarquías entre lo europeo asociado a pureza y blancura”. Y, que tal movimiento llegó a formar parte del proyecto educativo de sucesivas generaciones que respaldaron creencias como verdades incuestionables, no ajenas a prejuicios, frente al color de la piel y la pobreza.
Un médico argentino, Manuel Podestá, inscripto en la tradición naturalista, escribe dos obras que aparecieron en la colección en 1909 -pleno auge de los conocimientos médicos- y relaciona la biología con lo moral. Aborda cuestiones de exclusión tales como: impugnación de sexualidades diferentes, la pobreza y males asociados como la falta de higiene y la propensión a las enfermedades; más cualidades y conductas morales que no se adecuarán a los modelos de productividad esperados para cada género. Ana afirma: “es sobre la mujer que el nivel de prejuicio lo conduce a planteos de extremo desmerecimiento, al vincularla con una sexualidad desordenada”.

Escriben los hombres.
La palabra en la escritura era de los varones, no de la mujer. Si bien en esta época las mujeres aún no votaban y vivían una ciudadanía dependiente de los hombres, en el mundo y en Argentina se habían dado avances de autonomía importantes de los que la novela no da cuenta.
Silvia Molloy, investigadora feminista, argentina, dice al respecto que en la utopía de país a construir, los médicos se esforzaron por instalar no solo un modelo de ser humano que respondiera a un perfil de piel y morfologías determinadas, sino también un modelo de heterosexualidad. La mujer quedó ligada al propósito de mejoramiento racial. Desconocía este autor, -refiriendo al médico psiquiatra local Podestá- en el afán de dar prioridad a las ciencias biológicas, los trabajos que en el mundo científico europeo existían en el campo de la psicología y la psiquiatría y su mirada por tanto se ejercerá desde un positivismo elemental.
En sintonía con Foucault y Butler, se destaca que el cuerpo ya no se concibe como un elemento material y pasivo, sino como una plataforma artística, una zona de inscripción de conductas sociales, un reflejo de la ideología y del poder.
Partiendo de estas ideas relevantes, se comprende la complejidad que subyace bajo la caracterización física de las heroínas en el trabajo de Ana. Sus cuerpos hablan, son textos sobre los que leer, estructuras simbólicas que ofrecen mucha más información de lo que a primera vista se puede pensar.
Este intento de domesticación responde al objetivo del nuevo proyecto que se impone en la época, el cual manifestaba explícitamente su deseo de someter a la mujer a un rol social definido y cristalizado en la imagen de ángel del hogar y halló en la literatura un instrumento adecuado para difundir esta construcción.

Los textos.
En la segunda parte del libro titulada “Sobre los textos”, el análisis de términos que sirven a la caracterización de la sociedad después de haber pasado un siglo de la Revolución Francesa está minuciosamente ejemplificado. Sobre todo se tiene en cuenta el reacomodamiento de los sectores ambiciosos de poder y dinero y también de sectores bajos que visibilizados exigían a un Estado que debía velar por el conjunto. Los avances de la ciencia y la técnica, por otra parte el sistema cortesano, los nuevos límites nacionales con una sociedad más desacralizada, más libertaria. Y se marca que las novelas no dan cuenta de estas valoraciones, como tampoco de las transformaciones que se daban en las ciudades.
La autora remite en esta parte, con abundancia de autores que la nutrieron en el análisis, a Walter Benjamin, Michel Foucault y Silvia Mohillo, entre tantos.

Salir a la calle.
El capítulo anteúlimo, “El desgarro”, vuelve sobre la mujer como objeto, no sujeto. Objeto de observación, de evaluación de tutelaje desde un saber asumido por los hombres. En tanto, los saberes de las mujeres se desplegaron en el hogar, las instituciones de caridad o de minoridad. Ese fue el modelo sembrado en la Argentina del centenario.
Entre la siembra deseada de una minoría afín a los valores europeos y el desgarro de lo originario, de los diferentes en razón de su etnia, de culturas no coincidentes con el modelo hegemónico se han ido configurando los países americanos. En ese mundo de piel, de olores, de dolores del cuerpo, de los placeres de la piel, de sexualidad y de entendimientos, fueron transcurriendo las generaciones que hicieron este país. Con palabras dichas en voz baja, como grito o queja o canto, que no trascendían las fronteras domésticas. Los progresos logrados en la condición femenina en el campo social, han ido cambiando ciertos órdenes y disminuyendo la desigualdad.
Para las mujeres no hay otra opción que la posibilidad de transformación del modelo heredado. Descubrirse para asumirse y poder actuar según criterios propios. “Ni una menos, vivas las queremos”, se ha hecho nacional. Estas luchas interpelan también a los poderes judiciales, fuertemente formados en la mentalidad patriarcal.
Butler dirá que salir a la calle y encontrarse en pos de demandas comunes es salir de la vulnerabilidad. Habrá otros pero este es un recurso de este tiempo, donde los cuerpos se juntan, tan lejos de los modelos idealizados, de tutelajes normalizadores.
Las mujeres que toman la palabra generan acontecimiento. Tal lo hicieron y lo hacen las Madres de Plaza de Mayo, las Abuelas, todas las mujeres de los encuentros y de los pañuelazos. Y para finalizar, coincido con Ana: “la horizontalidad cambia la historia en ese conjunto que se moviliza con la fuerza que da lo compartido de la comunidad de donde todos venimos”.
* Profesora de Letras
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