sábado, 26 septiembre 2020
Inicio Caldenia El despertar de un género

El despertar de un género

Diego Jemio y Tomás Sprei son los responsables de Epistolar, un proyecto que, bajo el formato podcast y con la lectura de actrices y actores, rescata cartas de distintas figuras desde Sylvia Plath a Rodolfo Walsh o una antropóloga forense.

Mónica López Ocón*

Atadas con cintas, guardadas en una caja, escondidas en el fondo de un armario, las cartas pueden formar parte de “esas pequeñas cosas que nos dejó un tiempo de rosas” o ser el testimonio escrito de un dolor personal o de un hecho histórico.

Escribirlas suponía dedicarles un tiempo, sopesar las palabras, completar su sentido con la caligrafía. Recibirlas producía una ansiedad particular porque entre el mensaje y la respuesta podían mediar varios días o semanas. No es cierto que todo tiempo pasado fue mejor, pero sí que todo cambio, por positivo que sea, puede sentirse como una pérdida.

Por esta razón, Diego Jemio, que ejerce el periodismo desde los 18 años, decidió recuperar algo de lo perdido a través del proyecto Epistolar, una serie de podcast en que un actor o una actriz leen una carta breve escrita por alguien que puede ser desde Guadalupe Moreno a Pablo Neruda o Rodolfo Walsh.

También Tomás Sprei, especialista en sonido, forma parte del proyecto y desde finales de 2018 ambos suben una vez por semana una carta a las redes y a su propia página web.

Epistolar está en Instagram: @epistolarpodcast; Spotify: bit.ly/Epistolar; Web: www.epistolarpodcast.com y el canal de You Tube: Epistolar Podcast.

Jemio dialogó acerca de la tarea de hacer que un género extinguido encuentre una nueva forma de vigencia.

– ¿Cómo surgió Epistolar?

– Como un proyecto autogestivo por una cuestión de deseo, de ganas de llevar adelante este programa en un formato que es relativamente reciente como el podcast. Nació también juntando universos que a mí me interesaban: el del teatro, el de la literatura y el de la radio. El podcast tiene un lenguaje radial. Cuando surgió como proyecto lo convoqué a Tomás Sprei. Así como yo vengo del mundo de la comunicación, del periodismo, Tomás viene del mundo de la producción de sonido y de la música. Trabajar en yunta nos sirvió mucho para que Epistolar se escuche bien y logre una experiencia inmersiva en quien escucha la lectura de las cartas.

– ¿Cuándo nació y cómo se desarrolló?

– Publicamos los primeros episodios en diciembre de 2018, hicimos una pequeña presentación en un bar y a partir de ahí no paramos hasta hoy. En ese momento nuestro compromiso con nuestros oyentes, que en ese momento eran nuestros allegados y amigos, era que nosotros íbamos a subir una carta por semana. Lo cumplimos. Ya llevamos dos temporadas. La primera fue de 50 cartas. En lo que va de la segunda llevamos 26. El objetivo era, a través del formato podcast, reivindicar y traer al presente algo ya en desuso como es escribir cartas. Buscamos cartas de personas que por algún motivo fueron notables y las ponemos en la voz, el cuerpo y el sentimiento de actores y de actrices. El espíritu de Epistolar es rescatar el carteo como una forma del pensamiento a través de actores y actrices fantásticos que en este país hay muchísimos.

– Rescatar una carta es rescatar un momento de intimidad.

– Creo que es un rito de intimidad que se perdió cuando dejamos de escribir cartas. Por supuesto, nadie va a negar lo que se ganó, lo inmediato de la comunicación, pero también es cierto que la de hoy es una comunicación más fragmentada. Perdimos un rito de intimidad y el placer táctil de recibir una carta. Nos pareció que el proyecto era una forma de recuperar un arte que durante muchos siglos fue irremplazable y que es un representante directo de quien la escribe, de su personalidad, de su potencia verbal.

– ¿Quién hace el trabajo de búsqueda?

– Ese trabajo lo hago yo y Tomás se encarga del mundo sonoro. Voy a bibliotecas, busco epistolarios que no sean demasiado frecuentados. Al principio, por supuesto, comenzamos con cartas clásicas, “del bronce”.

– ¿Cuáles, por ejemplo?

– Una carta de Perón a Evita escrita desde la isla Martín García que es bastante conocida o la carta de Rodolfo Walsh; no la que le escribe a la Junta, sino la que escribió cuando supo que su hija Vicky había sido asesinada por la dictadura. También cartas de Violeta Parra o de Patti Smith a Robert Mapplethorpe. En fin, eran cartas que circulaban. Pero luego comenzamos a afinar la búsqueda y a buscar cartas menos conocidas. Pero el corpus epistolario sólo es una parte del proyecto. El otro momento, que para mí es muy gozoso, es pensar qué actor o actriz la puede hacer. En otros casos, el proceso es inverso. Vemos a alguien en escena –yo escribo sobre teatro e iba bastante seguido antes de la pandemia– y pensamos qué carta sería adecuada para esa persona. A veces viene el texto y luego el intérprete y, a veces, es al revés. Para mí es muy interesante el encuentro con el artista y disfruto mucho de ese par de minutos de la grabación.

– ¿Y cómo difunden ese material?

– Estamos en Spotify y en otras ocho plataformas de podcast y hace poco creamos un canal en YouTube donde hay audiogramas e incluso videos. Quisimos que el material esté en una plataforma como esa que conoce todo el mundo. Por supuesto, también tenemos nuestra página.

– ¿Qué recepción encuentran en los actores?

– Es más que buena, es súper generosa. En un 99 por ciento de los casos, cuando le propusimos leer una carta dijeron que sí. El proyecto no podría existir sin el apoyo, la generosidad y el talento de los actores y las actrices. De inmediato toman el proyecto como propio. Se produce un efecto “contagio” que me pone muy orgulloso. Eso es hermoso, porque cuando uno aborda un proyecto como este no sabe en qué puede derivar. Hay cartas para declarar amor, para afirmar amor, para reclamar amor. Hay cartas de amistad, para despedirse, literarias, sentimentales, destinadas a una persona o cartas abiertas destinadas a muchos. Creo que Epistolar es un pequeño juguete que nos brinda muchas posibilidades.

*Tiempo Argentino