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Deseo del agua

“Cancionero 2.0: Seamos el sonido de nuestros ríos” busca proseguir, esta vez en voces infantiles y juveniles, aquellos cancioneros emergentes del reclamo pampeano por el agua de sus ríos. Muestra sueños que, en su nueva apariencia, trae impresos antiguos sentidos.

Andrea M. D’Atri *

La obra poético musical “Cancionero 2.0: Seamos el sonido de nuestros ríos” fue presentada en diciembre en el centro cultural Medasur, en Santa Rosa. Es una publicación de 2019 de la Secretaría de Recursos Hídricos de La Pampa ilustrada por completo por Claudia Espinosa e impresa por 7 Sellos Editorial Cooperativa.

Reúne en 108 páginas, composiciones musicales de niños, niñas y jóvenes de escuelas de La Pampa de los niveles inicial, primario y secundario, quienes compusieron letras y canciones, las grabaron y participaron de ese modo de la convocatoria a trabajar el reclamo del agua mediante la poesía y la música.

La Secretaría de Recursos Hídricos y la Fundación Banco de La Pampa promovieron este trabajo que busca educar sobre el derecho al agua. La Asociación Pampeana de Músicos y la Asociación Pampeana de Escritorxs colaboraron en el armado del proyecto y la selección de materiales.

“Esta primera versión infanto juvenil que estamos presentando en sociedad es una forma de continuar con aquella obra pionera como lo fue el Cancionero de los ríos en la década del 80”, dice la presentación del libro.
“Procuramos rescatar y reconocer a todos aquellos que han aportado a nuestra identidad cultural como pampeanos: poetas, autores, compositores, arregladores, músicos, diseñadores, artistas y, especialmente, a Walter Cazenave, Rubén Evangelista y Juan Carlos Pumilla que han colaborado con lo suyo, para dejarnos aquella obra maravillosa como legado para las futuras generaciones”, agregan.

Lo colectivo.

Se trata de un trabajo colectivo, donde quienes emprendieron la tarea de lograr el resultado fueron los miembros de la comunidad educativa provincial, desde los representantes del Ministerio de Educación, hasta los directivos de las escuelas, los y las docentes, alumnos y alumnas que mostraron interés en pensar sobre el agua, los ríos, el ambiente, los bienes naturales y la comunidad dentro de estos.

La participación fue exitosa. Más de cincuenta creaciones fueron publicadas en el Cancionero 2.0. En sus páginas, se presentan canciones de variados estilos, temas, ritmos, escritos por docentes y estudiantes que utilizan distintos lenguajes musicales y poéticos. El Atuel, el Salado, el Colorado, que surcan parte del territorio, se mencionan en títulos o en estrofas. Portezuelo del Viento, la represa ya en marcha en territorio mendocino, aparece también como tema del cancionero.

Alberto Carpio y Rubén Evangelista, miembros de la Asociación Pampeana de Músicos, repasan el rol que cumplió la canción pampeana como “herramienta que utilizaron nuestros artistas de la música y el canto para contribuir a la lucha por los derechos de nuestra provincia sobre las aguas.”

“Vista la historia de las luchas de nuestros creadores e intérpretes por la recuperación del agua, podemos inferir que esta convocatoria artística…, es la más adecuada para estos tiempos en que se hace difícil mantener viva la llama del reclamo”, manifiestan en un texto de presentación de la publicación.

En este sentido, anteponen como artistas y obras que marcaron el rumbo, a Manuel José Castilla y su “Zamba del río robado” musicalizada por el guitarrista Guillermo J. Mareque y por el pianista Enrique Fernández Mendía. Esta obra, dicen, “se sumó al naciente Cancionero propio de La Pampa que en 1954 habían fundado el poeta Juan Carlos Bustriazo Ortíz y el compositor G. J. Mareque, cuando crearon la ‘Canción para la niebla puelche’, primera obra del repertorio folclórico pampeano”.

Otras obras referentes son “Canto a la tierra que habito”, de Guillermo Herzel; “De la creciente”, triunfo de J. C. Bustriazo Ortiz y el compositor Guri Jáquez.

Luego, aparece el primer Cancionero de los Ríos de 1985, autoría del mismo Evangelista junto a Juan Carlos “Pinky” Pumilla. En 2011, el pianista Federico Camiletti y la cantante Marcela Eijo reflejan ese Cancionero en “Agua de todos”, hasta llegar a la actualidad, cuando músicos jóvenes como Nicolás Rainone, Juani De Pian y Javier Villalba incorporan la temática de los ríos “con una mirada diferente, producto del momento social y cultural que les toca vivir en el presente.”

Adversidad y expresión.

“Diversas voces y la misma lucha por los ríos” es el título de un texto del presidente de la Asociación Pampeana de Escritorxs, Sergio De Matteo, que antecede el contenido del Cancionero 2.0. Enfatiza que es en la “cultura de la adversidad” donde se tiñe el acontecer de la historia regional y su expresión cultural.

“El arte pampeano, especialmente la poesía y la música, han dado cuenta, simbólicamente, de esta historia de la adversidad, de la lucha y los compromisos por la provincia. Desde la conjunción creativa de Juan Carlos Bustriazo Ortiz y Guillermo Mareque, en la década del ’50 del siglo pasado, no ha cesado la producción de bienes culturales que testimonien los hechos relevantes de nuestra historia”, dice De Matteo, coincidiendo con los representantes de la Asociación Pampeana de Músicos, para ejemplificar que tanto el Cancionero Pampeano como el posterior Cancionero de los Ríos refractan “esa empatía con el lar, el territorio, la provincia, pero también la capacidad imaginativa para darle a La Pampa una biblioteca polifónica que trasuda en la voz de diferentes generaciones”.

Para el escritor, que las políticas de Estado den asidero a la lucha por los ríos convocando a las nuevas generaciones a involucrarse y manifestarse, y la respuesta masiva de estas escribiendo y cantando como lo hicieron los precursores, “conjetura que el trabajo de concientización” ha sido valioso.

Otras artes.

Sin dudas, el arte ilustrativo del Cancionero 2.0 a cargo de Claudia Espinosa merece un análisis detallado de la obra de esta artista, que contribuye con sus interpretaciones a contener letras y canciones. Ella confiesa que el viento fue el elemento que le dio unicidad a los dibujos. Sin embargo, el buen observador advertirá que hay mucho más que aire fluyendo en los paisajes que acompañan las canciones, en las más de cien páginas de la publicación.

Colores mayormente terrosos, niños y niñas, animales de la fauna autóctona pero también los que pueblan vastos sitios del oeste y sur pampeanos – desiertos-, emanan del lápiz e imaginación de la artista.

Ríos imaginarios con y sin agua, peces de papeles y peces barrilete se confunden con pájaros. La barda es protagonista. Son dibujos que parecen plasmados para un ojo infantil, pero la textura y la edición que Claudia imprime a sus trazos primarios dramatizan las escenas y las universalizan.

La artista ha investigado el tema; se comprueba en los detalles de las ilustraciones: el del puente Vinchuqueros en el límite entre La Pampa y Mendoza cruzando en un cauce seco del Arroyo de la Barda –tal como persiste la mayor parte del año- enmarca el llanto de un niño y la angustia de una mujer, quizás su madre. El agua y los sueños, parafraseando al pensador francés de estudios modernos de poesía Gastón Bachelard, se ve recreado en los dibujos –de dinamismo surrealista- de Espinosa.

Letras y sentidos.

En los títulos de las canciones, también en el interior de las estrofas, es posible advertir la persistencia de ciertos rasgos impuestos en la expresión estética histórica que emana del reclamo por el agua de los ríos pampeanos “robados”: una tristeza y una nostalgia que, en las voces infantiles y juveniles del Cancionero 2.0, parece provenir de imágenes ajenas. ¿Serán las de los textos de sus mayores? ¿Serán las de la retórica de los cancioneros Pampeano y de los Ríos?

La resistencia emerge; se esboza por allí la lucha, la pelea y el reclamo. Sin embargo, a toda resiliencia por el verde y el sonido de “nuestros ríos”, le ganan el “silencio”, el “desierto”, la “falta de voz”, las “lágrimas”, el “destino”, el “robo”, la “pena”, el “olvido”, lo “seco”, la “muerte”, la “negación”, la “herida”, la “mentira”.

El secreto, parece ser, está en el deseo. Si hay deseo, hay objeto. Aunque no haya agua, se la sueña, se la quiere, se la espera, se la escribe y se la canta.

* Docente e investigadora (UNLPam)