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Dibujar por necesidad

Dueño de un estilo particular, pero en constante búsqueda, Ramiro Achiary comparte sus inicios en el arte del dibujo y la pintura. Además, declara no tener tiempo que perder y adelanta sus próximas creaciones y proyectos.

Ana D’Atri *

Ramiro Achiary nació en Santa Rosa hace 31 años. Cursó el secundario en el Colegio de la UNLpam y estudió un tiempo en la Universidad Nacional de Artes. También cursó el Programa para Artistas en la Universidad Torcuato Di Tella y recientemente se mudó a Toay, donde pasa sus días creando nuevas pinturas y trabajando en di Napoli Estudio 360º, donde se desempeña como diseñador e ilustrador.
En la última década, Ramiro fue reconocido en varias oportunidades. Tanto en el 2015 como en este 2021, su obra fue seleccionada para participar del Salón Nacional de Artes Visuales; mientras que en el 2018 obtuvo una Mención Especial del jurado del 107° Salón Nacional de Artes Visuales.
Por otra parte, Achiary es parte de la banda pampeana Los Siberianos, quienes desde la gran ciudad de Buenos Aires han logrado ocupar un lugar importante en la nueva escena del rock.
Su padre, Fernando Achiary, es reconocido en Santa Rosa por ser un estudioso de la música, siempre en la búsqueda de nuevas melodías y difundiéndolas a través de los medios de comunicación. Su programa «El Melómano» forma parte de la grilla de Radio Noticias 99.5 desde hace 16 años. «Además de mí, la madre es una influencia para Ramiro pese a no ser artista visual, sino por el aliento y apoyo permanente», afirma Fernando. Además, agrega como antecedente que la abuela materna de Ramiro, Eliana Soulages de Leiva, es pariente de uno de los pintores europeos más importantes del siglo XX, Pierre Soulages, quien aún vive y tiene 102 años. Veamos entonces cómo entró en Ramiro esta pasión por el arte en general y la pintura/dibujo en particular.

– ¿Cómo fueron tus primeros acercamientos al dibujo y la pintura?

La verdad es que no tengo un recuerdo del todo claro de cuales fueron mis primeros acercamientos a esto, porque estoy dibujando desde antes de tener uso de razón, quizás como todos los niños con la diferencia de que nunca lo dejé. Lo que me acuerdo es estar siempre tirado en el piso de la casa de mi abuela, donde vivíamos entonces, frente al televisor dibujando cosas que veía. Ella tenía alfombras gigantes donde me tiraba a dibujar, mi familia me conseguía hojas de todo tipo y yo las unía con cinta para dibujar cosas más grandes o armaba historietas de muchas páginas.

– ¿Qué dibujabas cuando empezaste?

Cuando era muy chiquito dibujaba escenarios con dinosaurios, bomberos apagando incendios, partidos de fútbol, cosas de ese estilo, muy inocentes. Después la televisión me metió en la cabeza otras cosas, crecí en los 90 y como todos les niñes de mi generación quedamos marcados a fuego con los dibujos animados, videojuegos y las cosas que nos vendían en la tele. Mi mamá tenía un kiosco y también por ahí nos llegaban algunas revistas que influyeron mucho. Lo primero fueron las Tortugas Ninja, Caballeros del Zodíaco, Mortal Kombat y el más importante Dragon Ball, mi gran influencia. Tenía una necesidad imperiosa de dibujar todo lo que veía, creo que era una manera de digerir tanto bombardeo de información visual, me acuerdo una vez en particular, estar viendo en Telefé una película de «los tomates asesinos» y no poder terminar de verla porque necesitaba ir a dibujar esos tomates. A partir de toda esta influencia mi orientación creativa siempre fue la de dibujar personajes, toda mi obra ronda alrededor de personajes a tal punto que ya tengo algunos fijos que siempre son protagonistas y van evolucionando junto con mi obra. Siempre empiezo las obras con un personaje y comienzo a construir todo lo que sucede alrededor.

– Tenés un estilo muy particular, ¿cómo lo fuiste logrando?

Creo que la búsqueda del estilo nunca termina, es algo que todavía estoy perfeccionando en cada obra y no creo haber llegado al punto que quiero aún. Pero lo que he logrado hasta ahora fue siempre nutriéndome de todas las cosas que encuentro y me gustan, apropiándome de pequeños detalles de todo tipo de productos visuales que veo y me generan algo, tengo buena memoria visual así que cada vez que pienso en crear algo y me doy cuenta que esta idea me recuerda a cierta cosa que alguna vez guardé, la busco. Tengo miles de imágenes que me han influenciado guardadas a las que recurro regularmente. Los productos que termino sacando de estas cosas terminan teniendo un poco de todo y nada de todo eso al mismo tiempo, porque sale algo nuevo propio. Puedo guardar una imagen por pequeñísimos detalles, como una mirada de un personaje, la posición de los dedos, o un elemento completamente secundario en la composición, estoy siempre en esas pequeñeces que después me sacan de dilemas creativos. Por eso nunca dejo de buscar influencias y nutrirme de todo lo que veo.

– Obtuviste varios premios importantes, ¿qué valor tienen para vos?

Para mi tienen mucho valor, principalmente porque en el mundo de las artes visuales a veces puede ser difícil obtener cierto reconocimiento significativo, y con reconocimiento no me refiero exclusivamente al de una institución dándote un premio sino también al reconocimiento del público consumiendo tu obra o quizás el de una galería u organización auspiciando tu trabajo, a veces es duro, casi siempre. No en todos estos ámbitos he tenido la misma suerte que en el de los certámenes de dibujo/ pintura por lo que sí, lo valoro mucho, todo suma, en esta profesión nunca hay que aflojar.

– Trabajas en afiches para bandas, ¿cómo surgió ese trabajo?

Eso comenzó a través de mi banda, Los Siberianos. Me gano la vida como diseñador gráfico y este rubro del afiche musical combina perfectamente el diseño con mi arte personal, mi faceta de dibujante. Siempre funcionó como estrategia para llamar la atención del público, desde los comienzos donde la banda todavía no tenía hecho un nombre, destacar con algún afiche llamativo era clave. Mis compañeros de banda me dieron la libertad de expresarme como quisiese y fue así que fui encontrando un lenguaje o impronta para el proyecto a tal punto que ya se volvió reconocible para nuestro público. Con el paso del tiempo y la continuidad fui ampliando mis fronteras hasta trabajar con otras bandas pampeanas en la escena porteña y luego incluso trascender esas fronteras también. Ahora con la pandemia se cortó bastante eso, es una lástima, pero todavía sigo haciendo tapas de discos (porque siguen saliendo) y cosas del estilo.

– ¿En qué estás trabajando actualmente?

Estoy trabajando en di Napoli Estudio 360º, estudio de diseño gráfico donde además de diseñar me desenvuelvo como ilustrador. También estoy trabajando en una nueva serie de pinturas que va a ser la continuación de «Isometría Espacial», en la que estoy creando mi propia civilización, con sus creencias, monumentos, rituales y todo tipo de detalles. Es un mundo de fantasía donde el espectador puede crear su propia historia detrás de todo lo pintado y tiene la particularidad (al igual que la serie anterior) de que son varios cuadros unidos que cada uno tiene su individualidad pero todos juntos conforman un cuadro o escena más grande, como una especie de rompecabezas con varias maneras de resolver.
Con los Siberianos estamos terminando lo que va a ser nuestro segundo disco, ya está prácticamente cerrado, solo queda pulir detalles. El mes pasado estuvimos participando virtualmente del festival Primavera Pro 2021 de Barcelona con un mediometraje que filmamos de la mano de Queruza Estudio y Paria Contenidos. Esta iniciativa fue la alternativa que nos quedó al no poder asistir físicamente al festival el año pasado por la situación de pandemia mundial que ya todos conocemos.

– ¿Cómo te afectó la pandemia? ¿Te «inspiró»?

Durante la pandemia el año pasado hice algunas pinturas con una temática completamente distinta a la que acostumbro a hacer. Fueron obras grandes en tela (normalmente pinto en madera), figurativas como siempre pero con una línea bastante más expresiva y con menos nivel de detalle de lo normal, tratando temáticas que tienen que ver con la locura del aislamiento, la alienación que nos producen las redes sociales y los dispositivos móviles. En vez de estar meses con una pintura como siempre, a estas obras las saqué bastante más rápido y en cantidad, creo que esta manera de crear corresponde un poco con el momento de inestabilidad emocional que nos produjo a todos el encierro.
Por otro lado tuve la iniciativa de sacar virtualmente un libro para colorear, que no necesariamente sea para niños, para combatir la ansiedad del encierro de la cuarentena 2020. El libro era una recopilación en blanco y negro de todos mis dibujos de los últimos años y estaba disponible para descargar en Internet de forma gratuita. Tuvo mucho más éxito del que esperaba y surgió la propuesta de imprimirlo como libro oficial, algo que todavía sigue en el tintero pero todavía no concreté.

– Tu papá (Fernando Achiary) tuvo algo que ver en tu acercamiento a la música?

Si, pero mucho más que eso. Creo que tuvo mucho que ver con transmitirme un cierto tipo de sensibilidad (sí, principalmente a través de la música) que puede traspasarse a todas las demás artes o la vida misma a la hora de abordarla, que para mi es más valioso. Es difícil de explicar, pero es más como un estado de ánimo centrado en el detalle, en la exigencia, en afinar los sentidos. Yo lo traduje en generar una atmósfera, algo que flota en el ambiente, que siempre busco a la hora de pintar, es como parte de un ritual. Creo que ese clima que él genera para escuchar sus discos yo, a mi manera, lo uso para pintar.

– ¿Tenés proyectos para los próximos meses?

Quiero pintar con la mayor intensidad que me sea posible y traspasar nuevos niveles de creatividad hasta donde pueda y un poco más, siento que no tengo tiempo que perder.

Las personas que deseen acceder al catálogo de obras a la venta de Ramiro, pueden escribir al correo ramiroachiary@gmail.com

* Periodista