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El día que volaron un tapón sobre el Atuel

Este hecho tan sorprendente como desconocido salió a la luz durante una entrevista que periodistas porteños le realizaron a Don José cuando era gobernador de la provincia.

José Verdún *

Han transcurrido más de cien años desde el primer desvío del Atuel en Mendoza y 73 desde que se realizó, lisa y llanamente, el robo definitivo que terminó por secar el Arroyo de la Barda, único brazo del río que ingresaba entonces en territorio pampeano. La zona está sembrada de anécdotas y relatos en torno al recuerdo de aquel curso fluvial que llegaba a nuestro territorio, aunque por lo general suelen vincularse más a menudo a la tristeza de ver cómo el agua se iba y el desierto avanzaba. Algunos de esos relatos comenzaron a ser conocidos cuando el pueblo pampeano empezó a reclamar por sus derechos; hasta entonces rodaban por la memoria colectiva y solían aflorar en ciertas ocasiones.
Uno de ellos se refiere a la visita de un equipo de periodistas de la revista Siete Días -ya desaparecida- para ocuparse del conflicto por el Atuel, que recién había asomado al ámbito nacional con artículos que se publicaron en la revista Crisis y el programa de televisión Argentina Secreta que se emitía por Canal 7 de Buenos Aires. Ambas coberturas periodísticas habían causado una notable irritación en el gobierno mendocino, ya que hasta esas ediciones el problema era prácticamente desconocido por fuera de los límites de las provincias de Mendoza y La Pampa. Por cierto que hubo un par de comunicados de los cuyanos tratando de defender lo indefendible pero aquellas notas quedaron como verdaderos hitos en cuanto a la divulgación del problema en el ámbito nacional.

Recorrido.
La llegada de los periodistas de Siete Días -revista de gran circulación en todo el país por aquellos años- despertó expectativa en La Pampa y cierta inquietud en los cuyanos que ya algo habían oído y habían digerido muy mal el programa íntegro que le dedicó la serie Argentina Secreta, que por entonces contaba con gran aceptación popular y había sido distinguido con varios premios.
Los periodistas porteños elaboraron su juicio a partir de un viaje por todo el recorrido del Atuel: tanto en las áreas bajo riego, en territorio mendocino, como las áreas desertificadas por el corte del río, en suelo pampeano. Su opinión, como no podía ser de otra manera, fue muy favorable a la posición de nuestra provincia.
Fue entonces que a un funcionario del área de Prensa y Difusión del gobierno pampeano se le ocurrió la idea de que tuvieran una entrevista con el gobernador, por entonces don Aquiles José Regazzoli, hombre que en sus mocedades y en carácter de policía había recorrido gran parte de La Pampa profunda, entre ellas la correspondiente a los escurrimientos del Atuel, donde había estado a cargo de la comisaría de Santa Isabel.
Don Aquiles, de carácter afable y de trato sencillo, se sintió a gusto con aquella gente que había llegado desde la Capital Federal para hacerse eco de un problema desconocido a nivel nacional, y emprendió una animada charla con los porteños. Los visitantes le preguntaron sobre su presencia en aquellas tierras y el entonces gobernador los deleitó con abundantes recuerdos y anécdotas.

Tapones volados.
La más jugosa de todas, y que despertó un marcado interés en los periodistas fue, realmente, tan sorprendente como desconocida. Comentó que en sus tiempos de policía en Santa Isabel recibió manifestaciones de los pobladores de la zona porque habían obstruido el cauce (por la fecha se descuenta que se trataba del Arroyo de la Barda) y el agua no llegaba a los abajeños que debían servir a sus rebaños -que por entonces eran numerosos- y algunos sembradíos. Las conversaciones con los vecinos no habían tenido resultado por parte de quienes se perjudicaron por el desvío del río. Don José recordó que después de reclamar ante la superioridad no recibió mayores respuestas. Eran tiempos en que La Pampa era todavía un territorio nacional y no contaba con ninguna repartición vinculada a los recursos hídricos superficiales.
Al continuar su relato, Regazzoli recordó que se reunió un grupo de vecinos y consiguieron unos cartuchos de dinamita, y que luego fueron al lugar e hicieron volar por el aire los tapones que obstaculizaban el escurrimiento del agua. Uno de los periodistas exclamó entre risas compartidas: «También, con semejantes argumentos».
Fin de la entrevista. Cuando los reporteros se iban, pensando ya en un recuadro destacado con la narración, funcionarios del área de Prensa les solicitaron con cautela y amabilidad que hicieran el favor de ignorar el episodio, ya que podría generar un respetable escándalo político interprovincial y, quizás, nacional. Los porteños comprendieron y accedieron.
El recuerdo quedó como anécdota entre unos pocos testigos de aquella entrevista, que ahora, tanto tiempo después, la suelen evocar entre sonrisas. Aunque no puede negarse que la acción del, por entonces, poco conocido policía quedó inscripta casi como un antecedente de que «donde las dan las toman».

* Colaborador