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Edith Piaf, la niña gorrión

MUSICA – RELATO DE UNA VIDA TRAGICA

Reconocida en el mundo entero por su particular forma de cantar, la francesa Edith Piaf tuvo una vida agitada y trágica desde su infancia hasta el día de su muerte. En este artículo, conocemos un poco más de la Niña Gorrión.

Nicolás Rojas *

Desde que empecé a escuchar música –a conciencia– lo que en principio me llamó la atención fueron las melodías. Con el correr del tiempo y mi aprendizaje en la materia, empecé a escuchar y observar lo que hacía la batería. Luego seguí prestando atención en lo que hacía la guitarra, el bajo, el saxo… Pero han sido contadas las veces en que la voz fue lo primero en impactarme, y mucho menos en un género que no sea el rock, que es el que personalmente más consumo. Una de esas voces fue la de Edith Piaf.
La historia de esta cantante, nacida bajo el nombre de Edith Giovanna Gassion un 19 de diciembre de 1915 en París, Francia, ha sido como la de muchxs de los artistas de su generación y en paralelo con su éxito, sufrida y sinuosa.
Su padre, Louis Gasson, era acróbata, y su madre, Annetta Maillard, era cantante ambulante.
El padre abandonó a Edith y a Annetta, convirtiéndola de un día para otro en madre soltera. Annetta, agobiada por la situación y por la falta de recursos económicos, decidió dejar a la pequeña Edith a cargo de su abuela y retomó su vida itinerante.
Luego de un tiempo, el padre de Edith volvió a tener contacto con ella y decidió llevársela con él. Días después, Louis fue llamado por el Ejército Parisino para luchar en la primera Guerra Mundial. Por ese motivo, Louis dejó a la pequeña con su otra abuela, quien estaba a cargo de un burdel. En ese lugar, las prostitutas fueron las encargadas de ayudar con la crianza de Edith.
Pasada la guerra, Louis regresó por la niña y decidió llevarla a vivir al circo itinerante donde él era uno de los artistas. Tanto él como su madre llevaban a Edith a sus actuaciones, y fue ahí donde la necesidad y todos sus sentimientos empezaron a manifestarse a través de su voz.

La Mome Piaf.
Con el paso del tiempo, la niña empezaría a repetir la historia de su madre cantando en las esquinas de las calles de París a cambio de monedas que le iba dando la gente que pasaba. Poco a poco, las monedas y los aplausos del público se hicieron cada vez más notorios, algo que no había sucedido con sus padres. Claramente, el universo tenía otros planes para la niña.
Edith resistió esa vida hasta los 14 años, cuando decidió abrirse camino cantando en la Plaza Pigalle y en los suburbios de París. Unos pocos años después, se enamoró de un mozo llamado Louis Dupont. Con él tuvo una hija, que dos años más tarde fallecería de meningitis, dejando a Edith desvastada.
Con el tiempo, logró recuperarse para volver a cantar donde lo hacía normalmente. Para ese entonces, ya era conocida en el ambiente como “La Mome Piaf” (La Niña Gorrión), por su voz tan particular y sublime.
Fue en esos días cuando conoció a Louis Lepelle, gerente de un cabaret llamado Gernys, al que fue invitada a cantar, convirtiéndose así en un benefactor para la frágil y sensible Edith.
Gracias a esto, la carrera de la niña gorrión pegó un salto contundente, haciéndose muy conocida en el ambiente y llegando a grabar su primer disco en 1936.
Meses después, la tragedia se haría presente nuevamente en la vida de Edith. En abril de ese año asesinan a Louis, el gerente del cabaret, donde se descubrirían manejos turbios del propietario. Edith quedó envuelta en un escándalo por formar parte de su entorno, y nuevamente volvió a cantar a los suburbios parisinos.
Tiempo después y nuevamente recuperada emocionalmente, la cantante conoce al compositor Raymond Asso, que la ayuda en darle forma a sus canciones y logra lo que Edith tanto anhelaba: convertirse en una cantante profesional de music hall.
En 1937 actuó por primera vez en el “Music-Hall” del teatro ABC, donde la gente cayó rendida a sus pies tras sus increíbles interpretaciones.
Lo mismo pasaba cuando el público la escuchaba en la radio. No podían evitar detenerse y conmoverse ante semejante tono vocal, con esas erres tan marcadas y patinadas, como se dice habitualmente.

Cambio de nombre.
En el año 1941, Edith llega a la pantalla grande formando parte del film “Montmartre-sur-Seine”. Su presente era más que bueno, aunque afuera de los teatros seguía transcurriendo la Segunda Guerra Mundial, lo cual no le fue indiferente. En medio de la ocupación Alemana en Francia, decidió cambiar su nombre artístico (la Mome Piaf) por el de Edith Piaf, desafiando al Ejército alemán y ayudando a los perseguidos por el régimen.
En la primavera de 1944 llegó por primera vez al prestigioso “Moulin Rouge”, donde conoció al cantante Yves Montand, con quien mantuvo una relación amorosa y profesional durante un año.
Tiempo después, aun desafiando a la guerra, escribió la canción que la consagraría: “La Vie en Rose” (la vida color de rosa), algo que no sucedía en su vida personal, ya que sus excesos con el alcohol empezaban a hacer estragos en su cuerpo.
En 1947 realizó su primera gira por Estados Unidos, donde conoció al gran amor de su vida, el boxeador Frances Marcel Cerdan. Junto a él, su vida lograría un equilibrio tanto en lo profesional como en lo espiritual, ayudándola a dejar el alcohol y a sentirse amada como nunca antes.
Pero una vez más, su vida se tornaría oscura, cuando en octubre de 1949, mientras se encontraba en New York, el avión que trasladaba a Marcel Cerdan se estrelló sobre el pico Da Vara, una montaña de la Isla de Sao Miguel, en el archipiélago de Los Azores, provocando la muerte de toda la tripulación.
Cada día que pasaba en la vida de Edith, se hacía más difícil de soportar, hundiéndose en una fuerte depresión. Además, sus dolores corporales a causa de un accidente automovilístico de años atrás, hacían que apenas pudiera mantenerse en pie y lograba calmar sus dolores con altas dosis de morfina, droga de la que se hizo dependiente.

Sus últimos años.
Luego de superar la muerte de su amor, Edith tuvo varios romances y en 1952 contrajo matrimonio con el cantante Jacques Pills, de quien se divorciaría en 1956.
En 1958 se casó con Georges Moustaki, con quien ese mismo año tendría un grave accidente automovilístico que deterioró más aún su cuerpo. La morfina disimulaba sus dolencias, pero su público percibía su estado. En 1959, en un escenario de New York, Edith se desmayó mientras cantaba, demostrando de la peor manera la situación en la que se encontraba.
En 1961 la cantante realizó uno de sus más celebres conciertos en el prestigioso Olympia de París, un teatro al borde de la quiebra, y fue allí donde interpretó por primera vez su aclamada canción “Non je ne regrette rien”. El éxito de esa canción hizo que el teatro se salvara del cierre.
En 1962, Edith conoció a su última pareja, Theo Sarapo, que se transformaría en su único heredero, no de una gran fortuna, sino de un tendal de deudas que Edith había acumulado con el paso del tiempo.
Con tan sólo 46 años, pero agotada de los traspiés de su vida, sus fuertes dolores corporales y su situación anímica golpeada, la cantante decidió dar un nuevo concierto en los primeros meses de 1963, que se convertiría en el último de su carrera. El 10 de octubre (algunos historiadores afirman que fue el 11 de octubre) moriría tras una batalla contra un cáncer hepático.
Su cuerpo fue embalsamado y enterrado en el cementerio de Pere Lachaise, en París, con el homenaje de una multitud de seguidores.
Así dejaba este mundo una de las voces más prestigiosas de la canción del siglo XX, recordada al día de hoy como una intérprete única e inigualable.

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